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La rabia de Nepentes

Por
Redacción Shock

La orden es clara desde la tarima: “tumben los muros, pateen traseros y sean groseros. Usen la fuerza y sean violentos. Usen las manos y sean muy malos”. La canción se llama Duro y quienes la escuchan pronto comienzan a hacerlo, a ‘darse duro’ en una fiesta delirante de rabia y libertad. Posesos por un ánimo subversivo, arman un baile glorioso para expulsar la ira, un pogo frenético para exorcizarla.

El ritual no es nuevo. Nepentes lleva casi una década alentando al desahogo de sus seguidores en los conciertos porque creen que serán cada vez menos los títeres de la violencia si sacan el odio, el rencor y la rabia. Por eso, cuando las canciones terminan, todos se abrazan. Hay sudor y arrebato, y motivos para celebrar en colectivo: la vida, el respeto, la libertad.

Duro pertenece a su nuevo álbum, Excitando la guerra, que no podía tener un título más altanero, más certero para seguir escribiendo la historia de la banda, luego de su exitoso Gira tu rabia de 2006. “Dentro de muchas posibilidades de crear, nosotros encontramos en la violencia una oportunidad de hablar, de rechazar, de proponer”, dice Juan Carlos Sánchez, el señor de las baquetas y las ideas ‘violentas’ en Nepentes. Por eso el disco continúa con la tradición de las canciones fieras, que avivan y devuelven el espíritu de lucha, de perdón. Despojadas de miedo, dejan también claro que el suyo es rock de barrio: duro y real. Porque es allá, a las comunas y a sus calles enlutadas, periféricas, adonde Nepentes regresó.

La muerte ha deambulado sin bozal por décadas en Medellín, su ciudad. La guerra se vive en los barrios, es innegable, y con ella crecieron los cuatro que integran esta agrupación. La conocen bien. Pero se habían ausentado del ritmo vecinal para vivir en el de los artistas. Hace dos años, cuando inició el proceso creativo de Excitando la guerra, la ciudad les hizo un llamado, como lo asegura Juan Carlos: “empezamos a conocer líderes juveniles y los procesos culturales que llevan en sus comunidades. Fue algo inspirador porque descubrimos que podemos ser más que una banda que vive del espectáculo. Queríamos hacer parte de la solución y dar algo con nuestras canciones, que los versos no se usaran para clavar más puñaladas o para llenar de cruces los barrios”.

Ése es el nuevo sello de Nepentes y están orgullosos de él: romper las fronteras de esas calles aplacadas por el odio, tocar en esas comunas donde ha gobernado la desolación y compartir con la gente que allá vive y lucha, así para algunos esto signifique anclarse para siempre en el underground. Si bien las canciones incluidas en el álbum como Duro, Vamos a pelear o Me huele a guerra son fuertes y dirigidas, no quieren adoctrinar. Lo que buscan es “estimular en los chicos la capacidad de crear, pensar y salir del barrio a proponer. Hay otro lenguaje y referentes muy diferentes a los de ‘fierro, chaqueta y moto’. Por eso no compartimos que los jóvenes vuelvan a tomarse las armas en Colombia, porque la transformación social y política del país se tiene que dar con ideas”.

En las entrañas de esa capital paisa que descubrió que si hay más cultura hay menos temor y que con ella se puede combatir la intensidad del conflicto armado, como lo afirma Juan Carlos, se nutrió este disco que exhala cotidianidad y un sonido urbano efervescente. Está tocado por el color del rap que en Medellín es una voz y una fortaleza. Excitando la guerra sabe a barrio bravo. “Con este álbum queremos burlar a la guerra, retarla, enfrentarla. Por eso la miramos a los ojos y le decimos ‘aquí está toda la capacidad creativa de la gente que ya no tiene miedo, que no se va a dejar vencer por esos pocos que quieren hacer daño’. Y por eso nuestras letras también están escribiendo la historia de Medellín”.

Excitando la guerra, además, consiguió madurar la propuesta musical de la banda que, si bien conserva esa ruidosa intensidad por la que es considerada una de las más relevantes del rock duro paisa de los últimos años, ahora se arroja a ser más Nepentes que nunca. Ruda, vital y callejera.