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Falcao, a buena hora te fuiste

Por
Redacción Shock

¿Eso hubiera pasado si se quedaba en Colombia? ¿Ese fenómeno habría despuntado en nuestras tierras, en las frondosas troneras que aparecen cada instante en los no muy verdes campos del rentado local? Desde esta tribuna lo dudamos. De permanecer por estos lares, seguramente el destino se encargaba de estropear el mejor proyecto de futbolista que ha nacido en estas tierras.
No es pesimismo a ultranza ni A menos. ¿Cómo pedirle a Falcao precisión en un remate de gol en el Estadio Eduardo Santos de Santa Marta? El naciente delantero tropezaría una y mil veces con el morrito que desvía pelotas en ese campo cuando el balón está a punto de cruzar la línea. Y le pasaría mucho. Una cosa es hacer goles en el Monumental de Núñez y otra en el coliseo samario. O en cualquier cancha de nuestro país.

Tal vez tampoco sería delantero: quién sabe si su inclinación lo condujera a seguir la herencia de su padre, Radamel García, un recio defensor que anduvo por Medellín, Santa Fe, Bucaramanga y Unión Magdalena, que peinaba canillas de los adversarios con sus taches afilados y que respingaba narices a punta de codazos cuando había pelotas aéreas divididas. Tal vez Falcao sería el zaguero central que Colombia necesita. Pero nadie sabe. Quizás hubiera insistido en eso de ser goleador criollo. Y ya se sabe cómo son los artilleros en esta nación.

De haber hecho su bachillerato futbolístico en canchas colombianas, Falcao habría aprendido a lanzarse de clavado en el área, ante cualquier roce del defensa contrario. De no haber migrado a temprana edad, Falcao, como cualquier futbolista colombiano, tendría los fundamentos de arte dramático suficientes como para simular una traqueotomía tras cualquier leve roce de un rival si la orden desde el banco es quemar tiempo. Pero sobre todo, y seguro lo han notado, comenzaría todas y cada una de sus respuestas a la prensa con un “no arrastrado”. ¿Falcao, aspira a ser el goleador de esta temporada? “Nooooo, sí, por supuesto”.

De haber adquirido los modales del futbolista promedio de esta tierra, Falcao ya habría renunciado al menos dos veces a la Selección y habría tenido que asomarse a la portada de Tv y Novelas a negar un supuesto romance con Maleja Restrepo. Pero sobre todo de haberse formado en Colombia, todos los pases que le hicieran le rebotarían primero en el pie, todos los cambios de frente lo pondrían a correr de para atrás, cual émulo invertido de Benny Hill.

Y es que hizo bien Falcao cuando decidió irse tan joven. Así evitó, por ejemplo, que cada vez que hiciera un gol al lunes siguiente tuviera una horda de reporteros tomando tinto en su casa y listos a registrar hasta el más mínimo detalle, desde los cajones del samovar hasta el sótano donde guarda su kit ‘Sea pintor en una semana con Bob Ross’. Pero no. Le hizo el quite a ese destino y hoy es campeón de Portugal, de la Liga de Europa y los espacios interiores de su hogar son tan inaccesibles para los colombianos como las declaraciones de renta de Tomás y Jerónimo.