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Festival Altavoz 2011 cerró el telón

Por
Redacción Shock

La octava edición del Festival Internacional Altavoz, evento organizado por la Alcaldía de Medellín, apagó sus amplificadores, distorsiones y monitores, quedando sólo a la espera de la futura versión en 2012.

Bajo el eslogan ‘Altavoz cuida el planeta’, esta edición que se realizó los días 15, 16 y 17 de octubre en la Cancha Auxiliar del Estadio Cincuentenario,  ratificó el recital como un evento clave en el desarrollo el talento de Medellín y Antioquia;  por eso, Shock estuvo presente una vez más y en las siguientes líneas pasa revista a la ya histórica octava versión del  festival de rock paisa que, entre otras cosas, deja diversas sensaciones: profundas alegrías, serias preguntas y un importante compendio de aprendizajes para tener en cuenta en las futuras ediciones.

Cartel
El insumo por excelencia de Altavoz y de cualquier festival en el mundo es la música: su materia prima. 

Con un total de 34 agrupaciones entre locales, nacionales e internacionales, los sonidos, como ha sido característico en este parche destinado para el canto, el pogo y el baile, permitieron que el punk, el metal, el industrial, el ska, el reggae, el hip hop y la electrónica –por citar algunas tendencias reconocidas-, estuvieran presentes; sin embargo, más allá de la posibilidad de diversidad musical, hay puntos que vale la pena destacar, como son el poderoso y digno regreso de Juanita Dientesverdes, con un performance en el que con un desnudo artístico, Guido Isaza, su vocalista, hizo un llamado sobre el autocuidado y el cuidado del planeta; su desnudez simbolizó un cuerpo sin caparazón, pues según él, “la tierra no tiene uno que la proteja”.

Sumado al show de JDV, que marcó uno de los 3 regresos a escenarios de bandas históricas del rock antioqueño y que se dieron en Altavoz 2011, también volvieron al circuito musical los metaleros de Eternal y la corte industrial de NeUs.

Una novedad destacable fue la renovación del cartel local: de las 23 bandas que lo integraron, 20 nunca habían estado en el recital internacional.  Entre los locales destacados, además de los mencionados, se encuentran los electro-disciplinados y fiesteros de  Mr. Bleat; la arriesgada MaryHellen con su hip hop expansivo; Tejemanejes y su seguridad escénica; GP y Desadaptadoz con su punk callejero y cronista de ciudad; el aire gitano de El imperio de los sueños; finalmente, Morbid Macabre, proyecto paralelo de Alex Oquendo de Masacre, una potentísima descarga de metal.

Nacionales
El cartel nacional cumplió con creces: el hip hop directo de Diana Avella, el kilometraje acumulado de Superlitio, la idiosincrasia sonora en las letras mordaces de Velandia y la Tigra, la entrega de Alfonso Espriella, la trayectoria y madurez de las 1280 Almas y la arrolladora energía de Skampida, demostraron que la música nacional sigue creciendo.

Las internacionales
Si bien los participantes de la casa se renovaron, el cartel internacional deja un sinsabor pues son pocas las bandas internacionales de géneros afines al rock que se presentan en Medellín, siendo Altavoz algo así como una esperanza para los artistas extranjeros que el público añora.  Por eso hay que decir que excepto The adicts, tanto Molotov como Bajofondo y Plastilina Mosh ya se habían presentado en la ciudad, lo cual genera la pregunta sobre el cartel: ¿no es importante presentar bandas actuales y que puedan aportar al desarrollo sonoro de la ciudad?  El cartel internacional de Altavoz de las bandas de renombre –si bien hicieron la tarea- no propuso novedad a excepción de la teatral y poderosa presentación de The Adicts, sumado a los proyectos independientes  Descomunal (Ecuador) y Avulsed (España), quienes representaron, respectivamente, los sonidos clásicos del hard core metal y el death metal.
Los que gozaron.  La alegría, el buen comportamiento y una onda cool, siempre han sido finos detalles del público asistente a Altavoz que está integrado en su mayoría por jóvenes entre los 14 y los 25 años de edad; precisamente,  el festival este año se nutrió con asistentes de Bogotá, Manizales, Ibagué y de los paisas que juegan de local, sumando en total sesenta mil asistentes, lo que representa un ostensible bajón en la convocatoria pues en años anteriores se han seducido los oídos de sesenta y ocho mil y hasta setenta y cinco mil personas.

La organización
Durante 7 de las 8 ediciones, Altavoz se ha realizado en la Cancha Auxiliar del Estadio Cincuentenario, lugar que sin duda cerró un ciclo este año pues las rutas de evacuación nunca han sido las óptimas, el pantano este año regresó y el piso provisional dejó espacios sin cubrir en la cancha, los accesos se redujeron implicando que, como dice David López, uno de sus asistentes, “nos obligara a hacer una fila de dos horas y cuarenta minutos para entrar”.  Esa lenta circulación, degeneró por primera vez en enfrentamientos entre la Policía y el público que quería ingresar a ver a Molotov, la única banda que logró llenar el escenario durante las tres jornadas. 

Lo mejor
El tesoro de Altavoz sigue siendo su público.  Durante los tres días no se escuchó un solo abucheo de parte del público contra artista alguno; las tres jornadas, que estuvieron pasadas por lluvia, nunca amedrentaron al público.  Incluso, el día de cierre con Bajofondo, colectivo que con Gustavo Santaolalla a la cabeza entregó un acto impecable al igual que Molotov  –Plastilina Mosh decepcionó por su show ligero, sin alma, y por un repertorio lleno de covers flojos -, diez mil personas se quedaron aplaudiendo y alentando al grupo hasta el último minuto de su show que terminó a las 1:32 a.m. del martes 18 de octubre.

Lo que se viene 
Altavoz, un proyecto de fortalecimiento de la diferencia y de respeto por la vida tan querido en Medellín y Antioquia, hay que cuidarlo desde la curaduría, la programación y el trato a los asistentes, hasta en la generación de ambiente de festival en la ciudad; de hecho, es modelo para muchas ciudades del país.  Por eso, si bien el evento salió a flote este año, hay que mejorar y crecer, pues se acercan los nueve años de Altavoz, casi una década, y los avances tanto en el festival como en su alcance de fortalecimiento del circuito musical local debe ser evidente.

Después de ocho ediciones no desaparece la voz, aquí está para cantar al unísono: Altavoz