Se encuentra usted aquí

Maldita Sea: El baile del mono du, do, do

Por
Redacción Shock

No uso Facebook y tampoco estoy de acuerdo con que una aburridora canción –inventario de vicisitudes de uso de esta red social– sea un fenómeno musical. Además, el tema de Esteman sospechosamente se parece al que el artista Rockin’ Sidney lanzó hace 25 años y a la versión del mismo que La Sonora Dinamita grabó en Colombia. Como si fuera poco, el video de No te metas a mi Facebook parece uno de Miranda!

Qué coincidencia que La Sonora Dinamita también haya grabado un tema dedicado a un fenómeno de propagación social bajo el título de La cumbia del SIDA. Corría la década de los años 80 y en fiesta decembrina que se respetara había que bailar con las tías otra canción de esta orquesta colombiana de Discos Fuentes: Mi cucu o No te metas con mi cucu, como era mejor conocida entre los bailadores de antaño.

Claro, en aquel tiempo no había Facebook ni celular, al lado del teléfono en cada casa había una libreta para anotar quién había llamado a quién y nadie imaginaba, a pesar que desde hacía una década se venían realizando las primeras pruebas, que el beeper se iba a convertir en adelante en el compañero inseparable de la gente para saber de otra gente.

En un sentido bastardo, el buscapersonas viene siendo como el bisabuelo de Facebook, aunque no se usaba para alimentar el egocentrismo ni para organizar guerras de almohadas ni para ver las fotos de colegio de unos jayanazos sin oficio. De hecho, lo usaba gente con mucho oficio, principalmente mensajeros y domiciliarios. A diferencia de su bisnieto, tampoco pretendió tener su propia canción, ni una inspirada en las compañías que prestaban con las patas el servicio de mensajes, ni en el característico olor a culo que expelía el beeper tras un día de filas en los bancos con el aparato entre el bolsillo.

Entrados los 90 y enterrado el buscapersonas, incluso ya había sido suficiente con las aberrantes canciones inspiradas en animales domésticos y de la selva, canciones que trataron de imponerle un baile o una letra de moda a su época con poco más que una letra graciosa. Y terminaron siendo un chiste pasajero.

El baile del perrito y Por la plata baila el mono fueron dos clásicos ejemplos, sobre todo el segundo tema de Wilfrido porque incluyó pasos que la gente debía seguir mientras escuchaba su estrofa reina, una estrofa machista, sexista y homofóbica pero supuestamente divertida: “La sensación del momento, el paso del mono macho (música) Y ahora, el paso de la mona sensual, ¡aaah! (música). Un paso bien simpático, el paso del mono du, do, so (música). ¡Dale plata y que siga!”.

Después llegaron Melody y El baile del gorila, y hasta Carlos Vives y el mantra folclórico infantil de “se encojó Mi Caballito”; pero justo cuando se pensaba que todo había quedado en el pasado (incluyendo a Melody, pequeña española a quien los años no sólo le depararon pelos de gorila en las axilas sino un peludo fracaso en el 2008 con un tema producido por el autor del Aserejé de Las Ketchup); aparece Esteman y su canción No te metas a mi Facebook.

No uso Facebook pero tampoco creo necesario tenerlo para aceptar que una aburridora y nada pegajosa canción –inventario de vicisitudes y trivialidades de uso de esta red social– sea un fenómeno musical. Su melodía se parece a la del tema My Toot Toot que el artista Rockin’ Sidney lanzó hace 25 años y a la versión del mismo que grabó La Sonora Dinamita, y como si fuera poco su videoclip me recuerda que para copiarse de Miranda! no hay restricciones. Y que a falta de talento, buenas son 521 mil views en YouTube.

En YouTube hay videos aún más pegajosos de gente comiendo mocos y con muchas menos views. Hablando en serio, para mí no tiene gracia alguna este Grease de gorditas y metrosexuales bien depilados, un musical tan obvio y tan Misi que haría sonrojar a la propia Melody.

¿Qué sigue? ¿El Twist del Twitter? ¿Una canción afrodescendiente sobre el BlackBerry? ¿30 Seconds To Messenger, un grupo de enanos emo que se deprimen porque no alcanzan el teclado para conectarse?

Todos los que trataron de imponerle una canción de moda a su época fueron pasajeros: Wilfrido, Melody y hasta Bart con su canción Yo no fui. Ahora el turno es para Esteman.