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La metamorfosis del puñal

Por
Redacción Shock

¿Quién no conoce el caso de la prima de una amiga de un amigo que atracaron con puñaleta en las cada vez más rudas calles de Bogotá? Todo el mundo. Sin embargo, mientras todos se cuestionan por qué estará la capital tan insegura, la pregunta que pocos se hacen es a dónde van a parar las armas blancas que ciertas joyitas usan para amedrentar y que todos los días incauta la policía en requisas, atracos, peleas y hasta en las cárceles de Bogotá. Pues le tenemos el dato: van a parar a las manos de un artista. 

Pero tranquilos, no se trata de un artista del atraco, sino de un artista de verdad verdad: Felipe Ruiz, un escultor de 26 años que lleva por lo menos diez convirtiendo chatarra en plástica para coleccionar. Mensualmente, desde hace dos años, y gracias a la iniciativa de la Alcaldía ‘La metamorfosis del arma blanca’, la Policía Nacional le hace llegar a su casa-taller veinte canecas llenas de cuanta arma corto punzante exista: bisturís, cortauñas, cuchillos de mesa y cocina, machetes y armas engalladas con todo tipo de filos y accesorios, que podrían servir de utilería para cualquier peliculita que tenga como título “La masacre en…”. ¿Y qué hace él con ellas? Simple: las mete dentro de un horno artesanal que, a punta de carbón industrial, las hacer arder y las deja endebles para luego moldearlas a su antojo y así crear esculturas con formas de animales, flores y figuras humanas que van a dar a espacios públicos, parques y eventos del distrito. Es el arte de rehabilitar el puñal que busca dejar un mensaje simple: menos chuzo, más vida.

Cinco toneladas de chucitos semestrales son las que le llegan a Felipe Ruiz para transformarlas en esculturas.

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¿Hay una resignificación de las armas en este proceso?
Sí. Todo esto es una resignificación de las armas y una transformación. Hay una alusión a la vida y al respeto. Es la transformación de la violencia en sí, es apostarle a que la gente no ande armada para prevenir homicidios, porque a veces lo peligroso no es el arma sino la situación.

¿Al ver las esculturas la gente inmediatamente entiende que se trata de armas blancas?
Claro, la gente más humilde, que ha estado metida en ese rollo de andar armado, como pandilleros, de una se da cuenta. Ellos tienen reflexiones muy importantes, ellos saben que estas armas han sido símbolos de poder y ahora hacen alusión a la vida. Les voltea la película.

¿Cómo percibe las esculturas la gente que está en constante relación con las armas?
Víctimas y victimarios ven en estas esculturas una esperanza de cambio frente a la violencia. Es un arte muy pedagógico, no es una cuestión de hacer algo bonito sino de traer un mensaje que nos compete a todos por la violencia de nuestro país; todos hemos sufrido un atraco.