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Lecciones de Tumbao con La 33

Por
Redacción Shock

Hace doce años nació una banda que demostró que los bogotanos no solo podían vacilar, sino también podían fabricar salsa de la buena y pregonar al estilo de esos salseros de la Nueva York de los setenta. Hace doce años los hermano Mejía, Santiago y Sergio, se pusieron en la tarea de reinterpretar ese género a la bogotana. La Pantera mambo fue ese sencillo que, en el 2004, presentó en sociedad a La-33 y la puso a puso a caminar, con paso firme, en el universo musical más independiente pero también en el más comercial, sin ayuda de ningún sello discográfico.

Hoy en esa cuesta no solo han recorrido el globo de extremo a extremo (pasando por Japón, México, España), han pegado sus éxitos en emisoras comerciales, y engordado la lista de sus seguidores, sino que han sido los embajadores de una salsa con sabor bogotano, que se pasea entre el boogaloo, el son montuno, la salsa clásica y ese rock con que crecieron casi todos los integrantes. Después de cuatro años llegan con su cuarto trabajo en estudio: un retrato sonoro de todas esas experiencias vividas que suenan a madurez. Nos sentamos con los hermanos Mejía, para hablar del nuevo trabajo, del pasado, el presente y el futuro de la salsa bogotana, de La-33.



¿Al empezar a hacer Tumbando por ahí  sintieron que llevaba el peso de estos doce años de carrera?
Sergio:
Eso es Tumbando por ahí exactamente: doce años de andar tumbando, como el tumbado del piano (un término salsero), pero también estar por ahí parchando y compartiendo experiencias.

Santiago: Es ese mismo recorrido. Yo lo definiría como el camino hacia la madurez. Hay temas que, como Tumbando por ahí, se cuestionan qué es el disco y conecta todas las historias que hay ahí: la vida del músico y cómo interactúa con la gente y las relaciones humanas.

¿Cuál fue el aporte definitivo de Richard Blair en la producción del nuevo trabajo?
Sergio: Él propuso una sala en Audiovisión muy pequeña, una consola análoga que influyó bastante en darle un sonido distinto al álbum y grabar jornadas de 12 horas en un estudio totalmente cerrado. Todos grabamos al tiempo, incluyendo los cantantes, así que tuvo el mismo sonido de comienzo a fin. No queríamos que la grabación fuera un momento para rajar, sino de tocar.

¿Qué cambia cuando un disco como este se graba en bloque?
Sergio: La gente  decía que los discos de La-33 no tenían la misma fuerza que los conciertos en vivo y Richard también nos dijo lo mismo. Grabar en bloque hace que todo el mundo esté al lado del otro y lo que salió, salió. No hay espacio para repetir. Hay un poder que se genera. Por el mismo micrófono entran el saxo, la campana, la trompeta… se puede mezclar, pero todo está en todas partes, entonces suena más gordo, más grande.

Ya han pasado por tres trabajos, giras y cientos de horas de grabaciones. ¿Cuál ha sido la evolución desde ese primer disco hasta Tumbando por ahí?
Sergio: En este punto es algo mucho más sincero, donde quedan de lado los malabares musicales y nos dedicamos a generar un sonido compacto, hay unas ganas de comunicar algo, pero también de hacer gozar a la gente.   

Santiago: Sí, hay mucha sinceridad, la música son los momentos que uno vive o ve vivir, son experiencias, tratar de hablar con la gente. Más allá de cosas complejas lo que tratamos de hacer hoy es poder ser claros en lo que queremos decir y este disco dice lo que pensamos. No necesariamente es algo político, nuestra función es hacer gozar a la gente.

Uno de los grandes triunfos de La-33 es haber reconectado a viejas y nuevas generaciones con la salsa de los setenta, la salsa dura. ¿Se puede decir que este disco sigue empuñando esa bandera?
Sergio: Claro, es el disco que más suena a esto, a salsa dura. Su forma de grabación fue como la de los salseros de los setenta. De todas formas La-33 sigue buscando su sonido. Nosotros nacimos en los setenta pero crecimos en los ochenta, somos bogotanos, tenemos distintas influencias, y todo eso en conjunto es el resultado final de La-33.

Desde que nació la banda, nunca faltaron los que estigmatizaron su música por tratarse de una banda de salsa de la capital. ¿Aún siguen esos prejuicios hacia la salsa hecha en la capital?
Sergio: No, igual la salsa es de la ciudad. De alguna manera se puede decir que Bogotá es la Nueva York de Colombia, y así la salsa venga de Cali o de las costas, muchas bandas como Niche y Guayacán llegaron a la capital a tocar. Esta ciudad le brinda muchas herramientas a un músico, para que se desarrolle y se quedé acá.

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Vea el resto de la entrevista con La 33 en nuestra edición impresa de este mes, la cual estará en las calles y puntos de venta desde el 18 de mayo.