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Por la reivindicación de las que estamos solteras en Navidad

Y ya que Papá Noel no me va a traer un novio nuevo…
Por
Johana Arroyave

Se está acabando el año, empiezan las reuniones familiares y con ellas la frase preferida de todos los tíos: “¿y dónde dejó el novio?”. Ahí es cuando se responde lo obvio, “no tengo”, se procede a hacer cara de achantada e imaginar al “supuesto” que debería estar sentado ahí al lado, aguantando los malos chistes de la familia, los comentarios fuera de lugar y conociendo muy a fondo la gente con la que tendrá que compartir por el tiempo que le dure la “felicidad”.

Por: Johana Arroyave // @johanaarroyave Foto: Serie New Girl

 

Han pasado varios años desde que no tengo pareja y aun no entiendo por qué las solteras somos las “pobrecitas” de la familia, como si tuviéramos una señal en la cabeza para que cualquiera que se nos acerque preguntara “¿y pa’ cuándo el novio?”, “¿dónde dejó el amor?”, “¿no se siente sola?” o “¿mamita y no será que usted jode mucho?”. Y todo eso para terminar con la frase conformista y que lo deja a uno sin esperanzas: “eso enfóquese en el trabajo, es lo mejor que puede hacer” (como si uno ya no lo supiera). ¿Acaso creen que uno es bobo, que no se da cuenta que está solo, que no llega el amor?

 

 

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Y ya que Papá Noel no me va a traer un novio nuevo esta navidad, voy a pedir por mí y por las cientos de solteras que seremos las sin-pareja de la fiesta, a las que nos va a tocar bailar con los primitos chiquitos, la mascota y hasta el tío. Voy a pedir que el significado de soltera que la sociedad ha enmarcado hace varios años se borre. Que esta palabra que va acompañada de “nadie la quiere”, “no le interesa a nadie” y la más increíble de todas, “si lleva tanto tiempo sola, debe ser por algo”, pase a un segundo plano.  Aunque no lo crean, la palabra “soltera” pasó a ser una decisión de vida que viene acompañada de sinónimos como “guapa” y “sexy”, y de frases como “me tomo mi tiempo decidiendo cómo quiero que sea mi mundo y con quién quiero compartirlo”. Básicamente “soy mía y de quién me dé la gana”.

 

 

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Y es que siguen pasando los años y las conversaciones familiares son las mismas: “si ya no tuvo hijos a esta edad, ya no tuvo nunca”, “de pronto es lesbiana” o “se va a quedar solterona y una mujer no puede morir sola”. Sí, sí se puede, dejen la maricada que aunque son un buen complemento, el mundo no gira alrededor de un hombre. Si el príncipe azul no hubiera aparecido, ¿la Bella Durmiente hubiera dormido eternamente en su ataúd de cristal?

Ser soltera no es la vergüenza ni el “pobrecita” de la sociedad, es el reto que cada una de nosotras adquirimos cuando nos preocupamos más por nuestra vida, cuando queremos ser exitosas por nuestros medios y cuando levantamos la cara para decir yo soy quien elijo, con quien sí, con quien tal vez y con quien ni de riesgo. No por ser solteras vamos a vestir santos o a morir en la soledad. A madurar señoritas, pónganse la camiseta y siéntanse orgullosas de estar solteras.

Al menos en navidad, en enero pueden comprar helado y llorar.

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