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Billy Corgan, conversaciones con Dios

Por
Redacción Shock

Han pasado ya diez años desde que Billy Corgan sacudió al mundo con una alarmante confesión. Y no, no se trataba de aquella triste declaración con la que dio fin a la primera y hermosa encarnación de Smashing Pumpkins, sino de algo mucho más serio: había descubierto a Dios.

¿A Dios?

Sí. Al mismo y aburridísimo Dios que para muchos de sus conversos no solo estaba muerto sino que, en cierta medida, había que seguir matando por habernos abandonado. Al mismo Dios que en muchas de sus canciones –en Zero, declaraba “Dios es vacío, así como yo”– no solo había maldecido, sino condenado. Esta vez, Billy salía del clóset sin titubeos y en adelante, libre ya de su banda, su misión sería una sola: alabarlo.

Curado del dolor espiritual, resuelta ya definitivamente su duda existencial y su catarsis, surgía entonces la pregunta: ¿qué sería de su música? ¿Un salmo? Y los que supusimos que sí no estuvimos muy equivocados. En su siguiente proyecto, Zwan (2001), su frustrado intento por remar en solitario (2005) y su reciente reencauche de los Pumpkins (2007), la antes sombría arquitectura corganesca, tan dulce y a la vez tan desgarrada, fue bañada por un luminoso sol, atravesada por un optimismo ingenuo y sobre todo, motivada por una cruzada que aún pretende engordar las filas del rebaño con cánticos que suenan tan conformes como… raros. Unas por otras. Corgan había perdido su touch, pero en el camino se había salvado. La música ya no era un tema de vida o muerte para él. Era, en efecto, un salmo.

Formada en 1988 en Chicago, la primera versión de los Pumpkins era una perfecta máquina de rock. Avivada por el combustible inagotable de este prodigio neurótico, obsesivo y atormentado, y movida por unos servidores que al final terminaron por rebelarse contra su tiranía (un monstruo de baterista, Jimmy Chamberlin; un guitarrista salvaje, James Iha; y una aplicada bajista, D’arcy Wretzky, más adelante remplazada por la ex Hole Melissa Auf der Maur), se trataba de un robustísimo artefacto musical que, sin concesión alguna, fue capaz de sumergirse en las profundidades más hostiles y de escalar las colinas más nobles de la naturaleza humana para describir, como el más preciso de los novelistas, al hombre en tiempos donde el hombre mismo estaba en jaque. Y por eso es una de las inmortales.

Sí, Smashing Pumpkins era una súper banda.

Desde 1991 hasta el 2000 Smashing Pumpkins grabó seis álbumes de estudio, recorrió el mundo varias veces y, en tiempos donde aún se venían discos, vendió millones y millones de copias, sobre todo, de su Mellon Collie and The Infinite Sadness (1995): un disco doble que, pronto y como bien lo vaticinó Corgan, se convirtió en el “The Wall de los 90”, con himnos como Tonight, Tonight, Bullet With Butterfly Wings y 1979. En el 2000, luego de un tour de despedida, el grupo dijo adiós para caer en un profundo silencio hasta hace algunos años, cuando a Corgan le dio uno de sus arrebatos y en un periódico de su natal Chicago publicó un aviso de página doble que decía: “Quiero de vuelta mi banda”. Aunque al llamado solo respondió el baterista original, Chamberlin (quien tampoco duró mucho en esta nueva etapa), siendo las otras plazas ocupadas por personajes cualquiera, bajo esta nueva encarnación Corgan ha sacado un disco, Zeitgeist (2007), y actualmente se encuentra regalando otro, Teargarden By Kaleidoscope, canción por canción, a través de la web y a medida que se vaya grabando.

Corgan está de vuelta y viene a Colombia.

¡Alabádlo!

¡Billy! ¿Cómo estás?

Pues bien, aunque ando con un dolor de cabeza terrible.

¿Guayabo?

No, no me tomo un sorbo de alcohol hace 10 años.

¿Por qué?

Para estar más cerca de Dios.

Me intriga mucho tu relación con Dios. ¿Cómo lo descubriste?

