Se encuentra usted aquí

Las mentes detrás de El Rincón del Vago

Por
Redacción Shock

La llamada tuvo que sorprenderlo. En este pueblo de estudiantes y jubilados, esta ciudad que se enrosca como serpiente alrededor de una universidad empotrada hace ocho siglos en el corazón de la más vieja de las Españas, uno se acostumbra a que la vida se deje vivir sin mayores accidentes, no importa si se es un estudiante europeo de intercambio dispuesto a perder la virginidad varias veces en la misma noche para luego no recordarlo, o el gerente y cofundador de una de las páginas de Internet más visitadas en el mundo hispano. En Salamanca la vida no tiene rodeos.

–¡Joder, Javier, te buscan de una emisora colombiana!

Hasta ese entonces, Javier Castellanos y su socio y amigo Miguel Ángel Rodero no habían escuchado hablar de un señor de nombre Julio Sánchez Cristo. Mucho menos de un concejal bogotano, un tal Leo César Diago que, para ser sinceros, tampoco es que fuera muy conocido en Colombia, quizás en Bogotá, y no precisamente por acciones muy loables: años atrás el ilustre representante se había bajado los pantalones y le había mostrado las nalgas a todo el Concejo de la capital, táctica poco original que le significó la suspensión por varios días debido a su falta de modales. Pero nada de esto sabían Castellanos y Rodero cuando esa tarde de finales de marzo de 2006 recibieron la llamada de los productores periodísticos de la emisora La W. Rápidamente y a los trancazos, Castellanos, quien es por lo general el que le hace frente a la prensa, tuvo que ponerse al tanto de lo que ocurría: el concejal Leo César Diago había presentado un proyecto de Acuerdo en Bogotá. Una periodista del diario El Tiempo, sospechando del texto y tras una sencilla labor de inteligencia, encontró que parte del documento había sido copiado directamente de varias páginas de Internet.

– Su página, señor, está entre ellas -le dijo  ella a Javier.

El Tiempo había titulado la pieza esa mañana “Diago, ¿El concejal copietas?”.

Al aire, la voz de Julio Sánchez se debió regar, como siempre, por los parlantes de toda Hispanoamérica:

– Tenemos como invitado a Javier Castellanos, cofundador y gerente de El Rincón del Vago…

Freakies, vagos, empresarios
La oficina es pequeña y sencilla: un gran espacio dividido en tres cubículos. En el primero, los dos jefes y fundadores trabajan frente a frente, como si entre ambos hubiera un espejo. A su lado, dos ventanas dejan entrever la calle Toro, un lindo paseo peatonal de tiendas de marca que desemboca en la ostentosa Plaza Mayor de Salamanca. El segundo cubículo, oscuro y pequeño, funciona a manera de salón de reuniones. El tercero, el más grande pero más recluido de los espacios, es un centro de operaciones donde los siete integrantes que completan el equipo de El Rincón del Vago –siete personajes mayores de 30 años de esos que se encuentran, por lo general, detrás del mostrador de una tienda de cómics– trabajan todos los días para ofrecerles a los habitantes de la red más de 70.000 trabajos académicos listos para bajar a sus computadoras.

Nadie que entre a esta austera oficina (además de los escritorios, su mobiliario se reduce a una cafetera, un horno microondas, un garrafón de agua y un afiche con su primer logo: un buitre que se hamaca entre dos palmeras) intuiría que quienes allí trabajan son también empleados de la multinacional France Telecom, que desde el 2001, a través de su filial española Orange, es dueña del 90% de El Rincón del Vago.

Para hablar con ellos no hay que sufrir con un agente de prensa ni lidiar con secretarias. Basta con pasarse cualquier día y timbrar en la oficinita de la calle Toro. A menos que estén en Madrid, en reuniones con otros equipos de la multinacional, se les encuentra allí con facilidad. Javier, gerente general, es más serio y menos agraciado, mientras que a Miguel Ángel, encargado de desarrollar los productos para telefonía móvil, le va mejor con las cámaras, sonríe, posa con placidez victoriosa. Ambos visten camisas Lacoste de hace varias temporadas y se cortan cuidadosamente las uñas. A primera vista, sus estilos individuales son, prácticamente, indistinguibles.

