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Lecciones de cultura pop en el Instituto Mexicano del Sonido

Por
Redacción Shock

SHOCK: Sú música es un collage de todo un poco. ¿Cómo la describiría?

CAMILO: Siempre que me hacen esa pregunta, digo que hago una cumbia un poco punk, con espíritu de música electrónica.

Hablando del desarrollo de ese concepto sonoro, ¿es un proceso natural o es calculado?

Pues a mí me encantaría sonar como Kraftwerk, pero siempre termino sonando a otra cosa. Es como cuando estás contando una película, lo que resulta en otra versión. Cuando tratas de reinterpretar o de apropiarte de algún sonido, terminas construyendo tu propia identidad a partir de ahí. No es un proceso tan calculado.

Su técnica es curiosa, deviene en un sonido imperfecto que, en Colombia, podríamos describir con una palabra: “chambón”.

Mi grupo favorito es Velvet Underground. Por principio, ellos eran imperfectos. Se descuadraban, grababan cosas que no estaban a tiempo o en tono, y así… Al final, la imperfección es más real. A mí me gustan las “guapifeas”, no las nalgas preciosas. Para eso están otros campos, como el pop, y yo no juego en esa cancha. Mi cancha es la música que tiene personalidad. Y nuestra personalidad se construye a base de errores y de cosas imperfectas.

El humor está muy presente en el IMS…

¡Ja! Sí, me encantaría ser como el Weird Al Yankovic de la música electrónica.

Usted es un lector ávido. Sus discos, por ejemplo, toman elementos de Rulfo, de Bolaño, de Cortázar. ¿Cuál es la novela que más relee?

El guardián entre el centeno de J.D. Salinger. Para mí, ese es el Never Mind The Bollocks de la literatura. Es un libro para adolescentes contado por adolescentes. Tiene rabia. Es una bomba. Cuando se pierde la rabia y las cosas comienzan a ponerse sofisticadas, pierden contundencia.

Pensando en Salinger, de repente sí hay algo de rebeldía adolescente en su música…

Sí. Y me gusta asumirla así. Un poco menos acomodada con el establishment.

De hecho, su sonido tiene un tinte político, ¿tiene que ver con una reivindicación de lo popular?

Más que algo político, es como una manifestación social.  

¿Cuál es la figura del rock que más lo inspira?

Hay dos. El primero: Brian Eno, pues ha logrado redefinir el sonido en varias ocasiones. El segundo: Malcolm McLaren, pues hizo de la independencia y del rock un espectáculo, como un circo. Él ayudó mucho a que esto tuviera un estatus más glamuroso.

¿Y del paisaje popular latinoamericano?

Primero, Pérez Prado, que es el primer punk tropical. Pero hay otros, como Aniceto Molina o Celso Piña, grandes rebeldes, gente que llevó su arte hasta las últimas consecuencias.

El Instituto Méxicano del Sonido se presentará en Bogotá el 24 de abril, en el marco del Festival Estéreo Picnic.