2016: diez shows que le pegaron al perro

De todas las presentaciones que hubo a lo largo y ancho del 2016, hubo diez que muy a su manera le pegaron al perro.

Diciembre 15 de 2016

De todas las presentaciones que hubo a lo largo y ancho del 2016, hubo diez que muy a su manera le pegaron al perro.

Por: @chuckygarcia

Por cantidad y diversidad fue un año sobresaliente en materia de presentaciones, pero no siempre lo que se vio en el país –y principalmente en Bogotá– fue un reto a lo establecido o sacó a las audiencias de su zona de confort. No es un secreto que la música en vivo en todo caso ha dejado de ser peligrosa y difícil de domar o por lo menos con una capacidad de sorpresa y de aventura mayor a la de montarse en un TransMilenio en hora pico; no es regla general pero suele suceder en muchos casos con la que mayor atención recibe de los medios y las redes sociales.

Seguramente son más las presentaciones que a lo largo y ancho del 2016 sí lograron desencajar a los asistentes, ofrecer resistencia, conmover con una visión desoladora y sombría del mundo (o simplemente ceñida a los acontecimientos); o meter en una película distinta a quien fue a verlas. Pero de todas hubo diez que muy a su manera le pegaron al perro, y fueron las siguientes, en orden alfabético:

Deafheaven en Rock al Parque

Llamar la atención del público del rock desde lo introspectivo no parece tarea fácil y menos si se trata de la audiencia del rock duro, casi siempre más apasionada por la velocidad, lo thrash o los sonidos más clásicos. Catalogada como una banda de “post Black Metal”, esta agrupación de San Francisco (EEUU) debutó en Rock al Parque con un show que apeló a la catarsis y a los giros dramáticos: en cuestión de segundos podía pasar del ruido extremo a la calma absoluta. Su vocalista George Clarke es uno de los mejores frontman que se han visto por estos lares.

Edson Velandia en el Teatro Colsubsidio

De todas las demencias que se le han podido ocurrir a este referente musical santandereano (entre otras, dirigir una big band con un machete, hacer una gira de Piedecuesta a la Patagonia con su banda La Tigra y montar una ópera rasqa sobre un hombre que no puede cagar en el Teatro Colón); la de lanzar un álbum en solitario no parece extraordinario, aunque lo fue. Con solo guitarra y voz, Velandia se sacó del bolsillo un show trepidante y poseso, negro de humor y con dos de los  temas más contestatarios que se han escrito: “El chulo” y “La muerte de Jaime Garzón”.

Las Añez en Circulart

Aunque se trató de un show corto, las gemelas Juanita y Valentina Añez sacaron a relucir toda su munición, que no es otra que un híbrido de música tradicional latinoamericana con pequeños teclados, efectos, instrumentos de percusión y hasta objetos que parecen de juguete, siempre a dos voces. Dos voces que no parecen venir de una época exacta, por demás. Uno se siente frente a una propuesta de vanguardia pero es imposible no sentirse a la vez en algún siglo pasado, en medio de una atmósfera de sonido artesanal, minucioso y con cierto humor negro.

Meridian Brothers en el Teatro Colón

Un acto donde el vestuario importó tanto como las composiciones que se iban a interpretar, las visuales, la iluminación o la escenografía (junto a la banda trabajó gente como el ilustrador y dibujante Mateo Rivano). A eso súmenle teatralidad y un cuarteto de cuerdas, más la fina excentricidad musical de la banda bogotana Meridian Brothers, siempre liderada por el experimentador, guitarrista y creador musical Eblis Álvarez (también conocido por Los Pirañas y Chúpame el Dedo). En resumen, fue como la llegada de una nave especial andina dotada de música y teatro.

Mitú en el Teatro Colón

Dentro de la franja “Toque Colón”, Mitú se presentó en un cartel compartido con los alemanes Mouse on Mars y la verdad es que la dupla nacional fue la encargada de poner el listón en lo más alto. Incluso hicieron ver que la música de los iconos Mouse estaba más cerca del desuso que de Marte. Y lo lograron más que nada porque Mitú ha crecido su en vivo a pasos agigantados, hoy por hoy suena más sólido que nunca y goza de canciones donde ya no hay división entre los sonidos selváticos y palenqueros y los de las máquinas y procesadores.

Moderat en el Sónar Bogotá

Gente con la manito arriba y el ojo cerrado como en una rave cualquiera, pero no, pocas veces se ha visto en Colombia un acto electrónico con tanta filigrana y tanta firmeza. Contundencia real, de verdad, no solo de potencia y efectismo en los parlantes. En el segundo Sónar que se hace en Bogotá, los alemanes Moderat tocaron luego de los míticos ingleses New Order y los hicieron palidecer, a su modo, con un show oscuro, melancólico y de visuales increíbles. Ah, y muy introspectivo a pesar de que algunos se sentían en algún clubcillo trance de moda.

Seeed en el Estéreo Picnic

En el tercer día de programación del festival bogotano y a una hora en la que la gente no había llegado todavía por los problemas de clima y movilidad, esta súper agrupación alemana (frente a la cual lo de “súper” no es una exageración) dejó boquiabierto a más de uno con en vivo copioso, nutrido, con un montón de integrantes disfrutando de su propia música e interpretándola con la exactitud de un reloj. Su cancionero no se limitó al reggae sino que dejó ver muchas más influencias y sonoridades, con un toque de sobriedad y glamour muy bien puestos.

SWANS en el Teatro Mayor Julio Mario Santodomingo

Con una advertencia que decía “ATENCION: Por disposición del artista el volumen de este concierto es MUY ALTO. Por tanto los decibeles del concierto pueden generar molestias en los asistentes al concierto y/o daños auditivos”, por fin se presentó en el país la mítica banda neoyorquina, en lo que efectivamente resultó siendo un concierto con un encantador y necesario aturdimiento musical. Aprovechando su visita también se presentó en Medellín, y tanto en la capital del país como en la Ciudad de la Eterna Primavera fue amor a primera vista para todos aquellos que pierden el aliento por las gemas no convencionales del post rock.

Tributo a “Rodrigo D., No Futuro” en el Festival Altavoz

Poco importó la notable falta de ensayo y acoplamiento entre algunos de los músicos y cantantes invitados al tributo; menos importó que el clima en Medellín por esos días había sido inclemente. El público interesado abarrotó el escenario principal del Festival Altavoz, y como si se tratara de un concierto para cantar y poguear el himno antioqueño se abrazó en una sola fiesta, dedicada en este caso a la banda sonora de una película que con un lado punk y un lado metal se convirtió en un referente musical de la ciudad y del país mismo.

Zebra Katz en el Sónar Bogotá

Mientras el grueso del público estaba pendiente de Ellen Allien o The Martinez Brothers  (o desde ese momento buscaban un buen puesto para ver a Moderat), en el escenario de RedBull emergió una figura muy poco conocida pero que desde el primer segundo de su acto fue blanco de las miradas: el norteamericano Zebra Katz, acompañado del no menos poderoso Dj Dirtyfinger. Y Zebra Katz se destacó no solo por su tamaño físico y algunos de sus vestuarios, sino por sus temas oscuros y rutilantes a la vez; violentos por momentos y luego sencillamente muy puppies. Una especie de post hip hop, con visos de rock underground y la escena dance gai.

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