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Aguas Ardientes y el ácido lamento de la colombianidad

Esta es la primera de nuestras 26 apuestas musicales para el 2019
Por
Fabián Páez López

La música colombiana avanza muy rápido y año tras año vemos cientos de talentos emerger. Desde lo folclórico hasta lo urbano, pasando por lo pop y lo experimental, artistas y agrupaciones revuelcan eso que conocemos como "música colombiana" hasta el punto de crear una masa diversa con propuestas para todos los gustos. Como suele pasar cada año, hemos escogido 26 artistas por los que apostamos, los que tienen todo para hacer del 2019 su año, y que estamos anunciando en orden alfabético. Párenle bolas porque serán los protagonistas del sonido que se viene. Con ustedes, Aguas Ardientes.

Por: Fabián Páez López // @davidchaka

Los Aguas Ardientes son cinco cabezas con sobrada imaginación y muchas inquietudes. La mayoría, músicos de profesión que se resisten a las lógicas del oficinismo y al cinismo irreflexivo del “colombiano de bien”. Todo a través de una mezcla de rock folk con cumbia y con blues. O, mejor dicho, de chirrifolk.

En una caja de fósforos con un código de descarga, porque “los discos en físico son para locas noventeras”, estrenaron en 2018 su primer álbum los bogotanos de Aguas Ardientes. Se tituló Guarever e incluía 12 tracks que sonaban a folk gringo a blues y a cumbia.

Pero más llamativa aún que su propuesta sonora, un formato que incluye percusión (Sebastián Portilla), violín (Estefanía Lopera), bajo (Nicolás Arévalo), teclados (José David Fernández) y banyo y voz (Javier Fernández), resultó ser la visceralidad y la gracia de sus composiciones.

En el universo de Aguas Ardientes habitan un duende violador de Transmilenio, reflexiones sobre la muerte y el machismo invisibilizado, ñeros atracadores y la canción que mejor describe la situación sentimental de los colombianos ayer, hoy y siempre: No hay luka.

Las diez primeras canciones que componen el disco de Aguas Ardientes son un bosquejo pintoresco pero real de la Bogotá de clase media. 50 minutos de los necesarios lamentos de un grupo de jóvenes enfrentados con la oscuridad de la vida adulta. Todo en un empaque divertido y satírico. Es la crudeza llevada al extremo de lo gracioso.  

Si todavía no los conocen, 2019 será el año en que empiecen a saber de ellos. De hecho, junto con Shock, estamos cocinando un jugosísimo e ilustrativo proyecto.