Cuando miro atrás en mi vida, digamos, antes de concentrarme en mi naturaleza espiritual, es decir, antes de los 33 años, me doy cuenta que Dios siempre estuvo ahí guiándome, lo que pasa es que yo era muy estúpido como para entender. Pero Dios tiene confianza en ti. Él sabe que tú vas a terminar entendiéndolo todo al final. Es por eso que yo no veo a Dios como un descubrimiento, lo veo más como una conciencia. Dios está ahí todo el tiempo y es nuestra labor entender eso que él nos está pidiendo que hagamos. En el sentido más simple, él solo nos está pidiendo que nos amemos, que apreciemos que tenemos la oportunidad de elegir, de hacer con nuestras vidas lo que queramos. Pero en un sentido más fino, él nos está guiando como espíritu, nos está haciendo chocar contra paredes de ladrillo, nos está metiendo y sacando de huecos para que podamos aprender las lecciones que debemos aprender para entender nuestra verdadera naturaleza.

A los 33 años entraste en contacto con Dios, la misma edad que tenía Jesús cuando fue crucificado. También hay una canción muy hermosa de Smashing Pumpkins que se llama 33. ¿Es un número importante para ti?

Es una buena pregunta… y sí, pienso en eso algunas veces. Cuando escribí esa canción tenía probablemente 27 años. Lo que yo no sabía entonces era que la banda se iba a acabar cuando yo tuviera 33. Entonces, sí, 33 fue una edad importante para mí. Finalmente, fue la edad en la que me tocó vivir la disolución de mi banda.

¿Y fue esa disolución la que te llevó a fortalecer tu vida espiritual?

Siento que simplemente me disparó en un viaje diferente. Mira: desde 1988 hasta el 2000, el amor número uno en mi vida era Smashing Pumpkins. Entonces, cuando cumplí 33 años y la banda se acabó, descubrí que era miserable, lo cual me resultaba muy confuso, porque en América, particularmente, siempre te dicen que la felicidad es ser famoso y millonario, pero no: yo era rico y famoso, pero miserable. Fue entonces cuando comencé a preguntarme por lo que me hacía realmente feliz. Lo primero que entendí fue que la naturaleza me hacía feliz. Estar con la naturaleza. Porque cuando estoy con la naturaleza me siento en paz, no siento que tengo que ser nadie ni hacer nada, no siento que esté defraudando a nadie. Solo me siento como el árbol y el río, en balance del Universo. Durante mucho tiempo, desde los 19 hasta los 33 años, estuve navegando un río tempestuoso a bordo de un bote sobre el que no tenía control. Lo raro es que siempre tuve el control, siempre pude abandonar el bote, lo que me costaba admitir era que me daba miedo, porque me daba miedo ser quien era sin la banda. No creía en esa persona. Entonces cuando finalmente la abandoné, tuve que comenzar a quererme a mí. No al Billy el de Smashing Pumpkins, sino a esa persona tonta que se rasca el trasero y ya.

A medida que evolucionaste espiritualmente tu sonido también cambió. ¿Sigue teniendo la música para ti el mismo significado que antes?

No. Antes era un asunto de vida o muerte. Ahora, simplemente veo la música como una celebración. Es por eso que aún toco canciones viejas, porque así estoy honrando mi pasado. No siento la necesidad de subirme al escenario a tocar determinada canción de antes porque si no alguien se molesta, no. Las toco para honrar algunos de los mejores momentos de mi vida. Es una mentalidad muy asiática, muy japonesa: moverte hacia el futuro sin perder de vista el pasado, pero sin dejar que éste te domine o te consuma. Y yo creo que esto es crítico. Si tú miras a muchos de los actos más viejos que siguen tocando hoy, su pasado los controla, y es por este motivo que son incapaces de hacer música brillante para el tiempo en el que están. Tienen miedo. Andan aferrados al pasado como si tuvieran miedo de algo. Yo siempre les digo a mis fans: “si quieren el pasado, no me lo pidan. Vayan a YouTube”.

¿Y entonces por qué reviviste a los Pumpkins y no seguiste solo?

Bueno… por dos razones. La primera: las cosas andan tan complicadas y se están moviendo tan rápido, que si la gente no reconoce tu nombre simplemente no te va a poner atención, entonces creo que la cantidad de energía que me tomaría crear el mismo nivel de atención de Smashing Pumpkins con mi nombre o con otro nombre sería simplemente demasiada, y en este momento yo realmente quiero enfocarme solo en la música. Y la otra razón, es que quería hacer música de Smashing Pumpkins otra vez. Entonces, fue una decisión fácil: quiero hacer música, quiero hacer música de Smashing Pumpkins y Smashing Pumpkins es el río más rápido en el que me puedo montar, entonces vamos, estoy listo. Nadie va a controlar el barco sino yo. Ya no voy a ser una víctima de la velocidad.

