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Ahogando las pepas en licor

Por
Redacción Shock
“Me enteré de que existían esas drogas hace un par de meses en la casa de un amigo que las compró en la calle y las probamos con ron. Con esas pastillas uno se emborracha más rápido. Pero si no toma tanto, sino un par de tragos, se siente como si se pudiera mantener la mirada en un punto por siempre, aletargado, sin preocuparse de nada. Una extrema tranquilidad y confianza. Podría decirse que le extermina el miedo y le da valentía. Pero sí produce muchas náuseas”.
Camilo Acosta, 19 años.

“Tengo amigos que se enrumban metiendo perico, pero si ya meten mucho y se sienten muy acelerados, para bajarse después se toman una pastilla de esas con trago”.
Freddy Rueda, 22 años.

“Las tomo porque sí. Porque todos mis amigos lo hacen. No necesariamente tengo que estar de rumba para tomarlas, también para pasar el rato, pero la verdad es que me vuelvo muy torpe. Una vez me tomé dos pastillas, bebí trago toda la noche y me enlaguné. Me contaron que me caí muchas veces y le caí de igual forma a la mamá de una amiga. Insulté a gente y casi armo una pelea. Al otro día no me acordaba de nada. Me dio migraña y me dolió la cabeza como en ningún guayabo. Temblé y vomité todo el día. Estaba que me moría. Aceleradísimo, con taquicardia. No hay que exagerar con esa droga”.
Nicolás Roa, 23 años.

“Uno se entera por el voz a voz, en la universidad o en la rumba. Lo hemos hecho pocas veces. No estando de fiesta sino por ahí. No le compramos las pastillas a un dealer. Las conseguimos porque uno de mis compañeros se las robó a la tía que las toma porque se las formularon. A mí eso me enchoncha, me emboba, y al otro día me siento cansado. No me gusta tanto”.
Juan Diego Puentes y Ricardo Ortiz, 23 y 24 años.

“En la universidad donde estudio hay un grupo pequeño que vende. Son como cinco dealers tostados. Siempre se les ve embalados. Los amigos les gorrean y los que les compran saben que no es un negocio con letrero ofreciendo siempre los mismos productos, sino unos manes a los que se les pregunta qué tienen, y ellos muestran lo que cargan ese día”.
René Villegas, 20 años.

“Un dealer puede agotar cualquier posibilidad para vender aprovechándose de la enrumbada que uno tenga. Hasta le pueden vender una pastilla de esas haciéndola pasar por éxtasis. El dealer juega con el efecto placebo, porque de todas formas creo que con una tableta algo se va a sentir, algo va a alterar en el cuerpo. Quién sabe cuántos Rivotriles me habrán metido y ni me di cuenta. En una fiesta me iban a dar una pastilla a $10.000 haciéndola pasar por éxtasis, pero porque yo no sabía que ahora estaban vendiendo medicinas. O sea, a alguien inexperto le pueden dar cualquier cosa”.
Felipe Mejía, 22 años.

Alcohol y psicofármacos: el coctel de la muerte

¿Es verdad que mezclar medicamentos psiquiátricos con alcohol puede causar la muerte?
Responde Dr. Luis Mariani. La combinación más frecuente de adicción a psicofármacos es la de benzodiacepinas con alcohol, lo cual produce un efecto sedativo muy importante, pero también potencialmente letal ya que deprimen la actividad cardíaca y respiratoria pudiendo causar, en altas dosis, una paro cardiorrespiratorio. Es por este motivo que se contraindica la ingesta de alcohol en personas que toman psicofármacos.

Notas de prensa:

Caracol Radio, Colombia. Mayo 7 de 2007.
“Bares usarían Rivotril para embriagar más rápido a los clientes. El Director (e) de Medicina Legal, Guillermo Veloza, indicó que esta sustancia tiene como objetivo principal ‘causar depresión del sistema nervioso central. Si este medicamento se combina con alcohol producirá exacerbación del proceso de embriaguez y la persona pierde la capacidad reactiva en poco tiempo’. Veloza reveló que ‘es frecuente que se encuentre este medicamento en jóvenes que fallecen y llegan a Medicina Legal’. El caso salió a la luz pública luego de que algunas personas denunciaron que habían sido víctimas del Rivotril en bares de Bogotá".