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Alerta Kamarada, quince años de resistencia rasta

Por
Redacción Shock

En pleno corazón de Teusaquillo se encuentra Palermo, un barrio de casonas tradicionales y de arquitectura “estilo inglés”, donde durante la segunda mitad del siglo pasado vivieron algunas de las familias más “chirriadas” de Bogotá. Hoy es un barrio que ha perdido pretensión, y ahí reside, precisamente, su belleza. Una de esas casonas esquineras es la base de One2 Records y el fuerte de uno de los frentes musicales más firmes de Latinoamérica, que este 31 de octubre cumple 15 años de trayectoria: Alerta Kamarada. Pioneros del reggae en Colombia (y de cierta manera, también, del reggae colombiano), y con tres placas bajo el brazo, ellos no solo han abierto, solitos, las puertas del género en el país, sino que han puesto su bandera en el mundo, llevando canciones como Legal y Princesa a la radio independiente y comercial, tocando en escenarios como El Show de las Estrellas y el legendario Reggae Sunsplash en Jamaica, y sellando alianzas con maestros de la talla de Lee “Scratch” Perry (productor de Bob Marley y pionero del dub), dos Wailers originales, Alfredito Gutiérrez y el ex Todos Tus Muertos Fidel Nadal. Recién llegados de su gira europea, nos reunimos en su base con sus fundadores, los dos únicos camaradas que se mantienen en pie, Javier Fonseca y Pablo Araoz, para hablar de lo que ha significado su viaje, ser rasta en Colombia y todo eso que no se compra con Master Card. Suena el uno-dos en el estéreo, el ambiente se llena de humo dulce y comienzan a fluir las palabras…

Un homenaje a los dos primeros veteranos colombianos de la guerra rastafari.

Ustedes no arrancaron haciendo reggae, sino ska. Es más, ustedes eran skinheads…
Javier Fonseca: Digamos que sí y no. Sí, porque teníamos el look, éramos calvos y parchábamos con los redskins de Bogotá. Pero realmente no militábamos.

¿Y cómo eran esos días?
JF
: Mucho ska y hardcore, tomando cerveza como un hijueputa. Escuchando mucho de lo que venía del país vasco, como La Polla Records, Siniestro Total… cosas así. Tocando con el parche. De nuestros amigos de esa época que aún siguen sonando están, por ejemplo, los que actualmente son Triple X, la banda de punk.

¿Y dónde tocaban?
Pablo Araoz:
Tocábamos en todo lado, en sitios como el Auditorio La Calleja, que quedaba en la 127 con 19, un chuzo de un man que tenía un grupo que se llamaba Sin Salida. Era una locura porque todos los parches estaban ahí: los skaters, los skinheads, los punks, los rastas, los alternos, todo el mundo… Nuestro primer toque fue con La Severa Matacera en un bar que se llamaba Matatigre, en diciembre del 96. Aunque el nacimiento oficial de la banda fue en octubre.

¿Cuántos años tenían?
JF:
Yo tengo 35 años y Pablo tiene 30, o sea que cuando nosotros comenzamos yo tenía 20 y él 15…

¿De esa época hay alguna grabación?
PA:
Hay un “caseto”. Rotó muy underground entonces no tenía ni nombre.

¿Y a qué suena?
PA:
A rock. A rock mestizo combativo.

¿Arrancaron con una idea clara de lo que querían hacer musicalmente?
JF:
No. Empezamos a tocar y ya; nunca con la idea de volvernos profesionales ni nada…
PA: Lo que sí teníamos claro era que queríamos hablar. Decir muchas cosas. En ese momento nos salía más punk la cosa.
JF: Para el 98 ya estábamos haciendo un reggae repunketo.

Cuando arrancaron por esa onda, ¿quién más hacía reggae acá?
JF:
En Bogotá, nadie. En Colombia el reggae tiene una historia larga y empieza lógicamente en los puertos. Ya hablando de reggae reggae, pues lógicamente toca hablar de San Andrés, de los primeros, de The Rebels y todo ese parche. Luego, más recientemente, hay un éxodo de mucho artista sanandresano hacia el interior, grupos como K-Yo, Magical Beat, también había otra banda que se llamaba Mango, que era como de covers. Obvio, esto no era roots. Era un reggae diferente, mucho más comercial.

En términos musicales, ¿qué es el reggae hoy para Alerta Kamarada?
JF:
El reggae para Alerta Kamarada ya no es ese reggae punk que hacíamos en el 98. El de hoy es un reggae propio (porque, a pesar de la influencia, nosotros no estamos imitando el reggae jamaiquino), estamos aportándole nuestra identidad. De dónde venimos. Cuál es nuestra historia.

