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Abofeteando el papel para que el lector se sacuda

Por
Redacción Shock

 

Los trazos se convierten en narrativa, el mundo es puesto en páginas de papel periódico de bajo gramaje y en éste los héroes de todos los tiempos cuentan sus historias, desde los grandes superhéroes como Superman o Spiderman -pasando por Boggie El Aceitoso o el cotidiano Condorito- hasta llegar a Frank Miller y sus putas sedientas de sangre. Los personajes de los comics ponen en evidencia el real carácter de la humanidad.

Hay uno en particular que relata, entre pistolazos y plops, el camino que seguimos como especie. Una mujer con la cabeza afeitada y muy punkera que tiene como novio a un canguro mutante y se transporta en un tanque, le saca una radiografía precisa a la sociedad en la que estamos hundidos: Tank Girl. Una heroína de serie B, bizarra, yonqui y medio gay, cuyo cómic privilegia otras miradas y da lecciones desde la tinta en la que está pintada.

Escrito por Alan Martin y originalmente dibujado por el talentoso Jamie Hewlett, Tank Girl vino al mundo entre la estética del arte visual punkero (envuelta en una atmosfera que compila el absurdo, la psicodelia y el collage) y una historieta británica que parte desde un punto ciego (desde una idea que no termina de estar clara) y trata de afectar a quien lo lee a través del humor, el cinismo, la sátira y la violencia.

A través de este sexy avatar, sus creadores, Martin y Hewlett, se ríen y brindan a nombre de los medios y sus ídolos; se mofan de la moda y la superficialidad del mundo. Viñeta tras viñeta, la lengua como el lápiz se afila para sacudir a ritmo de humor negro y sarcasmo la imbecilidad de un mundo que creemos normal.

Entre los personajes que le dan look a este cómic se encuentran Tele, el hijo de Bogga y de la Tank. Desgarbado y un tanto perdido, trata de entablar conversaciones con otros a través de su pantalla, ya que en la historia la comunicación ha perdido su sintonía cuando se realiza entre personas y es necesario que una nueva señal -más etérea- proponga los nuevos modos de entablar conversaciones con el otro.

Esta versión pusilánime y medio chapulinesca del Big Brother televisado y facho de la novela de de George Orwell de 1984, se asombra del poder que tiene en su cabeza (llena de tubos catódicos). Un poder que radica en la capacidad de comunicar y a la vez de incomunicar, de transmitir y a la vez de desenchufar la realidad.

Finalmente, nuestra subversiva y contracultural chica, la Tank, hace visibles algunos tips que las mujeres modernas manejan con altura. Gordita y trozuda, no cabe por la escotilla de su tanque, y una amiga chirrete que la sigue le propone una maniobra italiana: “Un pequeño truco que toda pequeña debería saber”. La bulimia se pone al orden del día, entonces, y tras unos cuantos espasmos la obesa Tank vuelve a recobrar su figura no sin antes expresar, entre chiste y chanza, la repugnancia del acto.

“Meterse los dedos en la garganta es realmente estúpido, especialmente si sabes donde han estado antes”.

En un mundo que produce vergüenza o quizás un poco de risa por lo loco que está, parece ser que lo único que brinda esperanza será meterse el dedo e invocar al querido Hugooooooo o como dice 2D, el animado vocalista de Gorillaz. El conflicto que como monos tenemos entre diferenciar el cerebro de la cola al final de cuentas quizá sólo podrá resolverse con comprarse un buen par de tenis Nike.

¡Ah! Y si por ahí entre líneas la Tank se les parece a 2D es porque es el mismo Jamie Hewlett quien les dio vida a estos dos personajes.