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Steven Tyler: ¿roquero o títere ilustre del mundo del entretenimiento?

Detrás de su cara de señora trajinada, Steven Tyler reúne una larga historia de picos y bajadas en el cruel mundo del entretenimiento.
Por
José "Pepe" Plata

Steven Tyler podría ser el papá que muchos quisieron o el tío divertido que siempre llega con regalos para los sobrinos y para entretener a la familia. Pero siendo realistas, lo que se anuncia como gira de despedida de Aerosmith, es una manera de decir que es hora de que las nuevas generaciones tomen la iniciativa de representar aquella música que no se quiere acomodar pero que tampoco quiere sentirse vieja: el rock.

Por: José “Pepe” Plata // @owai

El bebé que llegó al mundo el viernes 26 de marzo de 1948 en Yonkers, Estados Unidos, no sería un bebé más. El hijo de Susan y Victor llegaría en una fecha en la que se supone hay que ser muy callado y guardar respeto: un Viernes Santo. Una fecha que el calendario asume como el día de la muerte de Jesucristo, pero en el que Steven Tallarico, nombre de pila de Steven Tyler, dejaría atrás.

Sus últimos cincuenta años de vida los ha entregado devotamente a algo que se conoce como industria de la música o industria del entretenimiento. Y todo lo que eso conlleva ha estado rodeado de canciones, discos, escándalos, reconocimientos, quebrantos de salud y hasta jurado de concurso de talento.

Justo hace cinco décadas, siendo adolescente, tuvo sus primeras bandas. En ellas escupía blues y armaba una carrera. El mundo tenía como banda sonora a The Beatles y The Rolling Stones. Pero ya se estaban cocinando los sonidos fuertes y las distorsiones lanzadas que harían eco con Black Sabbath y Led Zeppelin en los 80.  Steven Tyler se divertía con sus amigos en bandas que se llamaron The Strangeurs, Chain y William Proud.

El mito comenzó rápido. Cuando apenas tenía 17 años creó el primer gran clásico de Aerosmith: Dream on. Su afición por los Rolling Stones lo hizo perseguirlos y hasta aparecer en una foto de la banda durante una presentación en Nueva York. A sus 21 años, conoció a Joe Perry y a Tom Hamilton con quienes armaría al año siguiente una banda.

Los setenta comenzaban y ya se habían acabado los Beatles. La psicodelia estaba sumergida en el recuerdo y era el momento de los riffs fuertes y de un rock más duro. Justo es aquí el momento en el que Tyler entra al mundo para decirle cosas fuertes sobre la vida y el amor, al mejor estilo de quien se sumerge entre las aguas de un pantano o quien al barro entra para sentir algo. Y ese algo fueron las drogas.

Los sueños hippies se habían desvanecido y lo duro ahora tenía lugar. En 1973 Tyler demostró su poderío vocal en el primer disco de la banda. Luego vino Get your wings de 1974 y un año después un disco que quedó tatuado en el mundo musical: Toys in the Attic. El mismo que vendió ocho millones de copias en el momento en el que el mundo empezaba a considerar al rock como algo raro.

Venían los momentos del punk, el postpunk, el disco y hasta el aire del new wave. ¿Y si Aerosmith podía ser de la década, Tyler sobreviviría a los embates de la industria? La respuesta es sí, pero fue a través de la música y con situaciones que luego el cuerpo cobró. La adicción a las drogas hizo que por años se tuviera el rumor del fin de la banda y de la imposibilidad de sus integrantes de hacer algo coherente. Si bien la banda llenaba estadios, sonaba en la radio y estaba tocando de lo mejor, los excesos formaban parte del día a día.

En 1978 se desquitaron con una grabación en vivo en Texas y en la que Tyler dio gala de su mejor despliegue histriónico con rock y blues. Pero el daño ya estaba hecho. Un año después apareció un discreto disco llamado Night in the Ruts. Para colmo de todo, no solo las drogas hacían de las suyas en su cuerpo. Un accidente en motocicleta sufrido en 1980 lo inhabilitó e impidió estar con la banda en todo 1981.

El declive estaba vivo. Aerosmith ya sonaba a pasado y Tyler seguía con las adicciones que le carcomían el cuerpo. Existía de milagro en un mundo musical que ya tenía a Mtv y a los discos compactos. Un mundo en el que llegaban bandas como Anthrax, Megadeth, Metallica o Slayer (con un sonido thrash) y en el que se sobrevivía o se pasaba a mejor vida.

