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Lady Gaga, The Enemy y Santiago Cruz

Por
Redacción Shock

Lady Gaga
La rubia se viste de seda
[Nueva York, Estados Unidos]

Con ‘Just dance’, una canción con la que seguramente muchas niñas se acicalan antes de irse de rumba, y la misma que se bailan en algún club en el que alumbran vasos de neón llenos de dulces combinaciones de licor, Lady Gaga se lanzó a la fama y se convirtió en una de las estrellas de dance pop desde el año 2008.

Desde niña, esta neoyorkina intentaba impregnarse del mainstream, imitando frente a un espejo a Cyndi Lauper, Madonna y Michael Jackson.  Durante su adolescencia, la artista empezó a tomarse muy en serio la idea de  sumergirse en la música, y a los 17 años inició sus estudios musicales en la Universidad Tish School of the Arts de Nueva York.

Encantada no sólo por la música, en especial el rock y el pop hecho por artistas como David Bowie, The Beatles, The Rolling Stones, Motley Crue y Freddy Mercury, la actitud en escena de Gaga está influenciada por su pasión por el teatro y la moda, sobre todo, por las creaciones de grandes diseñadores como Peggy Bundy y  Donatella Versace.

Con 23 años, Lady Gaga ya cuenta en su historial artístico con una gran experiencia como pianista y compositora. Ha trabajado junto a la estrella de pop rap Akon y ha escrito temas para agrupaciones como las Pussycat Dolls y otras figuras del reconocido sello disquero Interscope.

Optimista, sofisticada y sensibilizada por los temas amorosos, Lady Gaga fabrica música para quienes, adornados con lentejuelas y accesorios pomposos, tienen luz propia en las pistas de las discos y buscan poner en movimiento su aura cuando tan sólo bailan.

Ladygaga.com

The Enemy
Los chicos no lloran
[Conventry, Reino Unido]

Pequeñas bestias con un sonido enorme, rumeando el éxito desde la pubertad y gimiendo acalorados por un talento de Dios padre. The Enemy creció adulando a Paul Weller, Noel Gallagher y a Joe Strummer y Mick Jones. The Jam, Oasis y The Clash hervían en sus sienes a altísimas temperaturas, sazonando la rabia, lo inevitable, las urbes ambiciosas, las guitarras destempladas y la voz gruñona con las que Coventry los pariría al mundo en 2007, al menos al planeta de las grabaciones comerciales.

De toques enanos en sótanos húmedos, siendo enanos de escasos 17, el trío conquistaba las plazas más prestigiosas del Reino Unido, se paseaba fastuoso por Estados Unidos y lucía en su estantería -y en tan solo unos meses- el huraño disco de platino. We’ll Live and Die in These Towns fue ese primer guiño a la “grandeza”. Un disco “inspirador y franco” que escupió sentencias eufóricas sobre la torpeza y el encierro, la monotonía y la vida cajita feliz (rápida, básica y desabrida). Un tufillo rebelde que los rescató del largo listado de las “next big things” británicas y del que se dijo, yendo a su exótico sonido y como a modo de balsámica ironía, “es el futuro, aunque esté maravillosamente pasado de moda” (fácil de constatar en el sencillo Away from here).

Hartos de sí mismos, de freír hamburguesas y vender árboles de navidad, el trío se abandonaría a la aún menos rentable idea de hacer bramar una guitarra con lo más caótico del punk y lo más agreste que resultara de la suma de un bajo, una batería, un piano ocasional y esa voz violenta, arrojada del  estómago.

Con todo, The Enemy no es una agrupación agria, como presume, al menos no en sus melodías, ésas misuras, sazonando la rabia, lo inevitable, las urbes ambiciosas, las guitarras destempladas y la voz gruñona con las que Coventry los pariría al mundo en 2007, al menos al planeta de las grabaciones comerciales.

De toques enanos en sótanos húmedos, siendo enanos de escasos 17, el trío conquistaba las plazas más prestigiosas del Reino Unido, se paseaba fastuoso por Estados Unidos y lucía en su estantería -y en tan solo unos meses- el huraño disco de platino. We’ll Live and Die in These Towns fue ese primer guiño a la “grandeza”. Un disco “inspirador y franco” que escupió sentencias eufóricas sobre la torpeza y el encierro, la monotonía y la vida cajita feliz (rápida, básica y desabrida). Un tufillo rebelde que los rescató del largo listado de las “next big things” británicas y del que se dijo, yendo a su exótico sonido y como a modo de balsámica ironía, “es el futuro, aunque esté maravillosamente pasado de moda” (fácil de constatar en el sencillo Away from here).

Hartos de sí mismos, de freír hamburguesas y vender árboles de navidad, el trío se abandonaría a la aún menos rentable idea de hacer bramar una guitarra con lo más caótico del punk y lo más agreste que resultara de la suma de un bajo, una batería, un piano ocasional y esa voz violenta, arrojada del  estómago.

Con todo, The Enemy no es una agrupación agria, como presume, al menos no en sus melodías, ésas mismas que construyen con pose de obstinados, sin ánimo a la experimentación electro, así el mundo se pare y lo exija.

Tom Clarke, vocal, y Andy Hopkins, bajo, tienen 20. Liam Watts, batería, apenas si los supera: muestra con orgullo sus 21. Feos y más bien flacuchos, recién levantándose de la adolescencia, gozan de una angustiosa gran expectativa por la que es su segunda placa discográfica. Music for the People, salió a la venta y advierten que lo que viene en él no arriesga, aunque sí incomoda: ¿quién querría escucharlos si le fueran infieles a la provocación, al insulto sutil de la vida moderna y la decadencia, a la hostilidad? Muchos han asegurado que éste es un paso desesperado al “siguiente nivel”: abandonar el romanticismo arrebatado y la “conciencia social” para inflar su sonido al tipo chicle comercial: ¡mastícalo hasta la nausea! Afortunadamente, no. En video y lírica, su nuevo sencillo No time for tears alude al coraje, al “dilo, escúpelo, enfréntalo” y sentencia que en el mundo real no hay espacio para los llorones.

myspace.com/theenemycoventry

Santiago Cruz
Balada power
[Ibagué, Colombia]

Con la conciencia de sentirse mucho más vivo y cómodo consigo mismo, regresó Santiago Cruz con un nuevo álbum llamado Cruce de Caminos.

Tres años tuvieron que pasar luego de ‘Solo hasta hoy’, su primera producción, para que el tolimense realizará un nuevo proceso de autodescubrimiento  traducido en música.

"Es un disco en el que me dedique a sentir cada canción. Es un álbum de amor lleno de muchas reflexiones personales, que muestran que todo tiene una cara y una cruz, que uno puede querer pero a la vez lastimar sin pretenderlo", dice Santiago.

Su primer sencillo Baja la Guardia, es una muestra de este sentimiento que recorre el disco, y al que define Santiago como "una pedida de cacao increíble".

"Aunque uno utiliza elementos de aquí y de allá de lo que uno vive, es un disco dedicado a mí", afirma el músico.

Cruce de Caminos es producido por Nacho Mañó, quien ha sido el cerebro de Presuntos Implicados, Alejandro Sanz y Niña Pastori, entre otros. 

El álbum será presentado el 24 de julio primero en Ibagué, su tierra, y luego en Bogotá y el resto del país.

Así que a escuchar lo nuevo de Santiago Cruz, si no lo ha hecho, porque tiene cuerda para rato.

myspace.com/santiagocruz