Se encuentra usted aquí

Chávez Candanga

Por
Redacción Shock
Ese personaje folclórico en el que optó por convertirse el inamovible comandante, el mismo que con desparpajo le ofreció plata a Bush para socorrer a los damnificados del Katrina en Nueva Orleans y escogió como su nombre en Twitter @ChavezCandanga, es, tal vez, mi Chávez favorito.

Me gusta esta faceta, ante todo, porque en los últimos 60 años este país se ha encargado de dar vida a una serie de notables insípidos, todos con el mismo vestido, la misma corbata, divinamente educados, todos tan queridos, estériles y ajenos a su gente como podría serlo cualquiera de los presidentes gringos que buscan imitar. Las únicas excepciones son un ladino ultraderechista nacido en Engativá, que haciéndose pasar por bruto sistematizó legalmente la represión y un puritano insufrible que ni se viste bien, ni sonríe, ni va a cine, ni nada.

Chávez en cambio cantaba y hacía chistes, decía impertinencias sin temor a pasar por bruto; sin temor a serlo en verdad. “Candanga” es una palabra venezolana que traduce precisamente ese lenguaje, entre la lora de a diario y el chiste, el vacile. El solo hecho de que haya escogido esa palabra revela que se sentía uno más entre el pueblo raso. Cuenta la leyenda que un día se abalanzó a abrazar a la reina Isabel de Inglaterra, para saludarla. Los mismos que celebraron el “¿por qué no te callas?” que alguna vez le soltara el rey de España, se horrorizan con esta anécdota. Por eso creo que la candanga fue la mejor, la verdadera rebeldía de Chávez.
Publicidad