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Jiggy Drama, un nerd sanandresano tomándose el país entero

Por
Redacción Shock

La banda compuesta a mediados de la década de los 90 por Lauryn Hill, Wyclef Jean y Pras Michel, trío que convirtió a Killing me softly en un clásico que hasta el mismísimo Rey del Pop llegó a versionar en su momento, es en parte responsable del nacimiento de un artista sanandresano, gafufito él, que en esta edición Shock presenta en grande: Jiggy Drama.

El canal Black Entertainment Television, que podía verse por cable en la isla de San Andrés, presentaba un programa dedicado a The Fugees. Pero no fue la voz de Lauryn o la actitud de Wyclef lo que llamó su atención. A sus 12 años, en lo que Heartan Lever Criado (de padre isleño y madre ocañera) se fijó fue en un teclado del que salían sonidos muy particulares, y fue esa caja mágica lo que les pidió a sus padres para su próximo cumpleaños. Con una organeta Casio (no exactamente como la de los Fugees), Da’Heart grabaría sus primeras pistas y fraseos en casetes.

Jiggy Drama no es de aquellos artistas que tuvieron suerte y saltaron a la fama después de participar en uno de esos concursos de bandas y nuevos talentos que hacen las emisoras. La Fuga y La Flaka tampoco son las primeras canciones suyas que la gente se ha bailado. De hecho, la que lo dio a conocer, al menos en la isla, fue una llamada La Playa, que grabó en el 2001. Que hoy su proyecto haya alcanzado un impacto nacional es diferente, pero que lleva la mitad de su vida dedicado a la música es una realidad que más de uno seguro desconoce.

Como muchos músicos en este país, Jiggy también comió mierda. Y se sintió frustrado. Mientras estudiaba Ingeniería Ambiental en Ocaña, por ejemplo, a donde su mamá lo mandó a vivir para que se olvidara de esa “idea loca” que tenía metida en la cabeza de dedicar su vida a ser músico de profesión. Una grabadora a la que le daba play cada vez que se deprimía lo ayudó a sobrevivir en un escenario en el que nunca se sintió cómodo. Después, cuando decidió mudarse a Bogotá, trabajó en un call center, fue actor de telenovela y hasta protagonista de un programa educativo de Señal Colombia para poder ganarse el dinero que necesitaba para pagar el cuarto en el que vivió por un tiempo en el barrio Cedritos.

Además de ser el exponente más visible en nuestro país de un estilo que en Estados Unidos se conoce como el nerdcore, de proyectarse como uno de los “nuevos” artistas colombianos que tenemos ahí listicos para mostrarle al mundo y de haberse convertido en “embajador” de su isla, dicho por el propio gobernador de San Andrés, Jiggy Drama prepara el lanzamiento de un nuevo disco: el Nerdside. Autor de los hits radiales La Fuga, La Flaka y Contra la pared, y ganador del Premio Shock al Mejor Nuevo Artista del 2010, lo suyo es puro hip hop caribeño que decidió cruzar el océano y contagiarnos a todos con su flow.

La música ha sido importante hasta en la forma en que se conocieron sus papás. ¿No es así?
Mi papá es músico. Frustrado. Melómano. Colecciona LPs desde cuando trabajaba con la Aduana. Tenía desde el invaluable Thriller de Michael Jackson, pasando por los Greatest Hits de Kool and the Gang, música haitiana, salsa… Óscar de León, Celia Cruz, la Fania All Stars. Viajaba mucho por su trabajo y como le gustaba tanto la música, se conseguía lo que quería. De hecho conoció a mi mamá en una tienda de discos en la que ella trabajaba, en Bucaramanga. Me imagino que luego se inventaba que iba a comprar discos para poder echarle los perros. Hasta que la convenció.

Cuénteme de la organeta Casio que le regalaron cuando cumplió 12 años
Veía mucho ese canal B.E.T. y un día me pillé que los Fugees sacaban pistas desde ese aparato, que no era ese precisamente, pero se parecía. Lo de ellos era un sintetizador y a mí lo que me regalaron fue una organeta que traía pistas integradas. Ahí fue que empecé a grabar mis primeros casetes, que les prestaba a mis amigos del barrio. En ese momento no tenía bases musicales y todo lo sacaba a puro oído. Vine a estudiar música mucho después.

Pero su mamá se oponía de plano a que usted fuera músico…
No estaba ni cinco de acuerdo. Creo que precisamente porque trabajaba en una tienda de discos y sabía que muchos artistas jamás saldrían de las estanterías. Estaba preocupada por mi futuro, así que en cuanto terminé el colegio me mandó a Ocaña a estudiar cualquier cosa que no tuviera nada que ver con la música. Decidí inscribirme en Ingeniería Ambiental. El primer semestre fue cool, pero cuando empecé el segundo entré en una depresión tal que les hacía creer a mis tíos (donde vivía) que iba para la universidad y en vez de meter libros y cuadernos en el morral lo que me cargaba era una grabadora. Durante ese tiempo compuse mucho. Me olvidaba que estaba en Ocaña y me transportaba a la isla. Mi mente volaba. Las canciones hablaban de playa, amigos, rumba, parche. Me le rebelé a mi mamá y me devolví a San Andrés.

