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J Balvin en Coachella 2019: eufórico pronunciamiento sobre el poder latino

Un show histórico para Colombia y la música latinoamericana.
Por
Mariangela Rubbini

Más de 70 mil personas provenientes de todos los rincones del planeta se dieron cita a las 7:10 de la noche en el escenario principal del que es considerado el universo hípster por excelencia, el festival más “cool y fashionista”, y uno de los más relevantes de todo el continente. Allí llegaron para ver a J Balvin en vivo y poner en práctica sus clases de español, de perreo intenso, y hasta de salsa. Durante los 55 minutos que duró el show, todos, sin excepción alguna, saltaron sin parar, en un estado catártico y de euforia como muy pocas veces había sido visto antes en Coachella.

Por Mariangela Rubbini Q. // @bilirubbini 

Que ese sábado 13 de abril “J Balvin había dado el espectáculo de más alto nivel que haya tenido jamás la música en español dentro del festival”, dijeron Los Ángeles Times y Vice. “Que fue un show surreal”, afirmó Variety. El Excelsior de México dijo que el artista colombiano había “hipnotizado al público”, y la Rolling Stone gringa, por su parte, tituló que el reggaetón había “gobernado el desierto”. En Colombia, los medios se refirieron a éste como un “show histórico y sin precedentes para un artista de nuestro país”.
La segunda participación de J Balvin en el Coachella Valley Music and Arts Festival (su debut fue en el 2018 cuando apareció en el escenario para cantar Mi Gente junto a Beyoncé), sucedió a una hora mágica: pleno atardecer californiano, en el stage principal del festival, justo después de Bazzi y antes de Weezer. 

Reggaeton is the new black 

Hace ya más de 10 años, cuando estaba por lanzar su primer álbum de estudio, Real, J Balvin me escribió esto en la contra portada de uno de los sencillos que promocionaba por ese entonces, en el que andaba de gira por los colegios y tocando en cuanto festival de emisora le daba la oportunidad: “Nos vemos en el Madison Square Garden cuando haga mi primer sold out”. Ese era, en ese momento, el máximo sueño de Jose, no dejar una sola silla vacía en el mítico escenario por el que han pasado muchos de los artistas que lo han inspirado en su carrera. 

En el 2013, Balvin fue invitado, junto a muchos otros artistas como Tego Calderón y Farruko, a ser parte del festival Mega Mezcla Block Party en la imponente arena de la ciudad de Nueva York. Un año después, en el 2014, finalmente logró agotar boletería con un show suyo en ese lugar. Fue por cuenta de la gira que hacía junto a Pitbull y a Enrique Iglesias.

Creo que para ese momento ni él ni yo, nos acordamos de la promesa que alguna vez había quedado escrita con Sharpie y que yo todavía guardo en algún lado, estoy segura, entre los arrumes de CDs, cada vez más relegados al olvido y el desuso por el auge que tienen hoy las plataformas de streaming. Sin embargo, en cuanto se anunció la participación de J Balvin en Coachella, uno de mis festivales preferidos por la cuidada y al mismo tiempo arriesgada, curaduría en el cartel de cada edición, me fui de frente sin dudarlo un segundo, le escribí un whatsapp y le pedí que me llevara con él. Tardó menos de dos minutos en responder: “¡Eso va!”, me dijo. 

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Kevin Winter // Getty Images 

El día en el que todos hubieran querido ser latinos 

4 meses después, estaba yo ahí, en pleno desierto californiano, parada de frente, a envidiables poquísimos metros de distancia de la boca del “Coachella Stage”, con una manilla de artista puesta en mi muñeca izquierda (una de esas que los revendedores gringos compran por cinco mil dólares y revenden por diez mil, y la misma  que me permitió transitar libremente por el backstage del festival durante ese fin de semana y cruzarme cara a cara con Katy Perry, Jaden Smith, Tame Impala, Wiz Khalifa, Bad Bunny, Rosalía, Dillon Francis, Pabllo Vittar y Sofi Tukker, entre muchas otras celebridades), a punto de presenciar como un colombiano, que además era headliner de esta versión del festival, nos dejaría a todos boquiabiertos y comentando el inolvidable show varios días después. Ahí estaba yo, petrificada por momentos e impresionada por la cantidad de gente que esperaba ansiosa el inicio del concierto del artista paisa. Aunque me subí en cuanta sobre tarima encontré, nunca logré ver hasta donde llegaba el mar de cabezas que presenciaron este espectáculo el sábado 13 de abril. Parecía no tener final. Al día siguiente, le escuché decir a alguien del equipo de trabajo de Balvin que había más de 75 mil personas ahí reunidas. 

