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El 2008 y la música

Por
Redacción Shock

La venganza de los clásicos
No estaban muertos, andaban de parranda en el estudio: Metallica, Oasis, AC/DC, Guns N’ Roses y Madonna nos hicieron sentir en un deja-vu con sus nuevos álbumes. Hace quince años las canciones más sonadas y los discos más vendidos pertenecían a los mismos cinco artistas que este año llamaron más la atención.

AC/DC, sin igual y siempre igual, congregó un ejército de fanáticos –sorpresivamente, muchos apenas púberes– el día del lanzamiento de su Black Ice, un compendio de nuevas canciones que podrían haber sido éxitos en 1988 pero que encontraron su gloria en la era más impredecible de la música. Otros hermanitos, esta vez los de Oasis, retomaron un sonido tan noventero que, tal vez sin proponérselo, opacaron al excelente Accelerator de R.E.M., con una furia armoniosa que puso a su Dig Out Your Soul entre los mejores álbumes en la historia de la banda británica.

Aunque nadie notó mucho los tres años que pasaron entre Confessions on a Dance Floor y Hard Candy, la imparable Madonna volvió a asesorarse de los genios del hip hop contemporáneo (Timbaland y Pharrell Williams encabezando el cartel) para traer un amasijo ochentero y fiestero, con sutiles críticas al mundo actual. El éxito de sus videos, sus trusas y sus sensuales piernas sólo fue superado por la noticia de su divorcio del cineasta Guy Ritchie.

Después de una década de críticas y un creciente descontento de sus fanáticos más radicales, Metallica regresó a la cima del metal con Death Magnetic. Sencillos de 8 (sí, ocho) minutos, guitarras latosas y solos ultrarrápidos, el bajo salvaje de Robert Trujillo –que, en realidad, no se escuchó en Saint Anger– y la producción impecable del Rey Midas postmoderno, Rick Rubin (el que hizo famosos a Slayer, Beastie Boys y Red Hot Chili Peppers, entre muchos otros), componen uno de los álbumes más sorprendentes del año.

Finalmente, después de quince años de espera, llegó Chinese Democracy, el primer álbum en estudio, de temas originales, de Guns N’ Roses desde Use Your Illusion. Críticas encontradas, un sonido que parece más Godsmack que “November Rain” y ventas sorprendentes en la era iTunes, hacen de este un trabajo que no se puede ignorar. Gústele a quien le guste, el zombi Axl Rose sigue moviendo sus cuerdas vocales con la ira que lo hacía hace 20 años.

Otros sucesos discográficos
Por el lado latino, hay que nombrar rápidamente los trabajos de Calle 13, el Unplugged de Julieta Venegas, Reptilectric de Zoé y La luz del ritmo de Los Fabulosos Cadillacs. Desde “reggaeton inteligente” hasta electrónica elaborada, pasando por la cumbia villera y acordeones norteños, este año demostró que la diversidad del continente no está sólo en las banderitas del mapa político o las caderas tintineantes. También hay que resaltar la aclamación –tal vez la palabra sea “sobreexposición”– a Juanes y la consolidación de Nacional Records –con su creciente catálogo en español– en el mercado anglo.

Por su parte, y a pesar de las demandas de plagio, Coldplay sigue tras los pasos de U2, buscando el estandarte de “la banda más grande del mundo”. Viva la vida, con su pop amable y su voz tristona, puso a la banda de Chris Martin en el centro de las miradas. Habrá que esperar si el próximo álbum los ratifica o si, por el contrario, Coldplay se queda en la lista de artistas que han muerto en el intento de hacer digerible a Radiohead.

Más allá de las descargas
Las emisoras web no son una novedad, tampoco el tema de la inteligencia artificial, las redes sociales y el “genoma musical”. Pero fue en 2008 cuando Last.fm, combinando todos esos términos, superó con creces a plataformas como Pandora –que no tiene nada que ver con las mexicanas del popurrí de Juan Gabriel–. La industria sigue obteniendo dividendos al cobrar una pequeña tarifa por los derechos de difusión o al conseguir que algún fanático compre discos en Amazon, los oyentes pueden pasar horas escuchando música gratis sin piratear y todos los artistas –independientes, muertos o famosos– tienen la oportunidad de ser escuchados en cualquier lugar del mundo. Esta es una forma de perder el tiempo mucho más constructiva que Facebook, necesaria para que los melómanos estemos actualizados y podamos escoger lo que más nos acomoda sin tener que cargar un disco físico o llenar el disco duro con MP3.

Colombia, escala de las giras mundiales
De repente, Bogotá se convirtió en una plaza de conciertos internacionales. Antes no venía nadie y este año vinieron muchos músicos a la vez. En cuestión de tres semanas –entre octubre y noviembre– en la ciudad se anunciaron más de diez espectáculos: desde Nine Inch Nails hasta Duran Duran, pasando por Andrés Calamaro y Kylie Minogue, cubriendo gustos muy distintos con R.E.M. en la misma semana de Judas Priest y Rock al Parque. Un poco saturado, aunque es una buena noticia que la ciudad cobre relevancia como plaza para el rock y sus distintas vertientes.

Sin embargo, ¿existe un escenario realmente adecuado para estos espectáculos? Seguramente no. En el Coliseo el Campín existen serios problemas de acústica y amplitud, y en otros lugares generalmente hay líos de logística que nos dejan en una situación precaria: los problemas técnicos por los que se canceló NIN se deben en parte a eso y a la baja venta de boletería, mientras que, por sólo citar un ejemplo, The Mars Volta no se escuchó nada bien. No sólo se trata de tener una buena oferta, hay que llamar la atención de los empresarios para conseguir espectáculos de verdadera calidad.

A mojar el esqueleto en Rock al Charco
Llueva, truene o relampaguee, Rock al Parque no deja de ser el mejor concierto en Colombia. Lamentablemente, el tema del invierno este año fue demasiado serio y varias presentaciones se tuvieron que interrumpir o reprogramar, pero el público no dejó de asistir y soportó el frío y las inundaciones como si se tratara de la celebración del Hombre Caimán en Plato, Magdalena. Las presentaciones de Doctor Krápula, Koyi K Utho y Masacre, por el lado nacional, calentaron al Parque Simón Bolívar. Por el lado internacional, Babasónicos, Sargento García, Paradise Lost, Carcass, Black Rebel Motorcycle Club y Bloc Party, pusieron a este festival gratuito al nivel de los eventos más importantes del mundo. Al final, además de la excelente música y una organización mejor que la de los conciertos pagos, se destacó el público, dejando un balance de tolerancia y respeto que le calló la boca a todos los detractores de Rock al Parque.