Slipknot rompió su récord en el Hipódromo de los Andes

Llevó el doble de espectadores y sin su habitual parafernalia se enfocó en las canciones.

Octubre 23 de 2016

La verdad es que Slipknot no trajo todo el despliegue pirotécnico y escenográfico que otros países de la región vieron, como en México, en donde se presentó en el marco del festival Knotfest hace unos días; pero en todo caso no hizo falta. Al mando de un frontman que de lejos sigue siendo uno de los mejores y no solo en el mundo del metal sino del rock en general, el combo agrandado de Iowa convocó a más de 8 mil personas en Colombia en su segunda visita y los puso a trotar duro y parejo en el Hipódromo de los Andes de Bogotá.

Por: @chuckygarcia / Foto: Iván Valencia @Aivanvalencia

Al final de más de hora y media de show, la agrupación del cantante Corey Taylor cruzó la línea de meta alzando los brazos cual plusmarquista, y con toda razón: rompió su propio récord de asistencia en Colombia (en su primera visita en 2006 llegó a reunir unas 4 mil personas y punta en el Parque Metropolitano Simón Bolívar); saco adelante un show fulminante sin gastarse la plata en pólvora ni en grandes telones o pantallas; dejó las puertas más que abiertas para la llegada del Knotfest al país (pues el festival, además, es una marca asociada a la banda) y, por último demostró que los conciertos de rock en el país también sirven para generar cambios que de cerca parecen pequeños pero cuyo trasfondo es ciertamente enorme e importante y no solo en su género sino en el grueso de la cultura festivalera.

Este concierto de Slipknot en el hipódromo bogotano (un lugar que hace parte del legado arquitectónico de la ciudad pero que hasta hace muy poco casi lucía abandonado y todo el mundo solo veía de paso a un costado de la Autopista Norte) tuvo una zona verde y controlada de consumo de alcohol a la que se accedía tras la verificación de la cédula, y en la que la gente se parchó en los intermedios que hubo entre las presentaciones de las dos bandas locales  teloneras y el esperado momento para ver a la mundialmente famosa banda de uniformes y máscaras temerarias.

Suena como una bobada pero no lo es, así en medio de los shows de NarcoPsychotic, Koyi K Utho y Slipknot el habitual mantra de “¡güaro, güaro, güaro!” o “¡pola, pola, pola!” de las personas caletas que venden aguardiente y cerveza poco se escuchó, quedando demostrado una vez más que la ilegalidad se combate con no prohibición.

Lo anterior, como una anécdota. A fin de cuentas, los dos teloneros distritales demostraron que no solo se divierten con la música que hacen sino que sus puestas en escena se ven bien y suenan aún mejor y que en sus manos está tener cada vez mayor repercusión porque material para hacerlo les sobra; y en el menú principal de la noche hubo entrada, plato central y postre, como debe ser.

Slipknot comenzó su segundo concierto en Bogotá con canciones de su más reciente álbum “The Gray Chapter”, que quizás no son tan emblemáticas pero dan fe de su consistencia (valga la aclaración, eso sí, que “The Devil In I” fue una de las más coreadas y uno de los momentos más especiales del show); luego estuvo saltando entre temas de “Slipknot” y “Iowa”, posiblemente los dos álbumes que más aman sus fans (cuando tocaron “The Heretic Anthem” o “Left Behind” el hipódromo literalmente se desbocó); y para el final dejaron los temas que los dieron a conocer hacia finales de los 90 y comienzos de la década del dos mil (como “Surfacing” o “Spit It Out”).

Por: 

Celulitis Popular