¿Reggae colombiano?
PA:
Nuestra inquietud con la cumbia, por ejemplo, viene de long time ago. Pero yo siento un poco que es esa base punk la que nos ha ayudado a articular el reggae con la cumbia y con otras cosas… al final todas son músicas callejeras, rebeldes. Igual, por más que estemos haciendo un reggae o una cumbia o un punk, como al comienzo, nuestro contenido es el que nos hace únicos como Alerta. El mensaje. Siempre hemos querido cambiar el mundo.

Un poco como The Clash…
PA:
¡Exacto! The Clash es una influencia muy clave para nosotros.
JF: Total. Ese proceso de The Clash es superimportante, porque es el paso del punk al reggae. Muchas bandas de punk se influencian de reggae y viceversa. Y con nosotros fue así también.

En sus exploraciones con la cumbia, por ejemplo, se destaca lo que hicieron recientemente con el maestro Alfredo Gutiérrez para su último disco Historias de Pueblo (2010). Genéticamente hablando, ¿cuál es la relación, por ejemplo, entre la cumbia el reggae?
JF:
Son primos. Tanto aquí como allá llegaron africanos. Y tanto aquí como allá había indígenas. Se nutren de las mismas bases.

Landero, por momentos, es puro reggae…
Ambos:
¡Landero es reggae!
PA: Ese es nuestro parche. Es lo que escuchamos.
JF: Landero, Calixto Ochoa, Pedro Laza… eso que ellos hacían en ese tiempo es lo mismo que estaba pasando en Jamaica. Obviamente, con otros instrumentos, pero es la misma mierda. El mismo sabor. Tanto, que hace poquito el trombonista y el trompetista originales de los Wailers, Nambo Robinson y Chico Chin, estuvieron aquí, en este estudio, grabando cumbia con nosotros.
Han pasado 15 años desde que arrancaron. En ese entonces, en contexto, imagino que se sentían marginales (y marginados) haciendo lo que hacían. ¿Se siguen sintiendo así?
JF:
Yo creo, más bien, que le hemos dado la oportunidad a otra gente de no sentirse marginal. Hemos podido romper paradigmas y prejuicios sobre el ser rastafari. Hoy se ven montones de rastas por las calles. En el 99 no había casi.

¿Y qué es ser rastafari?
JF:
El concepto de tratar de ser mejor. Claro, cometiendo millones de errores en el camino, pero tratando siempre de superarlos. La idea siempre ha sido evolucionar. Pienso que ‘rasta’, en nosotros, significa eso: ser buena papa, no traer problemas, no quedarse en estereotipos. No solo es tener el pelo así o la fumada o la música…
PA: Es cambiar el entorno desde lo positivo. Evolucionar y revolucionar, siempre. En últimas, todo el que lucha contra la opresión y por la libertad es rasta.

Al rasta en Jamaica, en principio, le decían “hombre de corazón negro”. ¿Por qué?
JA:
Claro, porque los rastas daban miedo. Y la verdad, este peinado es para eso.

¿Y por qué?
JA:
Llevando este pelo sobre la cabeza uno entiende cómo es la sociedad. Todo el tema de los prejuicios. Y claro, también ayuda a combatirlos. Este pelo realmente significa mil cosas y llevarlo significa mil más. No es una moda. Llevo once años sin cortármelo, sin lavármelo, sin nada… y una chimba. Para mí significa resto. Si yo pudiera coger cada milímetro del pelo, contaría muchas historias. Cada dread. Son también como antenas para conectarme. Y para tener fuerza como Sansón, porque yo lo quiero tener cada vez más largo.
PA: También son látigos. Y a veces toca usarlos.
JA: Claro, esto es pa’ moverlo. Pa’ que la gente se azare. Pa’ algo está el pelo en la cabeza de uno. El que se lo quiera cortar, que se lo corte. El que se lo quiera rapar, que se lo rape. El que se lo quiera dejar crecer, que resista. Tener esto sobre la cabeza, y más en Colombia, es fuerte.

Hay un concepto muy interesante que se puede extraer de toda la mitología del rasta y que, de cierta manera, es contra lo que lucha: Babilonia. ¿Qué significa?
JF:
Es lo malo del sistema. Y lo malo del sistema en uno. Lo que pasa es que cuando uno comienza a utilizar estos términos la gente no los entiende. Pero hablar de eso es difícil. Hablar de ‘rasta’, de ‘Selassie’, de esas cosas. Por eso uno tiene que tratar de adaptar esos conceptos a su realidad. En este caso, por ejemplo, yo pienso que Babilonia es el engaño, la codicia…
PA: Lo que divide.

Ustedes arrancaron como Alerta Kamarada y luego, por un tiempo, sacrificaron el “Kamarada”. ¿Es cierto que fue porque recibieron amenazas?
JF:
Sí, la verdad fue que recibimos amenazas. Nuestro “kamarada” es más de esto (se choca los puños): confianza entre parceros. Compartir. Camaradería. Pero por un tiempo nos comenzaron a vincular con maricadas que no tenían nada que ver, entonces mejor decidimos dejarlo solo en “Alerta”.

