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Antonio 'Rolo' Alarcón

Por
Redacción Shock
Presenciar el renacimiento de un artista que dejó de lado las ataduras de una industria repleta de trampas con ánimos comerciales para escupir en canciones el rock ‘n roll que porta en las venas, es una de las razones por las que se enamora uno de lo que hace y de bandas como esta. Y así fue. Ver cómo Juan Galeano dejó una larga etapa de su vida como solista para ensamblar un power trío que brilla bajo el nombre de Diamante Eléctrico revivió mi esperanza en un género que ha perdido espacios en Colombia por falta de perspectiva, inquietud y cojones. En muy pocos meses se podrá conocer el álbum debut que se grabó en una maratónica jornada de siete días y será ese el momento en que Diamante Eléctrico (Juan Galeano en la voz, el bajo y el contrabajo; Daniel Álvarez en la guitarra y Andee Zeta en la batería) se ratificará como uno de los actos más valiosos del rock nacional en los últimos años. Una de esas bandas que le joden a uno la cabeza y el corazón para siempre.

Ver que termina el año y hay una sola canción que no ha salido del playlist es una razón suficiente para creer que todo el mundo merece conocerla y hacerla tan propia como quienes la hicieron. Puedo decir con el mayor gusto que esa canción es nacional, es tan joven como sus padres, es en español y es un palazo que le dará a muchos en la nuca cuando sea convertida en un nuevo sencillo del álbum al que pertenece. La susodicha es Holograma, de Telebit. En sus atmósferas electrónicas y muros gruesos de rock, encuentro el lugar y sonido al que debería llegar una gran porción de bandas en la ciudad y el país. Holograma de seguro será un nuevo hit de Telebit, ocupará los primeros puestos en listados radiales alternativos, servirá de puente a nuevos retos para la banda, se podrá convertir en una de las más valiosas del próximo año y le joderá la cabeza a más de uno, igual que a mí. 

No tuve que ir a verlo en las salas de cine programadas en Bogotá. Tampoco tuve que ver el acto en vivo que llegó a Colombia, el que según tengo entendido no fue ni un cuarto de lo que realmente son el dúo británico en tarima. No obstante, al tenerlo a la mano y reproducirlo a todo dar en casa de un amigo, pude llegar a sentir que hacía parte de la masa de 50.000 nipones que saltaban y gritaban en el Fuji Rock 2011 frente a ellos; frente a los mismos tipos que desde años atrás dan lecciones de música electrónica al planeta entero. Y es precisamente ahí donde radica el éxito de esta pieza audiovisual de colección, en el modo en que se narra una historia de la cual todos podemos ser protagonistas a partir de las sensaciones que produce la música compuesta por un par de genios como los Chemical Brothers, sin importar que estés sentado frente a una pantalla de televisión a miles de kilómetros de distancia de donde realmente todo ocurrió. No lo piensen, este DVD debe hacer parte de la colección.

Recorrer la geografía nacional en busca de nuevos talentos musicales fue la tarea que se me asignó. Reconocer el país a partir de los sonidos que se producen en cada región y servir de puente para que las metas de muchos artistas colombianos den un paso adelante para ser cumplidas fue lo que pude conseguir durante este viaje. Eso fue, en resumidas cuentas, el Shock Fest by Miller, un festival que extendió sus brazos para que nuevos proyectos tuvieran la oportunidad de exponer sus propuestas ante el medio que ha servido de trampolín para la música en Colombia. Tan exigente como enriquecedora fue la maratón en la que escuché 970 bandas en audio, vi treinta en vivo (en cinco ciudades distintas) y elegí una para que representara bien a las restantes y abriera el evento del año: Los Premios Shock de la Música. Si bien es necesario salir del país para ver lo que pasa en el mundo, es muy importante conocernos a nosotros mismos para entender quiénes somos, de dónde venimos y para dónde vamos. Si la cultura se enseña en casa, el Shock Fest by Miller es mi hogar y cada una de las agrupaciones participantes mi familia. 

Los primeros anillos de pureza que escuché fueron los que aparecieron en los deditos famosos de los Jonas Brothers. Los otros fueron un dúo canadiense, que con tan solo un par de tracks publicados, me pusieron a esperar el disco que prometían desde su cuenta oficial en Twitter. Casi tres meses más tarde, por fin terminó la cuenta regresiva, descargué su esperado debut llamado Shrines y me di un paseo por universos digitales, melódicos, oscuros y sintéticos en los que encontraba el futuro del electro pop, no el que pega en la radio o en la pista de baile, sino el que empieza a ocupar espacios como el South by Southwest, donde ya estuvieron y la rompieron con un bellísimo formato en vivo que también podrá verse en 41 fechas programadas en Estados Unidos y Europa para 2013. Ojalá aterricen pronto en este país y su disco esté al alcance de todos para cantar con más gente canciones como Belispeak, Obedear o Loftcries.