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25 años sin Cortázar

Por
Redacción Shock

Las historias de Cortázar, que no se radicó en ningún país del mundo como sí lo hizo en su soledad y en las letras de aquellos libros que fueron sus mejores amigos; se hacen carne, arte y música en conmemoración de los 25 años de su muerte.

Con una copa de vino, un trozo de papel o un tiquete de bus en el que se ve el dibujo de una rayuela al respaldo, mucha gente alrededor del mundo confluye cada 12 de febrero en el cementerio de Montparnasse, en París, para rendirle tributo o simplemente saludar a  un hombre que rompió la linealidad de los eventos y de-construyó el lenguaje. Un solitario transeúnte de mundos modernos que dejó un legado tan profundo que su tumba, como una especie de patíbulo siempre florecido, está ubicada junto a la de otros grandes como Jean Paul Sartre, Charles Baudelaire, Guy de Maupassant y Man Ray.

Nacido en 1914 en Bélgica, el infante Cortázar, hijo de argentinos diplomáticos, desde temprana edad se hizo a sí mismo un refugiado de la realidad y un exiliado de una época en la que el mundo parecía más voraz. Encantado por las narrativas de Julio Verne y los mundos fantásticos que se desplegaban ante él en el Parque Güell de Barcelona, este lánguido sujeto, a quien su figura no le hacía justicia con la robustez de su imaginación, creó otras maneras de vivir. “Pasé mi infancia en una bruma de duendes, de elfos, con un sentido del espacio y del tiempo diferente al de los demás”, le dijo el escritor en 1975 a una publicación mexicana.

Bajo el seudónimo de Julio Dennis, un personaje creado por él que podría ser algo así como el Ziggy Stardust de la literatura, publica Presencia, el inicio de una gama gigante y rica de producciones literarias que lo convertirían en uno de los escritores más importantes de la historia. “Excomulgado” por Fidel Castro, escritor de tangos y dueño de ‘Rayuela’ y su fractal composición, el legado de Julio Cortázar mete su nariz en los asuntos de muchas construcciones culturales contemporáneas. Y es que quizás las secuencias cinematográficas de David Lynch, las composiciones de John Cage, los beats de Aphex Twin, e incluso el comercial de los conejos de Sony Bravia sean hijos de las historias enrevesadas, críticas y transgresoras presentes en las líneas de ‘Bestiario’, ‘Cartas a una señorita en París’ o ‘Casa Tomada’.

Miembro notable de  la escuela ‘patafísica’, una ficción que tiene mucho de realidad en la que  “se estudian las soluciones imaginarias  y las leyes que rigen los caminos de las excepciones”, Cortázar le enseñó al mundo nuevos caminos para abordar un pensamiento y leer un libro: objetos que aún estando patas arriba y dando brincos siguen siendo la clave de acceso a nuevos modos de percepción. Algo así como opiáceos hechos de letras que logran diluir la realidad.

Con ‘Lost Highway’ de David Lynch en la pantalla; con ‘Imaginary Landscape’ la banda sonora de John Cage y chateando con miles de adoradores del escritor argentino en un proyecto llamado ‘rayuel-o-matic  digital’ (en el que cada persona reconstruye el famoso relato desde su particular selección de fragmentos), celebramos hoy entre  azares, rupturas y unos cuantos saltos de una golosa, el legado del escritor que, pese a morir a los 69 años, nunca envejeció: Julio Cortázar.