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Inception: la adrenalina y la calidad pueden convivir

Por
Redacción Shock

Con "Inception", Christopher Nolan repite la hazaña que consiguió con "Dark Knight": demostrar que mantener al espectador clavado en la butaca sin recurrir al golpe de efecto requiere un sustrato dramático, una construcción de personajes y una artillería visual dignas de elogio.

Es decir: que se puede ser buen director sin que "acción" sea solamente la palabra que sigue a "luces" y "cámara".

De hecho, tras el megaéxito de la hasta ahora última entrega de Batman en cine, incluso la Academia de Hollywood se dio cuenta de que estaba dejando de lado un género con piezas nada desdeñables, y un año más tarde ampliaba a diez las finalistas a mejor película para dar cabida a cintas menos "oscarizables".

Así, en la terna por el premio máximo estaban la frenética invasión extraterrestre de "District 9", o "Inglorious Basterds" de Quentin Tarantino, quien dota de igual agilidad los diálogos que las metralletas, y por supuesto "Avatar", del gurú de masas James Cameron. Sin embargo, ninguna fue la vencedora de la noche.

Martin Scorsese con "The Departed" había roto la maldición del género en 2006, que desde "Rocky", treinta años atrás, no había tenido un exponente tan claro alzado como la mejor producción del año en los Óscar, aunque la acción sí se había colado en forma de thriller con "The Silence of the Lambs" o arropada por ambientación histórica en "Braveheart" o "Gladiator".

"El fugitivo" también subrayó en 1993 que la antología del cine también se escribe con adrenalina, y de eso siempre supo Steven Spielberg, que no dudó en alimentar de acción sus cintas de aventuras con Indiana Jones, o sus ciencias ficciones con "Jurassic Park " y "Minority Report".

Además de Tarantino, Spielberg, Cameron y Nolan, se ha hablado de "maestros de la acción" en los casos de Michael Mann con su vibrante "Heat", o Paul Greengrass, con sus aportaciones a la saga de Jason Bourne.

En los años setenta, el contexto político favorecía que el cine de espionaje estuviera en un momento de especial lucidez: no sólo en la irregular serie de James Bond, sino con títulos como "Three Days of Condor" o "All the President's Men".

Sidney Pollack y Alan J. Pakula, respectivos directores de aquellas cintas, aún serían en los noventa responsables de las mejores adaptaciones de los best-sellers de John Grisham: el primero con "The Firm" y el segundo con "The Pelican Brief".

Y un hombre, Brian De Palma, ha dedicado toda su carrera a explorar el lenguaje cinematográfico con espectaculares secuencias de acción: desde "The Untouchables" a "Femme Fatale".

Roman Polanski con "Frantic" o incluso John Cassavetes con "Gloria", supieron subir al tren de la acción sus obsesiones personales.

Y a pesar de que parece que la acción implica medios y que los medios están concentrados en Hollywood, muchas veces las mejores muestras del género han venido de otras geografías.

El hongkonés Johnnie To, con cintas como "Sparrow" o "Election", ha pasado por los festivales más importantes de Europa, al igual que Takeshi Kitano, que con "Zatoichi" o "Hana-bi" ha conseguido dejar sin aliento más a la crítica que al público mayoritario. Y no hay que olvidar que la propia "Infiltrados" es un remake no confeso de "Infernal Affairs", de Lau Wai Keung.

En Europa, cuna del cine del autor, tampoco han renunciado a probar suerte en el ritmo sincopado: Luc Besson, con "Leon", Tom Twyker, con "Lola rennt", Guy Ritchie, con "Snatch", e incluso el español Daniel Monzón con "Celda 211" han dado un toque mucho más "artie" a este género para masas.

Y desde luego, el cine clásico de Hollywood, con su capacidad para no confundir discurso directo con la simplicidad, regaló verdaderas obras maestras como "North By Northwest", de Hitchcock, muchas películas de John Frankenheimer o "Bullit" y "The Great Escape", ambas protagonizadas por Steve McQueen.