Se encuentra usted aquí

Matisyahu: “No soy un profeta”

Por
Redacción Shock

Su voz es la de un gran orador, su raza la misma tierra y su beat box uno de los mejores del mundo. Es Matisyahu, el primer y único cantante de reggae proveniente de la versión más ortodoxa del judaísmo. Con 33 años, este hombre de fe y tradición, nacido en Pennsylvania e hijo adoptivo de Brooklyn, Nueva York, es una joya musical aparte.

Su barba larga, traje negro y sombrero de pastor irrumpieron en la escena del reggae experimental con Shake off the Dust... Arise en el 2004 y, desde entonces, la escena musical que todos conocíamos nunca volvió a ser la misma. Su primer gran éxito, King Without a Crown, lo montó en las grandes ligas y despertó una profunda envidia (de la buena) en la curia rastafari por el flow, la fortaleza y sobre todo, el mensaje de su rima.

Matthew Miller o Matisyahu -su nombre en hebreo- es una mezcla de Barrington Levy y Eek-A-Mouse con un poco de Bob Marley, el toque sonoro de Phish y el picante electrónico de The Glitch Mob. Y no es para menos: su beat box es impecable, su rima es precisa y la coherencia inspiradora de su mensaje de esperanza, solidaridad y paz reverbera para siempre en quien lo escucha.
Pero no siempre fue así.

Matisyahu vivió días de ocio y bohemia en los que se autoproclamó un hippie de primer orden, amante del reggae y el cannabis. La religión, él mismo lo confiesa, no era su vocación. Sin embargo, un viaje de LSD, un poco de Grateful Dead y una peregrinación a Tierra Santa en busca de su identidad lo hicieron regresar a casa reconciliado con el judaísmo y dispuesto a comenzar una carrera musical dotada de nada más que espiritualidad.

Con siete discos (entre recopilaciones, conciertos en vivo, Dvds, cientos de featurings), una nominación al Grammy y cuatro giras, en las que recorrió medio mundo compartiendo line up con Madonna, Sting, U2, Beastie Boys y UB40, Matisyahu llega a las tarimas de nuestro país con Light, el disco publicado a finales de 2009. Esto fue lo que nos dijo sobre su vida, su rol como artista y sus conciertos en Suramérica. Estará en Bogotá el próximo 24 de abril.

SHOCK: ¿Le ha resultado un trabajo arduo conciliar la fama con la espiritualidad?

MATISYAHU: De hecho no es tan difícil como se piensa. Tanto la música como mi conversión espiritual vinieron casi de la mano, así que una tiene relación directa con la otra. Por supuesto, es mi religión la que me da el balance, grado de pertenencia y sentido de realidad. Es por esta razón que he podido mantenerme centrado y con los pies en la tierra. Algo tendrá de bueno, pero la fama es simplemente una gran desilusión.

Más de un millón de personas lo siguen en Twitter, ¿no le resulta agotador?

Comunicarnos entre todos hace parte del principio de comunidad que profeso y Twitter es un lugar perfecto para esto; además, es como llevar un diario de ideas, recuerdos, lugares y personas que de una u otra forma hacen parte de lo que soy y de lo que seré. Resultará muy interesante volver en unos años a mirar los pasos que se recorrieron.

Y hablando de estos pasos, ¿por qué tuvo una conversión religiosa tan extrema?

Bueno, cuando era chico viví alocadamente como cualquier otro adolescente. Sabía que era judío pero no lo que significaba. La relación con mi cultura y mi herencia eran todo un misterio. Por eso hice un viaje de exploración a Israel donde descubrí el verdadero sentido de ser judío, de mi comunidad. Desde entonces mi música cobró valor.

¿Cómo interfiere el ser un judío ultraortodoxo con las tareas de un artista de su talla?

Como hombre no puedo tocar a ninguna mujer a menos que sea mi esposa o mi madre; tengo que ser muy cuidadoso con eso. Tampoco puedo cantar, componer o grabar durante el Sabbat, el cual dura del viernes en la noche al sábado al atardecer. Pero para mí estas no son restricciones pues no llevo la vida típica de un rock star.

¿Ha sido fácil abstenerse de caer en las tentaciones de una industria tan carnal como la musical?

El hecho de tener dos hijos y una esposa -quien por lo general viaja conmigo durante las giras- y de estar rodeado de gente que sabe y conoce lo que quiero y lo que busco como artista, me hace todo más fácil. Pero como todo en la vida, hay que elegir a diario, pues sea cual sea la situación en la que estés, las oportunidades siempre van a estar frente a ti.

¿Cree que es difícil hacer música con contenido espiritual en momentos en los que la industria y la sociedad en general se rigen por lo material y lo banal?

Siempre habrá una audiencia que tenga un interés en la música más allá de la simple entretención. Respeto a quienes hacen música ligera. Sin embargo, yo escribo música que traiga algo de conciencia espiritual, que promueva la búsqueda más allá de la verdad. Algo que de hecho no es promovido por la cultura popular en la que vivimos, donde los productos son cada vez más genéricos, desechables y frívolos.

