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La cruzada por el medio ambiente de Colin Beavan

Por
Redacción Shock

Acciones  que iban desde cancelar la comida chatarra y el uso de transportes motorizados, hasta liberarse del yugo de cremas de dientes, detergentes y, el mayor opresor de todos, papel higiénico. Si Colin fuera un viejo senil de barba frondosa que vive semidesnudo en una casa rural, su acción independentista no hubiera tenido tanto mérito, pero resulta que este ingeniero electrónico, bloguero y escritor especializado en historia, es un habitante de una de las mecas del consumo desaforado: la isla de Manhattan en Nueva York.

A sus 41 años, Beavan y su familia no solo consolidaron un nuevo estilo de vida, sino que comprobaron que la gente común y corriente también puede promover cambios a gran escala. Ahora su proyecto No Impact Man cuenta con libro, documental, programa pedagógico para colegios, un calendario de conferencias por todo Estados Unidos, alianza con varias ONG, y más de 20,000 devotos que aplican el estilo de vida que encarna.
A final de cuentas Beavan no predica un modelo de sacrificios y auto flagelaciones, sino una serie de hábitos que plantean una pregunta básica: ¿cómo tener lo que necesitamos de una manera sostenible sin hacerle daño a los demás (y mucho menos a la tierra)?

Hablamos con Colin Beavan, el "no impact man"

¿A qué conclusiones ha llegado con el proyecto?
A que todos podemos hacer la diferencia. Estamos en medio de emergencias planetarias y aunque debemos decirles al gobierno y a las corporaciones que queremos cambios, no es suficiente, porque ellos van muy lento. Yo pensaba que no podía hacer nada para ayudar pero resultó que ese pequeño proyecto que había hecho en Nueva York inspiró a muchas personas a actuar. 

En el documental alguien le dice que su mayor duda respecto al proyecto es que la gente puede pensar que el trabajo termina con usar bombillos ahorradores o reciclando bolsas plásticas. ¿Qué piensa de eso?
Es verdad. Aunque son medidas necesarias, ahí no para todo. También debemos reunirnos y hacer lo que podamos dentro de nuestra comunidad, para así ejercer presión sobre los políticos y las grandes compañías. Hay que hacer ambas cosas.

¿Cuál es el rol que los medios deben cumplir con la difusión de los temas ecológicos?
Todo el mundo habla sobre cómo deben comportarse los medios, pero esa pregunta es muy ingenua porque éstos son empresas con intereses comerciales y su deber es contar las historias que atraigan más lectores, más anunciantes y más dinero. O sea que si hablamos de qué deberían hacer los medios, es loco porque ellos hacen lo que siempre han hecho, que es tratar de aumentar sus ganancias. La verdadera pregunta es cómo nosotros los lectores usamos los medios. Hubo gente que criticó el proyecto No Impact Man, decía que era un truco mediático, y aunque esto no es 100% cierto, sí era un proyecto que necesitaba atraer la atención de la prensa a temas como el cambio climático, porque no es una historia sexy.

Para enterarnos de su proyecto tuvimos que usar un computador,  esta entrevista se imprimirá en papel, y la promoción de su proyecto requiere aparatos electrónicos. ¿No hay una paradoja en eso ya que uno de sus objetivos es tratar de reducir el consumo?
La vida no es sino una serie de paradojas, una tras otra. Lo que pasa es que para estar vivos necesitamos consumir recursos, e incluso la vida misma es un recurso. Pero, ¿cómo usamos estos recursos: para bien o para mal?

¿Cómo se adapta su idea a países en vías de desarrollo donde el capitalismo no es igual de fuerte?
Hace poco estuve en Francia y me di cuenta que a la gente le encanta echarles la culpa de todo a los estadounidenses, pero el problema no son ellos ni su estilo de vida, sino el estilo de vida controlado por las corporaciones. Por eso las economías en vías de desarrollo tienen que tener cuidado de no entregarles el control a las empresas y recordar que la gente viene antes que las compañías.

