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En busca de un estilo sin nombre

Por
Redacción Shock
El juego de palabras de Blur en su canción Boys and girls (2000) que profesaba: “Girls who are boys, Who like boys to be girls, Who do boys like they`re girls, Who do girls like they`re boys”, hoy en día parece concretarse en el simple: Chicos que lucen como chicas que a la vez lucen como chicos y chicas que lucen como chicos que lucen a la vez como chicas. Al final, chicos que terminan pareciéndose todos a lo mismo.

Con más frecuencia, por las calles de las ciudades asistimos al encuentro de algunos que parecen Robert Smith (cantante de la legendaria agrupación The Cure) exhibiendo sus pelos asimétricos y los ojos delineados, pero con una mezcla de elementos que hasta el mismo Smith, tan particular en su vestir, encontraría indefinible y tal vez hasta inconsistente.

Con un vestuario hecho de cadenas, camisetas ajustadas y cortas que pueden mutar entre el rosa y el negro, estampadas con íconos de la cultura popular; muchos tenis Vans y jeans ajustados que demarcan figuras delgadas y andróginas que podrían igual ser femeninas o masculinas. Un maquillaje que en inglés se conoce como ‘smoky eyes’, estilo que se logra con delineadores negros alrededor de los párpados, que retoman los ojos de las chicas parranderas que pierden, gracias al efecto del sudor y la vigilia prolongada, el lugar donde pusieron su pestañina. Y un peinado que podría resumirse en corto y asimétrico atrás, con mechones largos hacia adelante que ocultan una parte de la cara y hacen que un ojo desaparezca, como suele hacerse en los muñecos del cómic japonés. Con todos estos elementos se construyen un… ¿metalero?, ¿un punquero?, ¿un seguidor del new wave?, ¿un gótico? ¿un….?

Lo que hace tan particular este estilo es que, como nunca antes, esta moda bebió de tantas tendencias musicales a la vez, y además extendió sus influencias y referencias hacia cualquier forma de expresión artística y emocional alternativa e independiente a la corriente del mainstream (cine, literatura, cómic, skateboarding, graffiti).

Si desentrañáramos a un fiel exponente de este ‘anónimo’ estilo, en sus características estilísticas más profundas, encontraríamos sin duda elementos que íconos de la moda y del rock han popularizado en otros tiempos.

El glamour polifórmico al que apelaron David Bowie, Prince, Billy Joel Amstrong, y más recientemente los líderes de bandas como My Chemical Romance, Panic! At The Disco, 30 Seconds to Mars, Fall Out Boy, AFI, Alexisonfire, Alkaline Trio, From First to Last, Funeral for a Friend, Senses Fail y Something Corporate, entre otras, con sus maquillajes y sus experimentaciones con el esmoquin y las corbatas, de nuevo se vuelve un lenguaje estético en las calles y hace que los lápices negros y delineadores de colores ya no sólo estén en el ajuar de las chicas.

En cuanto al peinado, un estilo típico se daría si se mezclaran en una cubeta un 15% de Kurt Cobain, un 35% de Eduard, el joven manos de tijeras, un 25% de David Bowie y otro 25% de Boy George (no sólo por su mechón sobre la cara, sino para que le añada a todo esto algo de feminidad). Y en cuanto al tipo de pantalones y camisetas que se utilizan, no tendríamos más que llamar a los grandes protagonistas del punk para ver en su delgadez forrada de índigo desgastado y de algodón rasgado el mejor ejemplo de que ésta sí que no es una moda nueva.

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Música emocional, algo de dolor, feminidad, y sobre todo muchos cortes despeinados e irregulares que requieren horas frente al espejo. Tal vez la clave esté en que este nuevo estilo, que inunda la ciudad, no llega a crear un concepto tan estricto de tribu urbana como ocurre con otros estilos como el punk, el hip hop o el rock, que generaron a su alrededor estéticas y filosofías canónicas, oposiciones radicales a otros grupos (que ayudan a formar la identidad de la tribu por oposición) y límites visuales y del vestir regidos por unos códigos intocables.

Cualquier entendido en moda diría que estamos asistiendo a la materialización misma del "bricolage", un término tomado del francés (del verbo bricoler) que resulta el equivalente de la frase en inglés ‘do-it-yourself’, tan famosa en los años del punk. En su acepción más simple, un bricoleur es una persona que colecta información muy variada y recoge elementos disímiles, que no combinan entre sí, y luego los pone todos juntos en una forma completamente original. En la corriente de Estudios Culturales, el bricolage es usado para nombrar el proceso por el cual la gente adquiere objetos de diferentes divisiones y grupos sociales para crear nuevas identidades culturales. Y esto es lo que pasa con los que portan “este estilo”, que toman de la moda indie, del punk, del grunge, del pop y del rock alternativo independiente diferentes objetos identificadores.

Así que no nos empeñemos en darle un nacimiento único a esto, porque, como resulta evidente, de lo que en últimas se ha tratado es de recoger muchos elementos que en otros tiempos tuvieron un significado propio dentro de algunas tribus, pero que ahora se ven despojados de él para convertirse en los elementos de un nuevo look. Y es por eso, quizás, que especialmente dentro de la moda, este look no se puede circunscribir actualmente a las influencias de la música emocore, ya que han entrado a formar parte de éste otras corrientes de la contracultura y de la moda popular contemporánea.

Lo cierto es que con el impacto que este estilo ha empezado a tener en la moda mainstream (que hace que editoriales completas de publicaciones que se ocupan del glamour y lo trendy sean dedicadas a esta tendencia) de seguro todavía habrá mucho de este look que fusiona lo emocional, lo oscuro y fashionista.

¡Seguirá! y antes de que pase sin nombre por la historia, son sus portadores, esos que lo alardean en las calles y que gracias a él conquistan adeptos en los conciertos, los que deben bautizarlo. Bienvenidos sean sus nombres en www.shock.com.co para nominar a éste, un estilo hecho de retazos.