En el 2005 “peregrinaron” a Jamaica. ¿Por qué resultaron allá y qué estuvieron haciendo?
JF:
En principio fuimos al Bobo Hill, que queda a 10 millas de Kingston, a un lugar que se llama Jerusalem School. Es el congreso etíope, una mansión. Es como la sucursal del cielo en la Tierra. Está construido sobre unas tierras que fueron donadas por Haile Selassie de Etiopía, Ras Tafari. Ahí está la comunidad Bobo Shanti, que son los que usan turbante y túnica, que fue fundada por un alto sacerdote que se llama Emmanuel. Es una comunidad de orden sabatical y tienen servicios. Por ejemplo, el primero es en la mañana, el “roll call”, es como un llamado a lista donde se cantan salmos, se “chantean”. Sacan el tambor y le pegan en las cuatro direcciones para quemar a Babilonia. Después hay uno al mediodía y otro por la tarde, todos los días. Nosotros participábamos de estos servicios. Y aprendíamos. Ahí es donde uno aprende el “chanting”, a cantar, todas esas cosas… el “one-two”, la orden del uno-dos, el “heartbeat”, las palpitaciones. Una chimba.

¿Fueron, por decirlo de alguna manera, a “iniciarse” allá?
JF:
Puede ser una forma de verlo, sí. Pero más bien a redescubrir la vuelta. A entender por qué, nosotros, 2.600 metros más cerca de las estrellas, andamos en estas.

Hablando del “one-two”, el uno-dos del reggae, ¿entonces viene de los latidos del corazón?
JF:
Sí. En la música original, el nyabinghi, que es la música rasta, de donde viene el reggae y todo lo demás, porque es África, hay tres tambores, los equivalentes en Colombia a la tambora, el llamador y el alegre: el bajo, el kete y el fundé. La respiración, la meditación y el latido.

La música imitando a la vida…
JF:
No. La música como ser vivo.

África es importante para ustedes…
JF:
Claro. Es el origen de la vida. Las raíces.

Volviendo a Jamaica, ¿cuál fue la lección más importante de esa experiencia?
JF:
Entendimos que hay algo superior de lo que nosotros hacemos parte y que cada quien llama a su manera. A todo el mundo le llega la información de manera distinta y el que la quiere coger la coge, y el que no, la deja pasar. Así está escrito y así nos lo enseñaron. Por eso todo vale. Cuando alguien dice que no cree, pues bien… así como cuando alguien dice que cree a su manera. Igual, nosotros aún estamos tratando de redescubrir nuestra fe.
PA: También entender que ‘rasta’ es amor. Amor en todas sus formas.
JF: Esa escuela fue muy clave para después bajar a los estudios del ghetto a trabajar en nuestro segundo disco, Somos uno (2006). Porque eso es muy duro. ¡Es tenaz! Esos barrios son muy bravos. “Ruff n’ tuff”, como dicen.

¿Y cómo fue la experiencia de ese disco?
JF:
Muy fuerte. Entrar a los grandes estudios de Jamaica a producir con los mejores. Con los manes que salen en las carátulas de todos esos discos que están sonando ahí (señala el equipo), o sea, los recontra clásicos. Estar con ellos cagados de la risa montados en el ‘Colombian Express’ fue una absoluta locura. Trabajar con gente como Sly Dunbar, el baterista más importante de la música reggae. O con Junior Reid. O con Chris Meredith. Haberlos visto grabar, mezclar, dubbear, hacer el riddim, manejar la consola… Aprendimos muchísimo.

Siento que muchos no entienden la dimensión de Alerta Kamarada en el mundo del reggae porque no están conectados con el tema, pero ustedes, además, han estado en festivales importantísimos…
JF:
Sí. En el 2005 tocamos en el Rototom Sunsplash en Italia y en el 2006 en el Reggae Sunsplash de Jamaica. Eso es como el Glastonbury del reggae. Más que eso. El de Jamaica es el más duro del mundo. Pero duro reduro, donde han tocado todas las superestrellas.

¿Qué otros conciertos han sido especiales para ustedes?
JF:
Todos los de lanzamientos de discos. Todos los Rock Al Parque, ¡increíbles! Y claro, el toque con Lee Perry, algo que nunca nos imaginamos (le hicieron de backing band en el Estéreo Picnic). ¡Qué energía la de ese señor! Hubo una conexión emocional impresionante con él. Hoy día es un gran amigo nuestro.
PA: También recuerdo otros tres toques muy importantes: uno, una Navidad, en el pabellón de niños quemados del Hospital Simón Bolívar; otro en La Cárcel Distrital; y otro en un jardín infantil del Bienestar Familiar. Todos refuertes. Y bonitos.

