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Ha$lopablito: trap bogotano con espíritu punkero

La aparición de Ha$lopablito significa desbaratar mucho de lo dicho sobre el trap. Y probablemente también sea el aporte más franco del under rolo.
Por
Fabián Páez López

La música colombiana avanza muy rápido y año tras año vemos cientos de talentos emerger. Desde lo folclórico hasta lo urbano, pasando por lo pop y lo experimental, artistas y agrupaciones revuelcan eso que conocemos como "música colombiana" hasta el punto de crear una masa diversa con propuestas para todos los gustos. Como suele pasar cada año, hemos escogido 26 artistas por los que apostamos, los que tienen todo para hacer del 2019 su año, y que estamos anunciando en orden alfabético. Párenle bolas porque serán los protagonistas del sonido que se viene. Con ustedes, Ha$lopablito. 

Por Fabián Páez López @davidchaka

Pablo Jaramillo es estudiante de Artes visuales de la Universidad Javeriana, pero desde hace dos años, una farra de fin de semestre y una canción hicieron que despegara su proyecto paralelo, Ha$lopablito. La farra fue un toque clandestino en una bodega, la Bodegarza; la canción, la primera que presentó en público: merchopercho, un trap aspiracional que se cruza con puyas al Transmilenio y a la corrupción. El recibimiento que tuvo esa noche fue tal, que durante 2018 sacó canciones en proporciones industriales. En parte, porque el absurdo paisaje nacional le dio mucho material.

En 2017, con Aaron Moreno construyendo los beats y el apoyo de un equipo de amigos conocido como el colectivo los Changua Boyz, concretó su primer EP. Lo bautizó no son drogas e incluía tres canciones: merchopercho, los peches y ledoy. Esta última, una canción dedicada al expresidente (?) de Colombia, Álvaro Uribe Vélez…Para no profundizar en el tema y no hundirnos en las tenebrosas aguas de la política criolla, hay que decir que fue ese el lanzamiento que sacó de tajo a Ha$lopablito del rollo del trap convencional sobre drogas, levantar viejas o irse de fiesta. De hecho, se paró en una orilla donde prima una conciencia cínica y satírica; donde, entre chiste y rima, reflexiona sobre su lugar en el mundo como estudiante, como elector, como usuario de servicio público, como consumidor de empanada y como deudor del Icetex.

(Lea también: Ha$lopablito, la salsa en la empanada del trap)

El repertorio se le fue alargando hasta que publicó en 2018 su primer álbum, es el puto sueño. 14 cortes que llaman la atención porque se deslizan fácilmente entre repudiar la pintoresca y colombianísima pretensión de comportarse como narco, declarar su amor a la empanada o el vino barato del D1 y describir la tortura de montar en Transmilenio. Fue el nacimiento del chirritrap.

En tan solo dos años, su proyecto quedó presente en el radar de los escenarios más importantes del país. Durante 2018 vio la tarima del festival Hermoso Ruido y la del Sónar Bogotá. Y para completar, este 2019 tiene en su agenda el Estéreo Picnic y el Sónar Barcelona. 

A muy poco de haber debutado, por su propuesta contemporánea y pertinente, su crecimiento fue disparado. Se extendió en la incubadora del trap, Internet, pero cogió más fuerza en el under bogotano, entre los estudiantes que compran trago para tomar en el parque, entre los que viajan apretados en bus, entre los que toman chicha en el Chorro, entre los que hacen cánticos contra el fascismo: ahora son traperos de calle, antes eran los punks.

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