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‘Donde viven los monstruos’:Oda a los niños necios

Por
Redacción Shock

¿Es posible que la literatura infantil contemporánea alcance el pedestal de Caperucita Roja? Cuando el escritor Maurice Sendak le preguntó al director de cine Spike Jonze si podía llevar a la gran pantalla su cuento Donde viven los monstruos (Where the wild things are), recibió una respuesta desconcertante: “¿Cómo adaptar un poema?”.

Con un presupuesto de US$100 millones (cercano al de Shrek y Madagascar), Jonze partió para el sur de Australia con un equipo de producción de más de 150 personas y creativos arrancados de las márgenes de la industria de Hollywood.

Donde viven los monstruos no sigue el camino de búsqueda/encuentro, típico de los filmes infantiles anglosajones. Max, el protagonista, deja su hogar… pero no en una búsqueda concreta. No hay princesas que esperan. El único motor narrativo son las emociones encontradas de un niño. Durante siete años, el director de cine trabajó en esta oda a los niños necios, rechazada por Universal Studios, y que hoy representa una peligrosa jugada para Warner Brothers. Esta es la historia detrás de la película, un cuento infantil con más de diez millones de copias vendidas en el mundo.  En Colombia se espera su estreno para abril.

¿Adiós a la moraleja?

La prosa y poesía infantil han sido formas de diversión y, a su vez, herramientas pedagógicas y de transmisión de costumbres e ideologías. No es arriesgado afirmar que los cambios y tendencias de cada momento histórico repercuten en la producción literaria dirigida a los niños. A partir de la II Guerra Mundial, el mundo editorial no fue ajeno a la lección que dejaba una Europa semidestruida, el precio del nacionalismo. ¿Es el mundo en blanco y negro? La literatura infantil de posguerra (autores como Roald Dahl y Maurice Sendak) decidió cambiar los personajes políticamente correctos para dar lugar a la diversidad, la moraleja del cuento tradicional bajo un nuevo concepto narrativo.

La valoración de las habilidades intelectuales del niño (en el constructivismo, de Jean Piaget, por ejemplo) y de los vínculos de la experiencia infantil con la vida adulta (Sigmund Freud), redimensionó su importancia como actor social: confiando en su capacidad de lectura independiente, y en su habilidad para establecer una relación interpretativa directa —sin el adulto— con el texto literario.

Existe una conexión a través del tiempo entre tradición oral y literatura, evidente en la religión, mitología y literatura de Occidente, y que la antropología denomina “contraste binario”: el desvelo de una posición moral, a través de la presencia de dos temas o elementos diametralmente opuestos. Bien afirma el escritor español de cuentos infantiles, Fernando Alonso: “… hay un momento en que no se le pide —al autor— ya que haga buena literatura, sino que asuma las funciones de amanuense anónimo o las responsabilidades de maestro y pastor de almas”.

Donde viven los monstruos deja atrás la moraleja clásica y su componente de contraste binario bien/mal, que viaja de Esopo a Charles Perrault, Hans C. Andersen y los hermanos Grimm. Los personajes de Sendak transgreden los comportamientos ajustados a los condicionamientos sociales establecidos por la cultura de este lado de orbe.

Max, pequeño Ulises

Esta es la historia de Max, un niño que vive una fantasía en su habitación. Al comienzo del cuento, el protagonista se la pasa haciendo necedades en la casa. Su madre lo regaña: “¡Criatura salvaje!” y Max le responde: “¡Te voy a comer!”, por lo cual debe ir a la cama sin cenar. Es el relato de los alcances de la imaginación de un niño, encerrado en su habitación, cuyo regreso a la realidad sólo obedece a la sensación de hambre… que es el mismo deseo de volver a su madre. Max viaja a una isla donde viven los monstruos, a los que doma y no teme. Su periplo es el de Ulises, es la odisea de un niño; y la madre de Max representa la figura de Penélope (soñada, anhelada por el protagonista), cuyo acto de espera en lugar de tejer es preparar la sopa para su hijo viajero.

El concepto original del libro presentaba dibujos de caballos. Cuando la editora le advirtió a Sendak que sus ilustraciones equinas no eran de muy buena calidad, el autor optó por monstruos, basados en la caricaturización de sus tíos, a quienes había estudiado desde la adolescencia, cuando viajaba a visitar a su familia, en Brooklyn. Desde su primera publicación, en 1963, Donde viven los monstruos despertó polémica por el comportamiento políticamente incorrecto de Max, y por las ilustraciones, realizadas por el mismo Sendak, entre míticas, aterradoras y burlescas.