¿Dónde encuentra la fuerza para seguir luchando en un mundo en el que se siguen destruyendo los recursos naturales y el capitalismo se fortalece?
Más allá de lo que hago hay una pregunta muy importante sobre cómo deberíamos vivir como seres humanos, sobre cuál es el camino que nos hace felices y humanos. Aunque tenemos emergencias, las grandes preguntas son las preguntas humanas, y no hay nada más fascinante que hablar entre nosotros sobre cómo deberíamos vivir.

¿Es optimista o escéptico hacia la humanidad?
Soy muy optimista, creo en la gente, creo en que somos buenos. Hay que sacar esa naturaleza humana y enfocarla en los problemas que tenemos.

¿Qué lo hace perder la fe y dudar?
Cuando las negociaciones climáticas en Copenhague se frustran, cuando los políticos se niegan a hacer algo significativo por el cambio climático. Pero luego voy por la calle, veo la amabilidad de la gente y recuerdo que son buenos y que son las instituciones las que no reflejan la bondad humana.

¿Qué hábitos mantiene del experimento?
A nosotros nos sigue pareciendo que tiene sentido montar bicicleta para ir al trabajo, es más placentero y hago ejercicio. Muchas de las compañías alimenticias de acá son controladas por grandes corporaciones, y su trabajo es generar ganancias y no buena comida para mi pequeña hija y por eso sigo tratando de conseguir mi comida en mercados locales porque es más saludable para nosotros. También seguimos comprando cosas de segunda mano porque ahorramos mucho dinero.

¿Extraña algo material?
No. Durante el año una de las cosas que hicimos fue abandonar la televisión. La gente siempre se preocupa por el número de horas que ven los niños, pero nadie se pregunta cuántas horas ven los padres de familia. Aprendí que prefería pasar tiempo con mi pequeña hija que en ese momento solo tenía un año y medio, que viendo televisión. Fue el mejor regalo que cualquiera me pudo haber dado, pues aprendí mucho sobre lo que significa ser papá.

¿No cree que este tipo de iniciativas civiles hacen que los gobiernos dejen de preocuparse por el tema pues ven que los ciudadanos ya están tomando acciones y cubriendo su responsabilidad?
Los gobiernos facilitan el estilo de vida que la gente lleva. Es difícil que los gobiernos lleven a cabo iniciativas profundas, a menos que tengas a Enrique Peñalosa en el poder: ahí todo es diferente. Pero el gobierno es la oveja que sigue a la gente, así que si la gente le muestra lo que quieren, habrá cambio. Si vivimos pensando que hay algo más importante que consumir, como la vida en comunidad, la verdadera felicidad o una verdadera calidad de vida, y sabemos que eso es realmente importante, esos valores empiezan a permear la sociedad.

[NOTA: Colin Beavan es miembro de la Junta de Transportes Alternativos de Nueva York, y allí conoció a Enrique Peñalosa, luego de que el ex–alcalde de Bogotá expusiera el proyecto de movilidad bogotano.]

¿Cree mucho en el trabajo comunitario? ¿La manera en la que evoluciona la sociedad permite que las comunidades sean más fuertes?
La pregunta que me hace no es tan importante: lo realmente importante es que si usted es una persona sensible y ve que hay un problema en el mundo, ¿qué hace? ¿Se sienta a esperar que alguien le diga qué hacer o empieza a hacer la diferencia? A veces tratamos de ayudar así parezca que no podamos hacer nada, porque esos intentos pueden traer una sorpresa o un milagro. Debemos contar con los milagros y las sorpresas, y no quedarnos atrapados en preguntas sobre si podemos hacer algo o no.

...

Clase para hippies
 
No contento con transformar su vida y la de su familia, Beavan diseñó un plan pedagógico de cinco lecciones para estudiantes de bachillerato. El programa, gratuito y recomendado para clases de Sociales, explica cómo el comportamiento cotidiano tiene efectos no solo en el medio ambiente sino también en la salud y en la vida en comunidad. Sus clases están divididas en cinco ejes temáticos –consumo, energía, comida, transporte y agua– e invita a los demás a que hagan por su propia cuenta el experimento.