Hay una diferencia clave entre la primera y la segunda versión de la banda. En la primera, sufres. Ahora parece que no. ¿Cómo te sientes?

Estoy muy feliz. Soy tan feliz como nunca lo he sido jamás en mi vida adulta. De verdad, no me sentía así de feliz desde que tenía, probablemente, 4 años. Estoy en una buena relación con una mujer hermosa. Estoy muy feliz con la banda, nos divertimos mucho juntos, siento mucho apoyo de su parte desde que me subo al escenario hasta que bajo (lo cual no puedo decir de la anterior banda), en fin… hay mucho amor en mi vida ahora. Valoro mucho cada día con Smashing Pumpkins porque nunca pensé que iba a volver a estar en esta situación. Nunca pensé que iba a volver a tener éxito en mi vida musical. Igual, si se acaba mañana, estoy en paz con eso. Ya no es el centro de mi vida. Es solo el centro de mi vida musical.

Una reciente encuesta de la prestigiosa emisora Kroq determinó que Smashing Pumpkins es la mejor banda de los 90, muy por encima de otras como Pearl Jam y hasta Nirvana. ¿Por qué crees que tu banda definió esa década?

No lo sé. Obvio, las otras bandas son todas muy importantes, pero no se… Yo creo que una cosa que Smashing Pumpkins hizo bien fue que siempre hizo música, no solo para el presente, sino para el futuro. Siempre fuimos conscientes de que la música que estábamos haciendo iba a ser escuchada 10 años adelante, 20, 30… no sé si 100, pero sí por lo menos 20 o 30, entonces eso siempre estuvo presente a la hora de producir discos, de escribir letras, letras que pudieran traducirse en otros tiempos y tocar a otra gente, entonces creo que ahora la verdadera relevancia de la banda está saliendo a relucir. No fuimos necesariamente la banda más popular de nuestro tiempo, pero fuimos muy importantes, y mucho de lo que contribuimos a la música y las cosas que ayudamos a cambiar fueron ignoradas en ese momento porque no eran trendy. Y es que nunca fuimos trendy, ni lo somos. Pero mira, yo creo que está la persona que quieres ser y luego la persona que eres, y en muchos sentidos, Smashing Pumpkins, como entidad espiritual, estuvo siempre más cercana a lo que éramos como personas que a lo que queríamos ser, y eso conecta mucho con la gente. No siempre es glamuroso, pero creo que por eso mismo es que conectamos tan estrechamente con los chicos de clase media-baja. Ellos entienden que nosotros representamos algo mucho más cercano a sus vidas que otros, que solo ofrecen fantasía. Y muchas de las grandes bandas son muy buenas fabricando fantasía, pero, aunque es divertido y para eso es lo que es esto, la vida de la gente no es así. Mi banda fue única en la medida en que fue muy real.

A lo largo de tu carrera te haz adentrado en las profundidades del alma humana para explorar temas fundamentales como el amor y el dolor. En este punto de tu vida, ¿qué significan para ti?

Yo creo que el amor es estar en el momento, porque creo que Dios está en el momento, siempre. Esto siempre comienza con el amor propio. Mientras más te ames, más le puedes dar a los otros, y ese es el mejor regalo: cuando le puedes dar tu amor a los demás. Ahora, con respecto al dolor, siento que, aparte del dolor físico, que es algo muy difícil de manejar (particularmente cuando se trata de una enfermedad), el dolor psíquico, espiritual, tiene que ver con el ego tratando de controlar nuestro corazón. Creo, entonces, que ese vendría siendo el desafío mayor: apreciar la oportunidad que tenemos para combatirlo. Gran parte del dolor que he sentido en mi vida se debe a que me negaba a aceptar el plan que Dios tenía para mí. Antes siempre buscaba anteponer mi propio plan.

¿Y cuál es el plan que Dios tiene para ti?

En el momento, Dios quiere que esté en Smashing Pumpkins.

¡Gracias a Dios!

Jejeje… sí. Eso también quiere decir que Dios tiene sentido del humor.