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Harajuku girls, el encanto de las lolitas

Por
Redacción Shock

Las tardes de los domingos, cerca a la Biblioteca Pública Virgilio Barco de Bogotá, las pupilas de los curiosos se estrellan con princesas de verdad. Al mejor estilo de la nobleza, un grupo de jóvenes se reúne para compartir dulces, pasteles, historias y, entre otras cosas, tomar el té.

Sus vestidos parecen salidos de los cuentos que hablan de condes y doncellas, sus cabellos rebosan de color y sus costumbres hacen que la historia de la época victoriana se repita: una mezcla entre lo japonés, lo clásico inglés y el rock & roll de los ochenta.

Las lolitas del mundo entero sincronizan sus relojes cada fin de semana para rendir culto al lugar de inspiración de sus estilos: Harajuku, una estación de tren en Tokio, epicentro de la moda, y sacan lo mejor de sus cofres y roperos para mostrar la extravagancia y feminidad que hace único su estilo. Niñas de porcelana fugadas de esos cuentos de princesas que protagonizan la marca registrada de una tendencia que invade las nuevas generaciones del mundo. 

“Tuve la oportunidad de ir a Japón y conocer la estación Harajuku. Fue un sueño cumplido, pues no solo viví la sensación de ver tantas lolitas, sino que también confirmé que la cultura japonesa y la moda me acompañan a diario; no podía devolverme a Colombia sin comprar un vestido lolita, por supuesto elegí uno que combinara Japón y rococó”, cuenta Hase, una princesa bogotana que lidera el grupo de lolitas en la capital.

Para estas doncellas, vestirse es algo más que un acto de rutina. El ancho del vestido, el color de los zapatos o las telas con las que hacen sus prendas trascienden la funcionalidad y los bocetos del diseño mismo para convertirse en una forma propia de expresión. Por eso el Imperio del Sol Naciente hace posible que los delirios de los grandes diseñadores que quedaron estancados en el barroco se descarguen sin límites para marcar nuevas tendencias.

Andrass, un joven de 17 años apasionado por el diseño y la moda, se mimetiza entre las lolitas rompiendo los esquemas que existen acerca de la forma en que un hombre debe vestirse. Cuenta que desde hace un año, cuando vio en internet a Mana, guitarrista de la banda Malice Mizer, se enamoró de su concepto visual: “Siendo un hombre, logró cautivarme la forma en la que lleva los vestidos de las damas del rococó. Sé que en Colombia no es común ver a un hombre vestido de mujer, pero creo que ya lo superé; nunca me ha importado lo que piensan de mí. Mis amigas lolitas saben que no hay diferencia de sexos, todos somos iguales, ellas me aceptan como soy, sin prejuicios. Combinar lo gothic y lo femenino hace parte de mi personalidad no solo los domingos; todos los días soy una lolita”, dice.

Harajuku rinde culto a la feminidad de aquellas épocas donde los condes y príncipes eran reales y el romanticismo aromatizaba los roperos de las adolescentes victorianas. Combinar la cinta del cabello y el encaje de las medias con los pomposos vestidos transforma los pensamientos de una época en el sueño de toda mujer: ser princesa.

Para Bianca, una gothic lolita bogotana más conocida en el mundo harajuku como Mineko Hikari, es muy importante mostrar su “mini” boca. Ella dice que “las lolitas podemos expresar lo que somos, nada nos limita, por eso me pinto una boquita mostrando que a pesar de vestir siempre de negro, la inocencia de mis 18 años me acompaña todavía”.

Como en todas las corrientes de moda, el espíritu aventurero y juvenil es el protagonista  de aquellos ciclos que surgen de nuevo, y en el caso de la época victoriana, los vestidos corte imperio, las minisombrillas repletas de flores, los guantes de encaje y las horquillas de perlas se mezclan con los peinados, cinturones y maquillaje de la moda glam ochentera, para dar vida al estilo más apetecido por las jóvenes que siempre han querido mostrar el lado más femenino de su género.

En Tokio, considerada por muchos la capital mundial de la moda, los movimientos underground se abren espacio desde finales del 79. Con los aportes del movimiento musical japonés (Jmusic) y el sentimiento que enaltece  la  inocencia y la belleza de la mujer en medio de una cultura en la que siempre ha estado sometida.

Doncellas victorianas fashion
Estas neo-románticas apasionadas por la estética, emergen junto a otras subculturas en Japón a raíz de la presencia militar americana en las guerras de Oriente. La reacción de las nuevas generaciones brotó con pensamientos rebeldes y, más que eso, con tendencias de moda capaces de expresar la inconformidad sin necesidad de decir una sola palabra.

La burbuja económica del Japón a mediados de los ochenta propició la aparición de nuevas oportunidades de vida; los centros comerciales y las tiendas de diseñadores norteamericanas y europeas marcaron la apariencia de aquella concepción que trajo la postguerra.

Cuando por primera vez se escuchó en el mundo el concepto de “street fashion”, las lolitas hicieron presencia. Sus ejemplos, inspirados directamente del surrealismo, se aliaron con propuestas derivadas de las nuevas tendencias musicales que combinan lo gótico con el melodrama y los dibujos infantiles de los años 50, la asimilación de las costumbres occidentales con la idealización aristocrática de un Japón extravagante. El aporte de las corrientes musicales japonesas como el Jrock y el visual kei derivan varios estilos lolita con gran número de seguidores que trascienden las fronteras: Inglaterra, Holanda, España, Estados Unidos, México, Chile y Colombia, entre otros países.

Los mismos fans de las bandas de punk y rock que vestían como lolitas fueron los primeros en confeccionar los vestidos antiguos, siguiendo la tradición del teatro kabuki de Japón, pues los hombres eran quienes se vestían de mujer para representarlas, ya que la actuación era considerada como una profesión exclusiva del sexo masculino.

La demanda empezó a generarse no solo entre los artistas y músicos; un gran número de fans y seguidores de la música japonesa quería verse como parte de esta moda y seguir a sus ídolos musicales. Así surgieron diseñadores de escuela entre los que se encuentran Kaneko Isao y Kumiko Uehara. Además, tiendas de moda lolita como Baby, the Stars Shine Bright, Vivienne Westwood, Joel Peter Witkin y marcas como Hello Kitty, Sanrio Angelic Pretty, Milk, Shirley Temple o Jane Marple, que han consentido y materializado toda esta fantasía con prendas y accesorios para las más románticas y arriesgadas lolitas.

En Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, los pedidos no se han hecho esperar por lo que han surgido pequeñas tiendas de ropa lolita que difunden esta moda.

En Colombia, diseñadoras aficionadas  ya cuentan con un número significativo de clientas que tocan a sus puertas para hacer realidad  sus ideas y diseños. Cindy Lozada, una bogotana de 24 años, le apuesta al diseño y confección de vestidos tanto para lolitas como para visual kei: “En mi taller trato de darles gusto a las niñas y chicos que me piden ciertos diseños o accesorios que no encuentran en las tiendas convencionales. El movimiento Harajuku está creciendo en Colombia y creo que es bueno apuntarle con nuevas ideas y, sobre todo, personalizando la estética con elementos y materiales propios del país”.

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