La estrategia
Misión:
1. Vivir sin hacer basura y sin utilizar productos desechables ni empaques innecesarios.
2. Consumir alimentos que sean producidos
de manera sostenible, en granjas locales.
3. Reducir el consumo a lo estrictamente necesario.

Copilotos:
Michelle Conlin (esposa): periodista de la revista Business Week, adicta a la televisión, el café de StarBucks y prediabética.
Isabella Beavan (hija): usuaria de pañales de tela en vez de los desechables. Tenía un año y medio cuando arrancó el experimento.

Reglas:
No usar productos que vengan desde grandes distancias pues su transporte implica usar grandes cantidades de combustible.
No producir basura.
No contaminar el agua.
Dejar de usar productos desechables como cuchillas de afeitar o papel higiénico, y reemplazarlos por navajas y telas que se puedan lavar.
Limitar el transporte en vehículos que usen combustibles fósiles, como trenes, buses, automóviles y aviones. Si se viaja en avión, se hacen donaciones a organizaciones especializadas en neutralizar la huella de carbón.
Reducir la compra de artículos nuevos.
Reciclar.
Reutilizar.     
No comprar agua en envases plásticos.
Comprar leche en botellas retornables.

¿Y por qué le dio por esas al señor Beavan?
Porque con su carro y los demás automóviles y camiones de la ciudad, estaba ocasionando el 90% de la polución en Manhattan.
Porque la comida que consumía debía ser transportada, en promedio, 150 kilómetros hasta su destino final.
Porque según el Panel Internacional para el Cambio Climático, es necesario reducir las emisiones de CO2 en un 80% para el 2050.
Porque como estadounidense promedio, estaba produciendo 1.600 toneladas de basura al año.
Porque su bebé estaba produciendo varios de los 49 millones de pañales que son arrojados diariamente a los basureros y representan la tercera fuente de basura.

Véalo, léalo, aplíquelo
En una tarde de onces, Michelle les contó a sus amigas sobre el proyecto de su esposo. Una de ellas era Laura Gabbert, directora de documentales, quien junto a Justin Schein decidió grabar a la familia Beavan durante un año completo y registrar cómo lograban vivir sin causarle daño al medio ambiente en una película de 93 minutos titulada No Impact Man (2009). En paralelo, Colin escribió y publicó No Impact Man: las aventuras de un liberal culpable que intenta salvar el planeta, y los descubrimientos que hace sobre sí mismo y nuestro estilo de vida en el proceso, que gracias a su concreto título no necesita explicaciones sobre su contenido.

2006: Una odisea ambiental

Mes 1
Los Beavan arrancaron sacando el Tv de la casa, cancelando la comida chatarra y reemplazando la crema de dientes por bicarbonato de sodio. Sus residuos orgánicos de cocina iban a una caja con tierra y lombrices que los convertían en abono.

Mes 2
Las compras de artículos nuevos quedaron prohibidas, pero se podía alquilar, pedir prestado o comprar usado. El papel higiénico fue reemplazado por telas provenientes de camisetas viejas. Suscripciones a revistas y periódicos también quedaron canceladas.

Mes 3
El hombre-de-no-impacto aprendió a cultivar vegetales en el jardín comunitario y decidió visitar granjas productoras de sus alimentos para conocer el proceso.

Mes 4
Una combinación de vinagre, bicarbonato de sodio y bórax fue la receta usada para reemplazar los productos de limpieza de la casa.

Mes 6
Colin dijo adiós a la electricidad. Por eso buscó alternativas para refrigerar alimentos como el sistema que utilizan tribus del desierto nigeriano, que consiste en usar una maceta dentro de otra y entre ellas arena húmeda, enfriando el aire que circula al interior de los recipientes.

Mes 7
Para seguir actualizando el blog, Colin comenzó a usar un panel solar que producía la energía necesaria para su computador.

Mes 9
200 estudiantes de la New York University intentaron vivir durante una semana sin impactar al medio ambiente. Colin introdujo la semana y dictó talleres.

Mes 11
La luz volvió a casa. Hora de hacer conclusiones.

Mes 12 - Hoy
Hoy: la familia Beavan sigue viviendo sin causar impacto negativo al medio ambiente y nos invita a seguir su ejemplo.