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'La Comedia Infernal' de John Malkovich

Por
Redacción Shock

El guía de John Malkovich

Por Juan Carlos Piedrahita

En La comedia infernal, Michael Sturminger sólo aparece al final. Después de cinco minutos de aplausos para John Malkovich, y luego de otros instantes de reconocimiento para las sopranos Laura Aikin y Aleksandra Zamojska, y para el director de orquesta Martin Haselböck, el responsable de la puesta en escena da la cara. Sube a la tarima y siente que esa mezcla entre canto lírico, recital musical y despliegue histriónico, produjo el impacto esperado.

Así ha sido con sus otros montajes, que parten desde obras de los grandes clásicos de la música como de piezas contemporáneas en la que la métrica pasa a un segundo plano.

Hace unos años, Sturminger se encargó de la conmemoración del natalicio de Mozart, pero también asumió el montaje Odio a Mozart y desde hace algunas temporadas dirige a Malkovich en la pieza La comedia infernal.

La obra ‘La comedia infernal’ intenta conectar la música con el arte dramático… ¿esa era la idea inicial o el propósito fue cambiando con el tiempo?

Sí, así fue, nació para conectar la música con el teatro. Martin Haselböck y John Malkovich tenían esta idea. Nos conocimos en una comida y pensamos juntar estos dos universos. Empezamos a buscar diferentes piezas, pero no encontrábamos la correcta, ellos encontraron el tema y luego me buscaron a mí para que le diera vida a la pieza.

Esta pieza es para actor, dos cantantes y orquesta, ¿se pensó en algún momento en aproximarse a la ópera?

Mi trabajo diario es ser un director de ópera, así que intenté ponerme en la situación que yo podía imaginar y encontrar las conexiones que podría haber entre la música y la historia.

En el montaje aparece música de Vivaldi, Boccherini, Haydn, Beethoven y Mozart, entre otros, ¿por qué se seleccionó esta música para la obra?

Esas piezas tienen conexiones con la historia que estamos contando. Algunas son más en un sentido abstracto, otras en una manera más literal, sólo en el caso de Vivaldi tomamos una pieza de música que también es usada como ópera. Hay unas piezas rápidas y muy emocionales, y otras muy lentas como si se estuviera dentro de un sueño. Crear estos contrastes fue una tradición que existió en el barroco tardío de la música clásica y nos gustaba la idea de combinar esas dos áreas, porque pensamos que podría ser un reflejo del alma y de la historia.

¿‘La comedia infernal’ se escribió pensando en que el papel de Jack lo realizaría John Malkovich?

Fue escrita para él, porque él ya estaba en el proyecto. Ellos estaban buscando alguien que escribiera una pieza para que Malkovich la interpretara.

¿Cuáles fueron los principales aportes de Malkovich a este personaje?

Él es un actor que puede hacer muchas cosas diferentes, es de una gran versatilidad, puede ser gracioso, astuto, rápido, adormilado, pero lo más importante es que cuando uno lo ve, siempre tiene la sensación de que no hay nada que él no sea capaz de hacer. Eso es lo fascinante y lo increíble de él. Todo puede suceder, no es sólo sobre su carisma como actor, son también sus técnicas excelsas en la actuación. Con él uno aprende que la actuación es algo que sucede en el momento, es como hacer música, es igual, pasa sólo ahí en el instante. Claro, uno se apoya con mucha preparación, pero si en realidad está preparado, uno debería estar dispuesto a seguir los instintos del momento.

¿Qué ha encontrado en el teatro musical que no le dan otros formatos?

La música es la más abstracta de las artes y quizá esa es su gran belleza. Te puede poner en un cierto tiempo en un lugar del mundo, es entendible por mucha gente de diferentes contextos, no está definida, es muy abierta, así que en cualquier parte donde se pueda poner, podemos entenderla por instinto. Lo increíble es pensar que los músicos del Siglo XVIII pudieron haber sentido algo muy parecido a lo que sentimos hoy al escuchar sus creaciones.

¿En un montaje como ‘La comedia infernal’ hay espacio para la improvisación o todo está cuadrado?

Sí, siempre hay, es de hecho parte de la idea de la pieza. Pero se hace en una manera que no se siente improvisada. De hecho, siempre hay algún lío con los subtítulos de la traducción.

Viernes 28 y sábado 29 de octubre, 8 p.m. Teatro Julio Mario Santo Domingo. Calle 170 Nº 67-51. Informes y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.