Antes que socios parecen siameses. De hecho, durante el verano viven en dos casas de campo pegadas una a la otra. Juntos fueron al colegio, terminaron Administración de Empresas en la Universidad de Salamanca y a mediados de los noventa comenzaron a estudiar Informática, su segunda carrera, en la Universidad Pontificia. Juntos, el 21 de febrero de 1998, después de varias semanas de agotar pretextos y excusas por sus constantes ausencias a clase, encerrados por horas en la habitación de Javier y conectados a Internet con un módem 14400, lanzaron una página sencilla donde colgaron siete trabajos que habían hecho durante su carrera. Le pusieron un nombre disonante, salido de la nada, como salen muchas veces las mejores ideas: El Rincón del Vago. Al fin y al cabo eso era.

La idea había surgido algunos meses atrás. Debían entregar un trabajo sobre el aborto para la clase de ética. Era su segunda carrera y no les interesaba el tema. Como se la pasaban más tiempo en foros de programadores de Internet, aprendiendo sobre Java Script y HTML, que pensando en ir a la biblioteca de la Universidad, resolvieron lanzar la pregunta en la red: ¿Alguien tiene por ahí un trabajo sobre el aborto?

Nunca llegó la respuesta.

– Y entonces nos dijimos: “Tío, ¿y si nos ponemos una página donde la gente comparta sus trabajos?”. Miguel Ángel dice esto y sus mejillas ceden a una sonrisa amplia y pícara. Siempre sonríe.

Lo que siguió lo cuenta Javier:
– Entonces comenzamos con lo que las agencias de comunicación y todos los pijos llaman “marketing viral”, “marketing guerrilla”, que al final es pa’ mear. Lo hacíamos de una manera bien llevada, entrábamos a foros y le contábamos a la gente que habíamos lanzado El Rincón. Era otra época, tío, no era como ahora, que cuando entras a los foros te ofrecen diplomaturas, viagra, permisos de conducir, explosivos, lo que quieras…

El voz a voz fue efectivo. Los años noventa se agotaban. Google estaba en plena cocción, Mark Zuckerberg tenía 14 años, en Silicon Valley comenzaban a subir los arriendos y en la bolsa de valores de Nueva York las ‘punto com’ empujaban hacia arriba las gráficas de los tableros electrónicos. El tímido servidor de Castellanos y Rodero comenzó a atestarse de trabajos, mientras que miles de estudiantes los descargaban a un ritmo y con una procacidad invisibles para el mundo. En cuestión de un año, la página tenía siete millones de visitas al mes, y el resumen de El Quijote y el Lazarillo de Tormes, la biografía de Simón Bolívar, problemas resueltos de álgebra, factorización, trigonometría, fueron descargados centenares de veces.
Eran trabajos completos. Bastaba imprimir, poner el nombre y a jugar.

Los límites de la picardía
Javier Castellanos recuerda con claridad el tono de voz del concejal Leo César Diago. Lo habían puesto al otro lado de la línea, en directo por La W. Era el tema del día en Colombia. “El concejal vago”, lo llamaban. ¿Cómo se atrevía a presentar un proyecto de Acuerdo con información de El Rincón del Vago?

– El tío estaba avergonzado, decía que era culpa de sus asesores.

– ¿Y tú qué dijiste?

– ¿Pues qué iba a decir? Que lo importante era si la información que el tío había usado era correcta o no. Y estaba correcta. ¿Qué más da de dónde la has sacado?

El proyecto de Acuerdo del concejal Diago buscaba regular las ayudas recibidas por los medios de comunicación comunitarios. Irónicamente, el fragmento que sus asesores habían extraído de El Rincón del Vago hablaba sobre los inicios de los medios de comunicación, cuando el plagio era técnicamente impensable. La frase exacta decía: “antes de la aparición de los tipos de imprenta móviles a mediados del siglo XV, las noticias se difundían por vía oral, por carta o por anuncio público”.

Pero aquella no fue la única vez que a Castellanos le tocó salir a dar cuenta de las actividades de su negocio en los medios latinoamericanos. Meses después del caso Diago, recibió una nueva llamada, esta vez de Buenos Aires.

Un conjuez de la localidad de Río Tercero, provincia de Córdoba, Argentina, acaba de fallar a favor de cinco militares y un civil acusados de ser responsables de la voladura de una fábrica militar, el 3 de noviembre de 1995. La historia se había ganado desde el comienzo la atención de los medios: primero, por la magnitud del accidente, habían muerto siete personas y 300 habían resultado heridas; y segundo, porque se rumoraba que detrás de la voladura se escondía el intento de encubrir una operación de venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador, en la cual estaban siendo implicados incluso el expresidente de este país Carlos Menem y su subsecretario de Defensa. El caso, sin embargo, alcanzó el grado de controversia nacional cuando el juez a cargo, Diego Estévez, dictaminó la inocencia de los militares argumentando que la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero había sido un accidente. Como parte de su argumentación, el honorable juez halló conveniente detallar en su sentencia la naturaleza de la carga explosiva, el trinitrotolueno (TNT). Para hacerlo, citaba como fuente de información a la página de Internet elrincondelvago.com.

