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Floggers: somos una moda, no una tribu urbana

Por
Redacción Shock

“Espejito, espejito, ¿quién es el más bonito?”, pregunta un nuevo grupo de chicos a un espejo hecho de pixeles y de respuesta inmediata a través de un clic llamado la flogosfera. Hedonismo, música electrónica, colores ácidos y androginia se mezclan para darle vida a una secta que se gestó en lo virtual y luego dio un salto hacia las calles: los floggers.

Herederos de Narciso, un joven griego que enamorado de sí mismo se ahogó en un estanque tratando de alcanzar su reflejo, o quizás siguiendo el legado de la bruja de Blanca Nieves, quien preguntaba a su espejo mágico si era la mujer más atractiva del reino, estos jóvenes de anatomía delgada y flequillo le preguntan al gran alquimista y nigromante de las tres www (world wide web) qué tanta belleza poseen y cuál es su grado de cheveridad para encajar en un mundo que privilegia las bebidas light, el pan integral, The Simple Life y las respuestas de reinado.

Provenientes de Argentina y traídos al mundo en el 2005 por una cigüeña cibernética, esta precoz comunidad encuentra en www.fotolog.com una madre sustituta, para la cual, como buena progenitora, no hay hijo feo. El Fotolog es algo así como una bitácora fotográfica, un blog hecho a partir de fotos en el que publican diariamente una. Bajo el lema: “Share your world with the world” (“Comparte tu mundo con el mundo”), esta red social se extiende por todo el planeta y cuenta en la actualidad con cerca de 24 millones de personas afiliadas, de las cuales 4.8 millones son argentinas y chilenas, y 47.889 son colombianas.
En algunos países del Cono Sur, el

Fotolog es la plataforma virtual más popular para entregar una cuota de intimidad al mundo y, por supuesto, para conseguir amigos. Su notoriedad y su índice de uso son aún mayores que la del gran señor Facebook, el musical MySpace o el esnob y medio hippie Flickr. Sin embargo, hay que aclarar que no todos aquellos que tienen un flog son floggers. Para convertirse en uno de éstos o para ser un ‘flogger glam’ (“glamuroso”), como algunos los llaman, hay que asumir cierto estilo, una manera de hablar y escribir y, sobre todo, de participar en los encuentros que se organizan a través de la misma red.

En Argentina, por ejemplo, los floggers se han convertido en todo un fenómeno fashionista, musical, lingüístico y social. Su estética colorida y andrógina, su amor por los beats electrónicos, su baile electro, su filiación con grandes marcas de ropa como Nike, Converse o Adidas, su lenguaje lleno de emoticones, contracciones y palabras sin sentido, y un tanto de explosión hormonal, los ha convertido en un grupo de referencia en el país gaucho e infortunadamente en el nuevo receptáculo de la violencia de otros grupos juveniles que no comparten su estilo, música o postura.

“Nadie puede explicar bien cómo fue que explotó la cultura flogger, cómo fue que se hizo tan masiva… Supongo que la clave está en algo que siempre existió y que siempre va a existir más allá del Fotolog: el origen de todo esto es tan simple como querer tener amigos, relacionarte y divertirte con ellos”, dice Agustina Vivero, una joven argentina de 17 años, más conocida en el mundo de los flogs como ‘Cumbio’, una de las precursoras y grandes líderes de esta tendencia adolescente.

Sin una belleza exuberante que la haga merecedora de la portada de algún cuaderno y sin una habilidad excepcional como poseer una gran voz o hacer música virtuosa, esta chica conjuga, en el empaque de Mafalda, el alma rockera de Cyndi Lauper, la astucia de la Chilindrina y la capacidad de negociación de Donald Trump. Un cóctel molotov con el cual se abrió paso entre una juventud idéntica a la que le enseñó su nickname con la lengua afuera: “Cumbio”, del cual ha hecho toda una marca. Patrocinada por Nike, quien la viste y le paga 15.000 pesos argentinos (cerca de 5.000 dólares) por hacer parte de sus campañas publicitarias, y requerida en muchos bares de Buenos Aires, esta chiquilla hace evidente que adonde su flequillo de colores se dirige, fanáticos y dinero la persiguen.

Treinta mil page views por día y 2.451.968 desde que abrió su Fotolog en el 2005, la convierten en uno de los personajes más buscados por internet en Argentina y le dan las credenciales necesarias para convertirse en un GoldCam de dicho portal, algo así como la crema y la nata de este tipo de espacios cibernéticos, los cuales les permiten a sus miembros premium subir hasta seis fotos por día, cuando la capacidad normal que tienen los demás parroquianos es de una sola. Su fama es tal que en el 2008 la editorial Planeta publicó un libro sobre su ajetreada vida como flogger llamado Yo Cumbio.

En esta publicación, Agustina muestra la vida de una chica que se ha vuelto extraordinaria haciendo evidente lo ordinario que tiene la vida de un adolescente de 17 años. Problemas académicos, exploración de la sexualidad, inquietud por la moda, visiones políticas y religiosas, un amor profeso e incondicional a sus amigos y a su novia, Marulina, según ella, el amor de su vida. Pero sobre todo, su relación con un confidente y buen amigo, que se ha hecho su ventana hacia el mundo, como lo es internet.

Esta chiquilla que hace evidente en su libro que en algún momento llegó a sentirse Evita Perón, tan popular que hacía que las niñas lloraran cuando llegaba al Abasto (un centro comercial en el que se reúnen los floggers porteños) y a quien la madres agradecen por ayudar a reestablecer la conexión con sus hijas, ha sacudido la escena cibernética, social e incluso sexual de su país.

Una oración a esta deidad mediática, de chupines y gafas de plástico, deja en claro las dimensiones del fenómeno que encarna esta adolescente: “Madre Cumbio que estás en el Abasto. Directo a effes va tu nombre. Vengan a nosotros tus comentarios. Hágase tu voluntad en Pinar como en el Abasto. Danos tu posteo de cada día y perdona si no posteamos”.

Hija de un plomero y un ama de casa humildes, ‘Cumbio’ ha pasado por lo divino y lo mundano e imparte, como si de un profeta se tratara, lecciones de vida y moralejas: “Con el libro listo, solamente me va a faltar plantar un árbol y tener un hijo (risas). Además, el Fotolog ya lo tengo, así que no necesito hacer mucho más para irme tranquila de esta vida”, dice la chica en las páginas iniciales de su libro, un fenómeno editorial en su país natal y una perla que en el nuestro aún no es posible apreciar.

Además, como pitonisa de los floggers y vocera de los adolescentes, a Agustina no le tiemblan la mano ni la lengua para hacerse oír. Acosada constantemente por los medios de su país y expuesta al escarnio público por su condición homosexual, expresa: “Yo lo que creo es que, si tienen tanto morbo por saber qué hace un adolescente con su vida sexual, podrían preguntárselo a sus hijos”. Finalmente, y pese a la gran fama que tiene, se describe de manera particular: “Soy una celebridad ‘queni’: que ni baila, que ni canta, que ni actúa”.