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Los "sin tocayo"

Por
Redacción Shock

Al mencionar las palabras Lota Schwager lo primero que pasa por la cabeza es una marca de productos de cuidado capilar, de calidad superior y mayor precio que los de Silueta Schwarzkopf. Muy pocos saben que Lota Schwager es simplemente un club de fútbol de una empobrecida región carbonera del sur de Chile.

En Argentina se encuentra una genuina joya, el Club Atlético Al Ver Verás, fundado en 1930, y que en los ochenta intentara cambiar su nombre por el más anodino de Estudiantes, generando tal animadversión en su afición que sus directivos lo regresaron, tras una temporada pobre en taquillas, a su denominación original.

Sin embargo, estos destellos de creatividad palidecen al lado de Perú, país que si bien en las eliminatorias al Mundial marcha de último, en el campeonato de nombres curiosos para sus equipos es campeón mundial y vitalicio. Inti Gas de Ayacucho, Total Clean de Arequipa. Sport Coopsol, Ciclista Lima, Espartanos de Pacasmayo, Hungaritos Agustinos, Hijos de Yurimahuas y el Deportivo Bolito, tuvieron en su momento su prueba de fuego en el fútbol profesional del país incaico y, claro, pusieron en jaque a los narradores.

Pero no es problema exclusivamente nuestro: en España anda el Júpiter, equipo en el que 11 catalanes de vientre prominente, piernas blancas y rodillas rosadas ponen en juego su honor en una de las divisionales del fútbol regional.  A pesar de su esfuerzo, no se lleva el premio máximo en su país, honor que sin duda alguna ostenta un homólogo suyo en la región de Castilla: el Club Atlético Cabeza del Buey.

Tampoco puede olvidarse el zoológico (¿o la granja?) mexicano, en el que entre tantos Pumas, Chivas, Jaguares y Tecolotes se destacan los Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, equipo que después de vivir algunos momentos gloriosos en la A, juega ahora en divisiones menores del futból (ojo, no fútbol) manito, como si el pajarraco del que lleva su nombre hubiese sido atrapado por el coyote.

También merece su espacio nuestro fútbol, que, segundón esta vez de los inigualables peruanos –como en cuestiones de himnos frente a los franceses-, ha visto desfilar entre otros al inefable Boyacá Chicó, que conjugó en un solo engendro a una región predominantemente rural del país con uno de los sectores más elitistas de Bogotá. De lejos se lleva el premio mayor, seguido de cerca por La Equidad, ahora el más poderoso equipo capitalino. En Manizales, sin embargo, se jactan porque su club tal vez es el que más notarías ha tenido que visitar para cambiar su nombre: Once Caldas, Once Deportivo, Cristal Caldas, Varta Caldas y un casi increíble Once Philips, son algunas de las denominaciones a las que los hinchas del “blanco blanco”  han debido adaptar nuevamente sus cánticos, sin terminar de aprenderse los viejos.

No se puede terminar este compendio sin mencionar a la más incomprensible de las denominaciones: así como en España, el Real Madrid o la Real Sociedad rinden un justificado honor a la monarquía que por herencia, y tras siglos de tradición, rige sus destinos, los colombianos hemos tenido que ver sorprendidos cómo, seguramente al calor de unos rones, enloquecidos directivos han creado engendros como el Real Cartagena o el Real Santander. Esto, en unas tierras en que los únicos reyes que se conocen son el Rey Vallenato y el Rey Momo. 

Al final, todo deja de ser un problema de nombre: se convierte en tema de identificación para ciertas características de los futbolistas. Por ejemplo hay que brindar porque el borrachín y talentoso jugador venezolano Stalin Rivas (ex Millonarios) terminó su carrera en el… Guaros de Lara. Pudo haberlo hecho también en el famoso
11 Whiskies Dobles, de Argentina. Mejor no especular sobre qué jugador, técnico o dirigente quisiera fichar para el
Bonita Banana de Ecuador.