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Geoffrey Rush, un señor pirata

Por
Redacción Shock

Aunque fue nominado recientemente a un Oscar de la Academia por su magistral interpretación de Lionel Logue, un terapeuta de lenguaje que se hace amigo entrañable del rey Jorge VI de Inglaterra en la cinta El discurso del rey, tal vez es su personaje del capitán Héctor Barbossa en la saga de películas de Piratas del Caribe, cuya última entrega, En mareas misteriosas, está a punto de estrenarse en nuestro país, con el que el australiano Geoffrey Rush se hizo gigante en el mundo.

“Realmente me pareció emocionante cuando supe que iba a seguir interpretando al pirata, primordialmente porque es fascinante trabajar con Johnny Depp”, dice Rush sobre Barbossa. “Siempre encontré en la dinámica entre este y Jack Sparrow un conflicto con un encanto especial para asumir en escena”.

Sobre esta relación especial entre actores y personajes, Johnny Depp ha dicho que trabajar con Rush ha sido como una experiencia entre profesor y alumno. “Geoffrey es de aquellos actores que realmente te hacen sentir como jugando a ser Tom y Jerry, en donde hay una cacería mutua pero necesaria para mantener la dinámica de la historia. Geoffrey es, en definitiva, un magnífico oponente en la pantalla”, ha dicho Depp sobre su veterano colega.

Geoffrey Rush, quien nació el 6 de julio de 1951 en un pueblo llamado Toowoomba, en Australia, es considerado el actor de teatro más completo de su país, con una carrera en las tablas de más de 30 años. No obstante, en paralelo, ha tenido una magnífica trayectoria en el cine, lo cual lo ha hecho merecedor de las mejores críticas y premios, al punto de recibir el Óscar a Mejor actor en 1996 por su interpretación de David Helfgott, un pianista excéntrico, en la película Shine.

En su formación de actor estudió mímica durante dos años en París antes de regresar a trabajar por varios años en teatro en Sydney, donde conoció a Mel Gibson, con quien trabajó y fueron compañeros de apartamento. Tras su destacada actuación como Barbossa en la saga de Piratas del Caribe, Rush fue pieza fundamental en el éxito de la película ganadora del Óscar El discurso del rey.

Geoffrey, quien usualmente llega a sus entrevistas con un semblante serio, pero que en realidad es un gran conversador una vez toma impulso al tratar un tema, compartió algo de su tiempo para hablar en exclusiva para Colombia sobre esta nueva aventura de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas.

¿Cuál es el legado que le ha dejado Barbossa como personaje a su carrera?

Cuando leí la historia la primera vez que me ofrecieron el papel, Barbossa me pareció un personaje fantástico para interpretar. Dos guionistas tan imaginativos como Ted Elliott y Terry Rossio estaban detrás.

Lo primero que pensé fue lo bien estructurado, carismático e imaginativo que fue el guión con respecto a mi personaje. De hecho, considero que Barbossa es un gran pensador y estratega. Es tal vez el personaje más inteligente y brillante de todo el mundo que envuelve a Piratas del Caribe, y eso lo hace un compañero antagónico de aventuras perfecto para la irreverencia de Jack Sparrow. Y sabía que, al interpretarlo, iba a darme un aire nuevo con la audiencia, lo cual efectivamente sucedió desde el comienzo de esta saga. Ahora bien, ¿qué mejor legado que pertenecer a una serie de películas tan exitosas en taquilla? Mi bolsillo no ha podido quejarse desde entonces (risas).

¿Cómo describe al pirata en esta nueva entrega?

Sin querer dañarles la historia a los que la van a ver, pienso que los encargados de escribir esta cuarta parte les han dado un giro emotivo a Barbossa y a Jack Sparrow. Los dos se ven frescos, aunque son bastante familiares para todo el mundo, pero tienen una nueva dimensión que no creía que iba a ser posible lograr. Lo que hicimos con la segunda y tercera partes fue una odisea completa de rodar y de narrar, porque se dijo mucho en esas películas, y realmente pensé que iba a ser casi imposible hacer algo innovador.

¿Hay algo que pueda subrayar de la experiencia de trabajar en una saga del calibre de Piratas?

Por supuesto. Ya llevamos nueve años, desde el 2002, trabajando en un equipo que se ha convertido en una familia. No es solamente la gran amistad que hemos podido establecer con Johnny Depp, sino también con personas del equipo detrás de cámaras. Mi maquillador para este personaje, particularmente, es una gran persona y uno de los mejores amigos norteamericanos que tengo. Poder encontrarnos cada dos o tres años y compartir cinco meses de rodaje trabajando juntos hace que se construyan buenas amistades, y eso es algo que disfruto mucho.

¿No se siente desgastado haciendo este papel?

Para nada, al contrario, este es uno de los personajes con los que más me he divertido. No hay nada mejor que jugar a ser pirata y entrar a un mundo de mitología y folclor que mantiene viva la imaginación de millones de personas en el mundo. De vez en cuando es bueno hacer este tipo de proyectos para mantener la mente ejercitada con personajes pintorescos. Además, después de haber trabajado junto a monstruos marinos, diosas y piratas legendarios, me faltaba en mi colección hacerlo con sirenas, como sucede en esta nueva entrega.

En esta ocasión la historia se centra en la búsqueda de la fuente de la eterna juventud. Si tuviera la oportunidad de encontrarla, ¿la tomaría?

No creo que me interesaría, porque aunque suene tentador, lo mejor que puede hacer uno para vivir una vida al máximo es aprovechar cada momento en el que nos encontramos. Uno debe vivir lo que tiene que vivir, y no creo que la juventud interminable te garantice una vida plena. Sin embargo, eso lo digo porque no la he encontrado (risas).

¿Siente que es una ventaja convertirse en un actor famoso ya cuando es un veterano de la actuación?

No lo sé. Básicamente pienso que fue la forma como han rodado los dados de la vida para mí. Siempre me he considerado un actor de método, aun cuando comencé mi repertorio de teatro siendo un veinteañero. He caracterizado a muchos personajes pintorescos, locos, excéntricos, caricaturescos. Y recuerdo que al principio de los años ochenta, un gran director de teatro en Australia que se llama Jim Sharman me dijo que mi mejor momento como actor iba a llegar cuando estuviera entre los cuarenta y los cincuenta, porque intuía que era cuando mi madurez actoral iba a llegar a la plenitud y me iba a identificar mejor con los papeles que iba a interpretar. Y pienso que fue como una predicción o una semilla inconsciente en mi cabeza para que así sucediera. Cuando me lo dijo en ese entonces recuerdo que pensaba que se le había zafado una tuerca, porque con maquillaje igual podría interpretar a quien yo quisiera. Pero la vida como actor me ha enseñado que uno tiene dos o tres oportunidades en su carrera para sentirse plenamente identificado con un personaje que interpreta, y con el cual  puede explotar al máximo sus posibilidades histriónicas. El resto son personajes que uno llena con trabajo de oficio. Pero pienso que en el cine, esos personajes efectivamente han llegado a penetrar mejor en mí ya pasados los cincuenta.

¿Pero particularmente ahora se siente una gran estrella?

La mejor forma de ilustrarlo es cuando debo llenar el formulario de impuestos cada año y en la casilla que pregunta por la ocupación tengo que escribir: actor. Yo no escribo “Ocupación: Estrella”. Porque soy actor. Ese es mi trabajo. Si pusiera que soy una estrella seguramente tendría que pagar más impuestos, o en su defecto me harían una auditoría (risas).