En todo este viaje de ustedes, ¿qué papel juega la ganya?
JF:
Es algo personal. Hay unos que fuman y otros que no, y ya. Yo pienso que mucha gente, cuando habla de rastas y de reggae, se queda en ese tema. Y es una cagada. Porque es más que eso y le ha hecho perder seriedad a la vaina. La ganya es una chimba para quien le guste, y ya. Cada quien en la suya.
PA: Yo solo digo que, como los animales y los hombres, las plantas también tienen un espíritu. Y es un espíritu superpoderoso. Pero cuando hay negocios y mafias alrededor de algo, se vuelve difícil hablar del tema. Sobre todo cuando es prohibido. ¿Prohibir una planta? Eso es absurdo.
JF: Las plantas nos han dado todo, como el alimento. Y de una u otra manera, en la naturaleza también hay elementos que son alimento espiritual para el hombre. La ganya es uno de ellos. Cada quien tiene su propia forma de comulgar con los elementos de la naturaleza.

A pesar de ser una banda de reggae independiente, y en Colombia, han sonado bastante en la radio masiva. ¿Cómo han logrado meterse ahí?
JF:
Desde Legal y luego más con Princesa, nuestras canciones han sonado porque la gente las ha pedido. Nunca hemos pagado por eso y hemos sonado desde el comienzo. Una vez llegamos a una radio comercial reimportante con el disco de Jamaica recién hecho para mostrarlo a ver si nos sonaban. El man nos dijo: “¿Sabe qué? A mi esposa le hace falta una lavadora… ahí verán”. Yo pensé que me estaba echando un chiste, pero no. Nos estaba pidiendo plata. Nos han pasado cosas muy chistosas. Hay empresarios que nos quieren contratar y cuando les decimos cuánto cobramos, nos dicen: “Pero usted por qué me está cobrando todo eso, ¿luego usted no es rasta?”. Eso es terrible.

En estos quince últimos años también han sido testigos y protagonistas, de cierta manera, de la evolución que ha tenido la escena musical en Colombia. ¿Cómo sienten que ha evolucionado?
PA:
Independientemente de que a uno le guste el tropipop o el reggae o el electrocumbé, ha quedado claro que Colombia es un semillero de artistas y músicos increíble. Y eso nosotros tenemos que hacerlo valer más. Nos toca organizarnos. Porque estamos muy desorganizados. La música colombiana está pasando por el mejor momento y eso toca aprovecharlo.

Alerta Kamarada está de aniversario. ¿Están celebrando 15 años de qué?
JF:
De guerreo. Y de música. La música nos ha liberado. Nos ha permitido estar en muchos lugares y conocer mucha gente. Experiencias que no solamente han alimentado a Alerta como banda, sino que han enriquecido al reggae como movimiento cultural en Colombia. Eso es importante.

¿Por qué siguen juntos ustedes dos?
PA:
Porque somos hermanos. Y creemos. Seguimos pensando que tenemos un mensaje para dar. De verdad, nuestro sueño es poder cambiar un poco el entorno donde vivimos. Alerta Kamarada siempre fue pensado así. Como un despertar. Como un activar. Y seguimos… Realmente nos visionamos tocando otros 15 años más. Porque así nos vemos nosotros. Tocando hasta llegar a cuchos.

Claramente, Alerta no es una banda que hace millones. Después de 15 años siguen guerreándola. Debe haber algo muy fuerte que los hace continuar…
JF:
Simple: nos gusta. A veces no hay plata, claro. Pero mira, ahora en la gira de Europa, por ejemplo, pasamos por París. Nunca habíamos ido, entonces nos fuimos de plan turístico pa’ la Torre Eiffel, ahí en el Campo de Marte, como toca, a comer pan y a tomar vino y tal. Nos quedamos hasta por la noche viendo las estrellitas. Luego nos pusimos a caminar por ahí y de repente unos manes: “¿Alerta? ¿Qué hacen aquí? ¡Cántennos Princesa!”. Y luego nos pasó lo mismo en todas las partes a donde fuimos. Eso es lo que nos lleva. Las canciones. La gente. Los encuentros. Siempre hemos sido los propios directores de nuestro destino. Ha sido warrior, pero ha sido una chimba. Y eso no lo compra Master Card. 

Celebrando 15 años de Alerta Kamarada

El próximo miércoles 19 de octubre desde las 9:30 pm, se llevará a cabo la celebración de los quince años que cumple Alerta Kamarada haciendo, viviendo y creyendo reggae. El lugar será La Puerta Grande y la entrada tiene un costo de veinte mil pesos ($20.000). Como invitado especial para esta noche estará el maestro Alfredo Gutiérrez acompañando a la banda sobre el escenario.