¡Bomba Estéreo es nuestro Artista Shock del Año!

El premio más importante de la noche se lo lleva una agrupación que, sin traicionarse, llevó su música a la cima del mundo.

Por: Fabián Páez López @Davidchaka

En 2002 Colombia vivía una de sus épocas más álgidas. Se rompieron los diálogos de paz entre el gobierno y las FARC, estrenamos una presidencia belicosa y en los campos se repartía más plomo que nunca. Con ese panorama de fondo, justo en ese mismo año, aparecía en la escena musical el compilado Colombeat, el primer aviso de la ola musical que se nos venía encima. Era una combinación de beats electrónicos con folclor colombiano. Hoy nos suena a algo conocido, pero en ese tiempo era un ritmo que debutaba en la escena. El primer track del Colombeat, Ritmika, lo firmaba AM 770, un proyecto del bogotano Simón Mejia.

Fueron los primeros pinitos de una movida entera, de la búsqueda de autenticidad sonora por parte de quienes se habían dejado contagiar por el indiscutible ascenso de la música electrónica. Acá, como en el mundo, también se hacían canciones detrás de computadores o a punta de aparatos. Faltaba ese toque a la colombiana. Un toque que despertó un interés enorme en nuestras raíces: la cumbia, el porro, la champeta; el caribe, la selva, la playa, la Sierra Nevada de Santa Marta, el mar; los tambores, los picós, el carnaval, las verbenas y las noches de fiesta en Chapinero.

Lo que pasó luego es bien conocido. Cuatro años después, inspirado en el formato soundsystem, Simón Mejía creó el proyecto Bomba Estéreo Vol. 1 (2006), un álbum hecho a muchas voces. En el segundo track de esa placa, Huepajé, apareció la voz de la samaria Liliana Saumet. Un “sonido caliente, listo pa’ la gente”: era cumbia alterada genéticamente con loops y samplers; era el inicio de lo que sería hoy Bomba Estéreo.

Cuenta Felipe Álvarez, antiguo productor de Bomba desde la casa Polen Records, que después de Huepajé Li se emocionó y escribió de tajo cuatro canciones más. No exageramos si decimos que pocos oídos pueden decir que han estado exentos del resultado. Tres años después del Vol. 1, el álbum Estalla (2009) vio la luz y selló la alianza entre Simón y Li. Incluía 12 canciones que destilaban folclor caribe, hip hop, champeta, reggae y sabrosura. Fuego, el segundo título del disco, fue un tote que detonó instantáneamente en todas las pistas de baile. Para la industria local, fue una canción con otros significados más poderosos: era un grito de independencia, un llamado a la experimentación y un empujón a lo alternativo. El Estalla nació fuera de cualquier circulo comercial pero llegó hasta límites inesperados.

Pasaron cinco años, un premio a Artista Shock, muchas giras y otro álbum (Elegancia Tropical, 2012)  hasta que esa canción llegara a los oídos de un ícono del cine gringo en Hollywood, Will Smith. Sí, al mismísimo que conocimos como El príncipe del rap, como el salvador del mundo en múltiples ocasiones, o como el creador de los clásicos Gettin' Jiggy Wit It o Miami. Fue un hecho anecdótico, natural, Bomba ya era grande para nosotros. Pero esa canción hizo que Will Smith resucitara en el mundo de la música. Él le mostró al mundo, incluso a Colombia, que lo que estaban haciendo Li y Simón ya había estallado.

Pronto estarían en el centro de todas las miradas de la industria de la música. La etiqueta del World Music era apetecida en los festivales y Will Smith escuchó de nuevo a Bomba Estéreo, justo cuando acababa de lanzar el disco que significó su salto hacía lo global: Amanecer. Con más madurez, le sumaron al folclor que corría por sus venas toques de global bass, incluso hasta de EDM. Li Saumet le bajó al rap y tomó un tono más melódico, más introspectivo y casi chamánico en algunos temas como Amanecer o Somos Dos. Se juntaron por primera vez con un productor que hablaba otra lengua, un tipo que había trabajado con unos tales Snoop Dogg y Jason Derulo. El disco venía presentado por el sencillo Fiesta, al cual se sumaría Will Smith para una versión en remix y para compartir escenario con ellos en los Latin Grammy.

El Amanecer (2015) vino bajo el sello de Sony US Latin, lo que no significó que abandonaran el estilo que los había hecho famosos en el “under”, sino que cada movimiento sería más robusto, más ambicioso, más enfocado en tomarse el mundo. Muchos los criticaron argumentando que pasaban de un circuito alternativo/independiente a uno comercial. Lo que es y no es cierto, pues fue una banda que antes de firmar con una disquera grande, a punta de presentaciones potentes y ritmos imperdibles, ya sonaban como cualquier artista “mainstream”. A punta de autogestión lograron firmar un contrato con la autoridad y la autonomía de ser una banda consolidada.

Fue un tránsito incendiario desde la tierra del sancocho hacia el epicentro de la música. Un tránsito que no estuvo exento de ser paradójico. El éxito de la banda se cristalizó, antes de ser un fenómeno local, en centenares de shows en vivo en cuanto festival había en el mundo. Van contando unas 400 presentaciones en más de 60 ciudades de 30 países como México, Dinamarca, Estados Unidos, Alemania, Suiza, España, China, Mozambique y Suazilandia. De regreso, el romanticismo de sus cantos rituales se expandió con una potencia tan fuerte que ahora su crecimiento ha dejado varias lecciones a la escena local. Llenaron cada evento al que asistieron.

Lo que fue un proyecto celebrado hasta el límite en el exterior, pero a la vez con tantas resistencias en Colombia, está grabando su nombre bien hondo en la historia de la nueva música local y del mundo. Hoy repiten premio Simón, Li y su coequipero en las máquinas y la guitarra, Julián Salazar; también nombres que hay que recordar como Andrés Zea, Diego Cadavid, Enrique "Kike" Egurrola, Felipe Álvarez y la gente de M3Music. Hoy repite premio la escena alternativa y la innovación local. Hoy repite PREMIO SHOCK AL ARTISTA DEL AÑO BOMBA ESTÉREO.

 

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