La resurrección llegó en 1986, cuando los hiphoperos de Run DMC grabaron una versión de Walk this Way y grabaron un video en el que incluso Tyler hizo su aparición (Vean también: ¿Cómo creó Aerosmith una de las canciones más adictivas del rock?). Steven Tyler volvía a ser el hombre cool que hacía movidas grandes en vivo y del cual ya dos generaciones sentían aprecio. Y un año después, con la llegada del disco Permanent Vacation, el mundo los redescubrió y se enamoró de nuevo de su voz. Y, quién lo creyera, la gira de presentación de este disco tenía como banda telonera a unos jóvenes con una banda llamada Guns n’ Roses. Las lecciones del desmadre ahora tenían unos alumnos sin par.

Luego de haberse sometido a un programa de rehabilitación el mundo estuvo listo para su regreso. Y sí, aquel disco de 1987 logró mostrar a Aerosmith como una banda de éxitos. De ahí se recuerdan clásicos como Rag Doll y Dude looks like a lady. La década se cerró con un Tyler empoderado y con un disco que partiría en dos la historia de la banda: Pump (1989).

Pump fue un disco del cual dos generaciones han heredado éxitos que sonaron en radio, que establecieron a Aerosmith como una banda de referencia de los nacientes noventa y que aún hoy siguen vigentes en tanto playlist por ahí: Love In An Elevator, Janie's Got A Gun, What It Takes y The Other Side. Siete millones de copias vendidas son la garantía de este éxito.

Pero así como Steven bien salía adelante con su vida musical, había un motivo adicional para recordarlo. Su hija Liv comenzaba a hacerse notar en el medio cinematográfico. Sí, la misma mujer que estuvo en las comedias adolescentes de los noventa como Belleza robada, Empire Records o Eso que tú haces. La pequeña Tyler había nacido en 1977 y solo hasta 1987 su padre roquero la reconoció. Su madre, Bebe Ruell, había decidido ocultar la paternidad porque Tyler estaba hundido en las drogas y el alcohol cuando la bebé nació.

Ese reencuentro entre padre e hija tuvo especial recordación en un mítico video de 1994, Crazy, sencillo del disco Get a grip (1993). Sonreía la vida para Tyler. Se reconciliaba con su hija y este disco vendía 20 millones de copias. Y hasta ahora comenzaba la era de internet.

Los éxitos alcanzaron para estar en listas unos meses más. Aerosmith presentó cuatro años después el disco Nine Lives (1997), y si bien fue una declaración de continuidad, no tuvo la misma respuesta del público. El nuevo milenio le dio a la banda una entrada triunfal a algo que todo Estados Unidos aprecia: la presentación en el intermedio del Superbowl. Además, en aquel 2001, la banda entró a formar parte del Hall de la Fama del Rock y Tyler se consagró como un buen gringo: cantando el himno de su país en la competencia automovílistica de Indianápolis.

Quienes pensaban que el rock no daba para recibir títulos académicos, tuvieron que tragarse sus palabras al ver cómo en el 2003 le entregaron a este cantante un título honorífico en la Universidad de Berklee. Y si los años dieron esta dicha, también volvieron a pasarle una factura a su salud. Una operación en sus cuerdas vocales en el 2005 y terapia en sus piernas en el 2008, lo alejaron de nuevo de los grandes escenarios. Y si bien hubo discos y recopilaciones de Aerosmith, estos se tuvieron como un momento de llegar a las nuevas audiencias.

A pesar de especulaciones sobre el fin de su carrera, Tyler no ha perdido su entereza y entró a formar parte del grupo de jurados del concurso American Idol, confirmándose como una figura clave del universo del entretenimiento que da material hasta para crear atracciones en parques de diversiones. Su figuración en el reality musical lo conectó con las nuevas generaciones y además fue un trampolín para las nuevas aventuras musicales de Aerosmith como lo fue el disco Music from Another Dimension (2012).

A sus 68 años, parece que no le falta mucho o por hacer. O si le falta, es justamente seguir siendo ese personaje que a la industria le da canciones, discos, giras, videos y sonrisas. El que cayó y se levantó. El que se presenta en Bogotá el 29 de septiembre y que listo está para mostrarnos que el rock sigue siendo parte de la industria.

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