Max, disfrazado con un traje de lobo, encarna los sueños y profundos deseos de transgresión de los niños, en un relato estrechamente ligado al psicoanálisis infantil. En la obra The Child That Books Built (El niño que los libros construyen), Francis Spufford define este cuento como “uno de los pocos libros ilustrados que logran un uso deliberado y bello de una historia psicoanalítica de rabia”.

En el discurso de agradecimiento de entrega del premio Caldecott, en 1964, Sendak comentó: “Suele pasarse por alto que en la primera infancia los niños conviven con emociones perturbadoras… que el miedo y la ansiedad son parte intrínseca de sus vidas diarias… y que constantemente se enfrentan a frustraciones. Es mediante la fantasía que los niños logran hacer catarsis. Es la mejor herramienta que poseen para domar a los monstruos salvajes”.

En 1966, declaró para The New Yorker que Donde viven los monstruos fue un “exorcismo personal”, y que Max es su creación “más verdadera”. La fuerza narrativa del texto y de las imágenes eyectó al cuento del papel impreso: en 1973, Gene Deitch dirigió un corto animado. En 1988, se realizó otra adaptación por Krátký Film, en Praga. Entre 1980 y 1985, Sendak trabajó en una ópera infantil, basada en su obra, con el compositor británico Oliver Knussen (se interpretó en Bruselas, Londres y Estados Unidos).

El absurdo Spike Jonze

Tras el fenómeno de Pulp Fiction (1994), y hasta comienzos de este siglo, las películas no convencionales parecían ser prometedoras, en un Hollywood que le abría las puertas a directores independientes como Spike Jonze, David O. Russell y Alexander Payne. A principios de 2009, Jonze estaba en Japón, dirigiendo un comercial protagonizado por Brad Pitt y un luchador de sumo. Al director de cine, de 39 años, ex esposo de Sofía Coppola, se le ve pasar por las calles glamurosas de Hollywood en una Vespa.

Conocido en nuestro medio por Cómo ser John Malkovich (nominada a tres Premios Oscar, incluido Mejor director) y Adaptation (nominada a cuatro Oscar), Jonze se ha hecho un nombre a punta de originalidad y sentido del humor, basado en el absurdo.

Tres veces ganador a mejor director de videos musicales, en los Premios MTV, estudió en el Pratt Institute, de Brooklyn; pues las mejores academias de cine de su país, U.C.L.A., CalArts y N.Y.U. jamás lo aceptaron. El director, cuya infancia fue permeada por La Guerra de las Galaxias, reconoce que Donde viven los monstruos es el proyecto cinematográfico “más personal” de su vida. Y es que, como Max, Jonze habita en un mundo que, según Maurice Sendak, “brinca de la fantasía a la realidad, con la convicción de que ambas existen”.

Sí, Donde viven los monstruos es el Caperucita Roja de la literatura infantil contemporánea, por motivos como su fuerza narrativa y poder de recordación; pero con una diferencia fundamental: Sendak tiene la certeza de que en la imaginación no anida la vulnerabilidad del niño… sino su mayor fortaleza.

Quién es Maurice Sendak

Maurice Sendak es un escritor de libros infantiles, de ascendencia polaco-judía, nacido en 1928, en Brooklyn, Nueva York. A los 12 años, después de ver Fantasía, de Walt Disney, decidió convertirse en caricaturista. Al culminar la secundaria estudió pintura, composición y dibujo en la Art Students League (Nueva York), mientras diseñaba vitrinas comerciales.

Sus primeras ilustraciones fueron publicadas en 1947, en Atomics for the Millions, escrito por Maxwell Leigh Eidinoff. Sendak pasó gran parte de la década de los 50 dibujando para libros infantiles, antes de escribir sus propias historias: en 1952 ilustró A Hole is to Dig: A First Book of First Definitions, de Ruth Krauss, que lo lanzó a la fama como ilustrador. Kenny's Window (1956), fue su ópera prima como autor de texto con ilustraciones propias.

Donde viven los monstruos ha obtenido galardones como la Medalla Caldecott (1964) y los premios de The New York Times (1982), de la Biblioteca del Congreso (1981), y a los Libros Infantiles de la Biblioteca Pública de Nueva York (1981). En 1970, Maurice Sendak recibió el Premio Hans Christian Andersen (reconocido como el Nobel en Literatura infantil) como Mejor ilustrador.