Cuando fueron las 7:10 pm en punto, las descomunales pantallas se iluminaron a un nivel incandescente e hipnotizador. Un gigantesco muñeco de dimensiones exageradas miraba hacia el público sentado al lado izquierdo de unas escaleras, mucho más imponentes que las que los turistas visitan en pleno corazón de Times Square en Nueva York. De repente, hubo una especie de explosión sonora y justo en el centro del escenario, apareció graficada la palabra reggaetón, con su ya icónica tipografía que, hasta para hacer hoddies y camisetas que se agotan, ha dado. 

La canción empezó a sonar, J Balvin se asomó desde lo más alto de las escaleras del escenario y entramos todos, junto con él, su dj, sus músicos y sus bailarines, en un universo paralelo dominado por nubes con caritas felices. Para mí, fue algo así como sumergirme en una de las escenas de Charlie y la fábrica de chocolates, pero en una versión mucho más sabrosa, bailable y, por supuesto, reggaetonizada. Una versión sin Umpa Lumpas ni chocolates gigantes. Pero igualmente colorida, desproporcionada y sí, surreal.  Me dejé aturdir con tantas cosas sucediendo al mismo tiempo. No sabía para dónde mirar ni qué registrar: sí al público enloquecido, al atardecer de postal, a todos estos personajes salidos como de un cuento de niños, pero dibujado en el año 2035, o si concentrarme en la figura de J Balvin. Sé que fueron 55 minutos de show, pero a mí me pareció que duró solo 10. El tiempo pasó demasiado rápido, para mí y para muchos. Fue todo demasiado intenso. Lo que sucedía en el escenario no daba tregua ni tiempo para distraerse, a cada hit que sonaba, había que sumarle las visuales, los personajes que iban apareciendo en el stage, los bailarines, la euforia del público, un gigantesco caballo de madera pero con cara de pato y el pelo pintado de todos los colores, un muñeco que se asemejaba al monstruo come-galletas de Plaza Sésamo pero estilo balvinesco, una Cardi B y un Bad Bunny cabezones, caricaturizados y desproporcionados que bailaban I Like It. Rosalía que salió de repente para acompañar a Balvin en la canción Con Altura, y luego Sean Paul, para interpretar Contra la pared

Cuando menos me di cuenta, ya Rosalía estaba viendo hacia la tarima y bailando a mi lado. Y mientras todas estas cosas sucedían, yo no sabía si hacer historias para Instagram, si grabar imágenes para el video All Access de Shock, si hacerme más de lado para ver qué tan guapo era el novio de la artista española, o si contestar los cientos de mensajes que me entraban al WhatsApp de gente diciéndome: “Acá estamos viendo el streaming por YouTube, ¡qué show tan hijueputa el de este man! ¡Es una cerdada! ¡De locos!”. 
Y sí, era todo combinado: un público desbordado en el perreo intenso y la euforia en su máxima expresión, boquiabierto con la recreación de un universo infantil y de caricatura, pero con un toque futurista, un tanto demencial y alucinante. Como los universos infantiles que alguna vez recrearon Burton y Lewis Carroll, pero con una inspiración muy directa en artistas japoneses como Takashi Murakami y Yayoi Kusama.

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Scott Dudelson // Getty Images

El sello definitivo de FriendsWithYou 

Este impresionante performance, que comenzó a planearse una vez se confirmó la participación de J Balvin en Coachella, que fue presentado por primera vez este 13 de abril en Indio, California, que se repetirá este 20 de abril en el segundo fin de semana del festival, y que empezará a verse primero en los shows de J Balvin en Europa y en algunas fechas de Estados Unidos, fue creado en colaboración con Samuel Borkson y Arturo Sandoval III, la dupla creativa que integra el colectivo artístico FriendsWithYou. El par de artistas son reconocidos en el mundo entero por sus animaciones coloridas, sus personajes infantiles y las gigantescas instalaciones y esculturas que realizan y que casi siempre, parecieran transmitir felicidad, alegría, magia, suerte y amistad. El set de J Balvin para su show en Coachella semejaba a un colorido y enternecedor playground para niños.