Ardió Buenos Aires
Como el caso anterior, Javier exculpó al juez ante la prensa local: ¿qué importaba de dónde había salido la fórmula del TNT si al fin y al cabo estaba correcta? En Argentina, sin embargo, argumentaban que el problema no radicaba en la veracidad de la fuente, sino en lo que su acción simbolizaba: “Fue un paso poco feliz de un magistrado que desde su lugar debe transmitir el ejemplo de seriedad y esfuerzo al resto de la sociedad, sobre todo a los más jóvenes”, escribió en su editorial el diario La Nación.

La defensa
El equipo de El Rincón ha aprendido a vivir a pesar de sus enemigos. “De vez en cuando nos llegan correos diciendo que van a incendiar nuestras oficinas; también ciertos sectores académicos nos atacan, han llegado a llamarnos ‘El cáncer de la educación’”, cuenta con gestos inocentes Ángel Luis Benito Rodero, abogado de El Rincón.

Los argumentos en su contra son evidentes: son una empresa que ha hecho su dinero promoviendo el culto a la trampa legal, honran el mínimo esfuerzo y los atajos, y a la larga entorpecen el esfuerzo de los educadores de todas las estirpes. Han hecho su fortuna, podrían argumentar algunos, de la misma manera que lo hacen las tabacaleras o la industria de armamentos, vendiendo productos nocivos para la salud. Pero ante estas críticas, Javier Castellanos responde impasible, con esa jerga grosera de acento áspero y consonantes arrastradas con la que hablan los castellanos. Enumera los premios que les ha otorgado la junta de Castilla y León.

También las muchas conferencias que ha dado en su antigua alma máter, la Universidad Pontificia, donde incluso apadrinó con Miguel Ángel una promoción de alumnos. Con la Universidad de Salamanca, asegura, también tienen buenas relaciones; incluso han suscrito convenios para que estudiantes realicen prácticas en sus oficinas.

– Tú ya no puedes exigir a chavales de cinco años, rodeados de tecnología, que se pongan a aprender la tabla de elementos químicos de memoria. Memorizar machaca al profesor, acaba con la creatividad del alumno.

Javier adopta un tono sobrio, y lanza una frase que sabe que el periodista citará en su artículo:

– Nosotros lo que queremos es que la educación cambie. El día en que no entre nadie a El Rincón del Vago es porque esto ha sucedido.

Casi quinceañeros
Hace un poco de frío y llueve este lunes 21 de febrero de 2011. Hoy hace trece años Miguel Ángel y Javier pusieron su pequeño experimento a rodar por la red. El fotógrafo les hace unos retratos contra la ventana. Ambos posan con los brazos cruzados, son expertos: los recortes de decenas de periódicos y revistas pegadas en las paredes de su oficina dan testimonio de ello. Algunos titulares: “La web salmantina ‘Rincón del Vago’ se alza con un premio Ibest de Internet’”, “El Rincón del Vago trabaja a destajo para aliviar los exámenes”, “Dos estudiantes de Salamanca ayudan a sus colegas”, “Unos vagos no tan vagos”.

Los números de El Rincón son impresionantes. Al mes, la página recibe 30 millones de visitantes únicos y cada día tiene un promedio de un millón y medio de entradas. México encabeza la lista de visitantes, le sigue España y luego Colombia, con el 13% del tráfico. La página llegó a estar entre las 300 más visitadas del mundo; hoy está entre las 2.000. Según los índices de Alexa, en México es la número 84; en Colombia, la 78.

Continúan las fotos, la conversación. Miguel Ángel habla sobre la importancia de hacerse la vasectomía; Javier, de la importancia de las redes sociales en las movilizaciones del mundo árabe.

Es el tema de moda. Las redes. Y a una de ellas le están apostando, la bautizaron Mi Rincón
(¡y que MySpace proteste!). En unos meses saldrá al aire en México.

Explica Javier:
– Los usuarios podrán ingresar en su perfil su lugar de residencia, el colegio al que van, y de inmediato aparecerán todas las tareas que tenemos de acuerdo con su plan de estudios, todo organizado por cursos, por materias, incluyendo videos, exámenes…

Y Javier cambia de nuevo el tono. Y esta vez toma impulso y sonríe socarronamente. Él sabe que dirá otra frase con la que seguro el periodista cerrará el artículo:

– ¿Más vago? ¡Imposible!