Siendo sanandresano, lo normal hubiera sido que integrara una banda de reggae…
Me gusta el reggae para escucharlo, pero no tengo la voz para cantarlo. Me sentiría ridículo..

¿Cómo se difunde la música local en una isla?
Yo grababa mis casetes y se los daba a mis amigos del barrio para que los escucharan. Las canciones se fueron regando por ahí. La gente empezó a decir, “¡Hey!, hay un peladito de San Luis que hace dancehalll y hip hop”. En esa época casi todo lo que sonaban las emisoras era reggae, soca y calipso. Ya en el 2000 formamos un grupo con mis amigos del barrio y le pusimos S.A. Finest. Grabamos la música en un minidisc y nos fuimos a la Súper Estación en San Andrés, y esperamos todo el día al director para entregarle el material. Nos lo recibió, pero nunca sonó una sola canción. Curiosamente fue la emisora comunitaria de la Armada Nacional en San Luis la que nos dio la mano. Al mismo tiempo, los picós ponían nuestra música en las calles.

¿Cuándo decidió mudarse a Bogotá?
Billy Francis Bowie, primo mío y líder del grupo K-Yo, vive en Bogotá y fue él quien convenció a mis papás para que pudiera estudiar música. Empecé tomando clases de piano, y ya luego entré a estudiar a la Cristancho. Seguí teniendo mi grupo pero estábamos todos dispersos. De cuatro pasamos a ser dos, y ya luego decidí dedicarme a mi carrera solo.

Muy poca gente sabe que usted se ganó una beca en Hip Hop al Parque del 2004. Había dos premios ese año (el otro fue para ChocQuibTown).
Presenté dos canciones para ese Hip Hop al Parque: Pásame el mic y Fire, que hacían parte de mi primer álbum Undergroove. Ese día del show me acompañó mi banda de San Andrés. Canté cuatro canciones como Jiggy, presenté a S.A. Finest en la tarima y empezamos a hacer dancehall. La gente se enloqueció.

¿De dónde salió el nombre ‘Jiggy Drama’?
Como hasta el 97 mi nombre artístico fue Da’Heart. De ahí en más comencé a ser Jiggy. En Estados Unidos la palabra ‘jiggy’ es sinónimo de algo fresco, cool… ‘Ey whats up jiggy?” es una expresión que se usa muchísimo. Y el ‘drama’ terminó siendo el lado opuesto, la parte oscura y dramática de mi música.

¿Quiénes le dieron la mano en Bogotá?
Un amigo de la isla que se dedicó a la medicina, Billy Jack Hooker, escuchaba mucho mi música, y un día el man me dijo que sacara un CD. Yo le dije que no había plata, y él me propuso invertir para que montáramos una disquera independiente. Fue cuando conocí a Benny B. Él nos metió a grabar con el otro integrante que quedaba de mi grupo, pero que luego perdió el semestre y los papás lo mandaron de vuelta a la isla. Yo me quedé solo en Bogotá, y fue ahí  cuando decidimos sacar adelante el proyecto de Jiggy
Drama. El disco que hicimos fue el Undergroove.

¿Y empezó a crearse un estilo?
Cuando Jiggy habla del amor lo hace a su manera, sin necesidad de cursilerías. De una forma más divertida. En el álbum que estoy terminando de grabar (el Nerdside), por ejemplo, hay una canción que dice: “Cuando terminaste con tu ex, dije ‘Yes, Jiggy Drama, you are next’”. Yo empecé cantando en creole, pero luego decidí hacerlo también en español porque quería que mi música saliera de la isla. Mi hip hop nunca ha sido denso. Yo lo llamo hip hop caribeño. Feliz. No sería consecuente hacer algo diferente. Crecí en la playa, con sol, al lado del mar. Sería muy hipócrita si quisiera contar una historia que no es la mía.

¿Al comienzo la pasó mal en Bogotá?
A mí se me caía la cara de la vergüenza de tener que decirle a mi mamá que me mandara plata. Y también era una cuestión de orgullo porque sabía que ella me diría: “Te lo dije”. Me tocó realmente muy duro. Trabajé en un call center y me ganaba los madrazos de la gente, actué en un programa de Señal Colombia que se llamaba Flotanautas donde hacía de profesor. Pero me aguantaba lo que fuera con tal de no pedirle plata a mi mamá. Hasta terminé actuando en una novela que se llamaba Novia para dos del Canal RCN.