¿Se considera entonces una clase de mensajero?

Para nada. Existe una línea muy delgada entre ser un artista y un ególatra. Es muy fácil caer en los excesos del reconocimiento. Es por esto que trato de mantenerme apartado lo más posible del rol o etiqueta de profeta. Mi único y verdadero interés es reflejar mi espíritu a través de mi música.

Su música habla sobre el entendimiento entre hombres, religiones y fronteras. ¿Por qué entonces es tan escéptico sobre usar la música como herramienta para salvar al mundo?

Cada quien decide el propósito de su mensaje. El mío, el de mi música, tiene un rumbo más espiritual, individual e introspectivo. No pretendo que mi música acabe la guerra o el hambre; me enfoco más en el efecto de la música sobre los individuos. Invierto mi tiempo en que la gente viva mejor consigo misma. Eso no quiere decir que no sea importante que todos usemos las herramientas que tenemos a la mano para cambiar las cosas.

La influencia de Bob Marley y en general del espíritu reggae tiene un lugar incuestionable dentro de su música. ¿Qué tan fuerte es la relación entre la cultura rastafari y el judaísmo jasídico?

Muy grande, pues para el rastafarismo las escrituras del Viejo Testamento son una fuente esencial de inspiración, sus pasajes, sus salmos, sus enseñanzas, al igual que para nosotros lo es la Torá, nuestro libro sagrado. Los dos caminamos de la mano en busca de la misma redención espiritual.

¿Y la Kabbalah?

Este es el libro del misticismo judío, el que aborda todo el tema de la vida después de la muerte, sus fuerzas y relaciones con la creación y la existencia. Todo un fortín de inspiración.

One Day, hit de su último disco, ha sido un suceso mundial. ¿Cómo explica este fenómeno?

A veces lo sencillo, concreto y sincero es más fuerte que cualquier tipo de sonido. Así es esta canción: un llamado a la esperanza y al optimismo como lo es en sí todo el disco. Un canto al sentido de comunidad, a la espiritualidad y a su poder curativo.

Y en todo esto, ¿qué rol juega la muerte en su vida?

Además del hecho de que es nuestra más fiel compañera, estoy convencido de que no somos dueños de nuestro destino y por ende nunca sabremos lo que tenemos por delante. Intentar predecir con absoluta certeza cuándo la vida nos será arrebatada es una pérdida de tiempo. Por tanto hay que vivir en paz con uno mismo, el universo y nuestra comunidad para así apreciar cada instante como si fuera el último. En eso se parece la vida con el estar encima del escenario: cada momento es único y nunca más se repetirá.

¿Hay algo que quiera lograr antes de irse de este mundo?

La vida en sí misma es mi mayor logro.

Estudió escritura de guiones para cine en Nueva York. ¿Tiene planes de incursionar en este terreno artístico?

Siempre he estado en contacto con ese mundo, cada canción, cada video tiene mucho de ese gusto por lo cinematográfico. Seguramente más adelante habrá mayor tiempo para volver y trabajar con más fuerza en ese terreno.

Comienza una gira larga por toda Suramérica en la cual pisará por primera vez tierra colombiana. ¿Tiene alguna referencia de nuestro país o nuestra música?
 
Realmente no. Sin embargo, tengo muchas expectativas. He escuchado un universo de buenas cosas sobre ese lugar y su gente. Me muero por llegar y conectar con miles de personas allí, pues de cada lugar absorbo algo de inspiración.

¿Qué puede esperar Colombia de su show? ¿Escucharán todos sus éxitos?

Vamos con un set bien fuerte de reggae con mucha influencia dancehall, elementos rock, beat box y mucho hip-hop. Es un show muy ecléctico, casi de 360 grados, el cual dejará cubierto mucho terreno, incluido lo que todos quieren escuchar.

+ SOBRE Matisyahu

Desde el 2004, Matisyahu ha lanzado tres LP, un disco en vivo, dos álbumes de remezclas y un Dvd de conciertos.

Antes de su conversión religiosa y de su primer disco, Matisyahu hacía beat box en Nueva York bajo el nombre de MC Truth. En el entretiempo se dedicaba a seguir las giras de sus bandas favoritas por todo el país.

En 2007 hizo parte de Unsettled, documental ganador del premio del jurado del Slamdance Film Festival.

En el 2008 participó en Call + Response, un documental sobre la trata de personas.

Matisyahu o Matthew Miller vive en Crown Heights, Brooklyn, con sus dos hijos y su esposa, Tahlia.

“La música y su mensaje pueden erradicar la penumbra del olvido de la gente, despertar la llama de la conciencia, dejar que arda. De lograrlo, brillará el entendimiento de todos como una sola raza”.

-VEA LA  EDICIÓN DE LUJO DE LA REVISTA SHOCK AQUÍ