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Kevin Winter // Getty Images 

"Ahora que sí somos cool" 

En uno de nuestros recorridos de camino al festival, J Balvin le recordaba a su amiga, la modelo y dj española Sita Abellán, que durante mucho tiempo los latinos fuimos menospreciados por el resto del mundo, y que hasta hace muy poco en algunos países a los sudamericanos todavía nos seguían llamando sudacas en tono despectivo. Sin embargo y afortunadamente, así como ha venido sucediendo con la cultura y las músicas afro, ahora también la latinidad, e incluso los géneros que durante mucho tiempo fueron relegados a la escena underground, hoy representan el nuevo mainstream y definen las tendencias más cool y fashionistas del momento. Nos pusimos de moda, en parte y gran medida, también gracias al fenómeno de masas en el que se ha convertido J Balvin en el mundo entero. Ahora los gringos, los orientales, los europeos y los australianos hacen largas filas para comprar camisetas y sacos estampados con la palabra reggaetón.

El artista paisa que creció oyendo a Nirvana y a Metallica, ha sido siempre muy insistente en afirmar que la música, sin importar el género, tiene un mensaje que transmitir, y por lo mismo lo que está pasando hoy con el reggaetón es una especie de revolución y una reivindicación de la cultura latina. Y es que si miráramos en retrospectiva quiénes han sido los grandes cabezas de cartel de un festival como Coachella, vamos a encontrarnos con nombres como Rage Against The Machine, Jane´s Addiction, Björk, Oasis, Red Hot Chilli Peppers, Radiohead, The Cure, Nine Inch Nails, Roger Waters, Depeche Mode, Paul McCartney, Arcade Fire, AC/DC y Guns And Roses. Que este 2019 aparezca el nombre de J Balvin dice mucho. Muchísimo. Y es una cachetada en la cara, incluso, para nosotros mismos, que todavía nos avergonzamos de lo que somos y de dónde venimos.

La primera vez que un show urbano se presentó en Coachella fue en el 2010, año en el que Residente y Visitante lanzaban con Calle 13, su disco Entren los que quieran. Este 2019, Latinoamérica se vio representada en J Balvin, pero también en la chilena Mon Laferte, el puertorriqueño Bad Bunny, la banda de música norteña Los Tucanes de Tijuana, y otra colombiana, Li Saumet (de Bomba Estéreo), quien fue invitada a acompañar a Soffi Tukker en una canción durante su show en el escenario Mojave el domingo 14 de abril.

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Scott Dudelson // Getty Images

J Balvin: el mejor show de Coachella 2019

Durante esos dos días, en algunos momentos dejé el backstage para recorrerme el festival. Pagué 7 dólares por unas papas fritas, 9 por una limonada y 60 por el hoodie que trae estampado el cartel de este año. Caminé debajo del icónico y gigantesco astronauta y me monté, por 10 dólares, en la tradicional rueda en la que hay que hacerse la foto obligada. El sábado vi a Tame Impala y a Wiz Khalifa, y al día siguiente regresé para ver a Kaytranada, a Sofi Tukker con Li Saumet y Pabllo Vittar y, por supuesto, a Jose compartir tarima con Bad Bunny. El del puertorriqueño fue un buen show y el público se coreó la mayoría de las canciones. Una vez más, la fuerza latina se hizo sentir en el desierto de Coachella y por segunda vez, quedó demostrado que la música ya no tiene barreras de idiomas ni de territorios, y que el reggaetón es el nuevo pop, el género mainstream por excelencia hoy. Pero incluso, mientras Bad Bunny cantaba, entre el público, muchos hablaban de lo insuperable que había sido el show de J Balvin la noche anterior. 

Ese sábado 13 de abril, en el desierto de Indio, California, fui testigo de un show que definitivamente comprueba el gran momento por el que pasan la música y la cultura latina hoy en el mundo. Pero sobre todo un show que, sin duda alguna, marca un antes y un después en la carrera de J Balvin. Y sí, les confieso que se me escurrieron las lágrimas cuando al ritmo de Mi Gente, 70 mil almas comenzaron a cantar y a saltar. J Balvin es el artista más grande en la historia de la música colombiana. Lo digo sin temor a equivocarme y, ojalá, este show pueda ser visto en Colombia. Es de otro nivel. Y es nuestro. ¡Estéreo Picnic 2020, a por él!

 

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