¿Casi se rindió en algún momento?
Casi, pero eso mi mamá nunca lo supo. Hubo días en los que pasaba mucha hambre pero por puro orgullo de no llamar a mi mamá. Vivía en un cuarto alquilado en Cedritos. Cuando tuve mi primer concierto y me pagaron “mi primer millón” (en serio fue mi primer millón), le di el dinero a mi mamá, aunque ella después me devolvió la mitad. Siempre me decía que no la mirara como a la mala de la película. No quería que terminara como algunos músicos que salieron de la isla, tuvieron muchas oportunidades, no las supieron aprovechar y regresaron a tocar en los hoteles para turistas.

¿Cuándo reventó la cosa?
Hace dos años. Tal vez recientemente el impacto ya sea nacional, pero desde hace dos años el proyecto está fuerte en la costa. Lo malo es que muchos que me conocen desde hace tiempo quieren que siga regalando mi trabajo, pero yo ya hice la tarea. Viajé por mi cuenta y me tocó mamarme en bus las 23 horas de aquí hasta Cartagena. También viví el proceso de acercarme a las grandes disqueras pero algunos querían que fuera el Daddy Yankee colombiano, y eso no es lo mío.

¿Cómo conoció a Ritmo Records, el sello con el que trabaja actualmente?
Ellos tenían un artista que se llamaba John Black y necesitaban a un MC para una de sus canciones. Ahí nos conectamos.

¿Y el nerd style cuándo lo adoptó?
Nunca me sentí identificado con el bling bling ni con la capota reancha. Cuando estaba en el colegio usaba lentes y la gente se burlaba de eso. Un día me dije ‘vamos a retomar el look, vamos a hacer que lo que a algunos les parece ridículo se vuelva cool’. Todo empezó con las gafas. Y ya luego le adicioné el vestuario. Un día alguien me dijo: “Eso que tú estás adoptando se llama ‘nerdcore’”. Empecé a investigar y resulta que hay todo un movimiento en Estados Unidos.

Ahora hablemos de las líricas. Usted usa mucho el doble sentido.
Yo era uno de los mejores alumnos de las clases de español y literatura. Era muy bueno para los símiles y las figuras literarias. De repente empecé a aplicar eso en mis canciones sin darme cuenta, y terminó volviéndose un estilo porque siempre busco formas diferentes de decir las cosas. En el álbum Nerdside, que voy a lanzar este año, estoy explotando mucho eso. Es una narración distinta. Hay, por ejemplo, una lírica de una canción que se llama De generación X en la que digo cosas como: “La política es el negocio, socio, aunque para mí es un negocio sucio. Dime cuánta plata se fue en este anuncio mientras el país se hunde en un diluvio”. Hablo sobre lo que está pasando, pero de una forma más digerible para la gente.

¿Cómo empezó el 2011 para Jiggy Drama?
Apenas fue 1 de enero, después de las 12 de la noche, comenzamos el Nerdside Latinoamérica Tour. Arrancamos por Paraguay. Y me han escrito de Chile, Argentina, Ecuador, incluso El Salvador. Todo gracias a Internet.

¿Activista? ¿Revolucionario? ¿Rebelde? ¿Cómo se define?
Rebelde a mi manera. No me interesa volverme el Calle 13 colombiano. Admiro muchísimo su música pero esa no es mi línea. Las cosas demasiado políticas no van conmigo. Lo que quiere Jiggy es que si vamos a hacer revolución, sea pacífica. Puedo ser portavoz y llevar un mensaje, pero no me interesa adoctrinar a nadie.

¿Es también un poco nerd es su forma de acercarse a las mujeres?
Jiggy es muy diferente a Heartan. Yo no soy rumbero. Jiggy sí que lo es. Heartan es más reservado y de planes ñoños, como ir a cine. Sí, soy un poco nerd, lo confieso (risas). De hecho el prototipo de mujer que yo busco no es la mujer rumbera, sino alguien con quien compartir otras cosas, un poco más intelectual.

¿Qué dicen en la isla de todo lo que está pasando con Jiggy Drama?
¡Wow! Me dicen que soy su embajador. Llegué a San Andrés después de los Premios Shock y todo el mundo me paraba en la calle para felicitarme. Hay demasiado talento últimamente, muchos grupos y artistas que no han tenido la oportunidad que yo tuve de salir. Una de mis metas a largo plazo es poder mover a esos artistas, montar un estudio para grabarlos y poner a la isla en el mapa.

¿Qué vamos a encontrar en el Nerdside?
Sonidos isleños, obvio. Hay un reggae que grabé junto a mi artista favorito de San Andrés: Jacky Style. Es tremendo. Una persona muy humilde pero muy talentosa. Se llama I’m not a perfect man y está cantada en creole, que es el dialecto de la isla. Sería el colmo que un artista de San Andrés no haga algo con los sonidos con los que creció. No podemos permitir que se entierren  las raíces musicales y queden en el olvido.

¿Qué dice hoy su mamá?
Se siente muy orgullosa porque le demostré que sí puedo lograr lo que quiero. Hace poco le dije, “Mami, esto es solamente el comienzo. Créeme que mi carrera va mucho más allá de lo que me está pasando hoy”. Yo tengo mucho que ofrecerle al mundo. Ojalá el mundo sepa recibirlo.