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Mejor película: Slumdog Millionaire, entre diatribas y adulaciones

Por
Redacción Shock

Occidente aplaude sobrecogido a los “perros” hindúes mientras esos mismos “perros” claman porque cese el circo; esa desaborida pornografía que hoy protagonizan gracias a Danny Boyle. Y lo dicen así, insipiente y fría obscenidad, porque no excita ni perturba, apenas si arranca lágrimas fáciles a los habitantes de este lado del mundo.

Lo que inició como un proyecto de mínimas expectativas, supervaloró su etiqueta social para proyectarle al mundo la desolación de un pueblo pobre y le ha sacado el jugo al menosprecio, a la escasez y a la cuota vendedora de muchachitos hambrientos, cari sucios y descalzos: los monos mendigos, los payasos entre la basura… los perros (hindúes) saltarines del circo, dígales usted como prefiera.

Slumdog Millionaire hierve en la red como una ráfaga noticiosa, un fenómeno cinematográfico que nadie preveía. Ni la India, ni la crítica, ni los grandes eventos de premiación al séptimo arte. Hoy se sabe que arrasó en los Globos de Oro y en los Bafta, por nombrar algunos, en donde salió victoriosa como Mejor película y Boyle como Mejor director. Y parece que el panorama en los Óscar no será diferente: diez nominaciones tienen a la cinta en la cúspide, con nuestra certeza y la de la gran mayoría de los espectadores, de que se inscribirá en la historia como la Mejor película en la versión 81 de los Premios de la Academia.

Con el panorama, es obvio que hay dos caras de la moneda. Occidente dice “la mejor película de la década”, “es perfecta en un millón de formas diferentes”. India, por su parte, bautiza a sus canes “Boyle” y organiza protestas con carteles en los que aseveran ser seres humanos y no perros, como sugiere el título del filme. A Boyle lo acusan de “pornográfico”, un ser no deseado que fue capaz de zambullirse en la miseria de sus barrios y reconocer en sus niños la violencia, la orfandad y el hambre, para abastecerse de indolencia y replicarla al mundo como un gran espectáculo. Un drama que, por cierto, no atañe a Boyle mismo, pues la cinta está basada en la novela del escritor hindú Vikas Swarup.

Sin embargo, en una nota reciente publicada en el periódico virtual abc.es, un corresponsal en Nueva Delhi, capital de la India, reseña que ese país “acoge a un tercio de los pobres del mundo. El 80% de su población vive con menos de 2,5 dólares diarios, un 40% con menos de 1,5 dólares y ese mismo 40% no sabe leer ni escribir”. Así que queda en la cuerda floja el argumento de la “porno miseria” que en India tanto se ha discutido.

Probablemente Boyle tenga menos culpa de la que alegan los hindúes y mucha más de la que niega. Sin embargo, y gracias a ese escáner sociocultural, hoy puede verse en la pantalla una cinta de alcances emocionales indescriptibles, bellísima más allá de la inocencia de los niños pordioseros que retrata y con un clímax que entrecruza esa misma “pornografía” de la que se le acusa, con la cara opuesta: la posibilidad de convertirse en millonario.

En Bombay, el escenario de Slumdog, habitan más de 20 millones de personas y uno de sus barrios, el Dharavi, “acoge cerca de un millón de personas en apenas 2,5 kilómetros cuadrados, una ‘pequeña India’. Sus habitantes viven principalmente del reciclado, del encurtido de pieles y de la fabricación de utensilios de barro” asegura el mismo corresponsal. Ese es el barrio de Jamal, el protagonista de esta discordia, de este filme que zigzaguea entre la miseria de Dharavi y la posibilidad, inenarrable, inverosímil, de perder el mote de “pobre” ganando 20 millones de rupias en ¿Quién quiere ser millonario?

Slumgod Millionaire incluye, con la más elegante sensibilidad (que bien podría llamársele crudeza), los extremos religiosos y sus guerras implícitas. Una de sus escenas más crudas, es quizá en la que Jamal afirma que si no fuera por Rama y Buda todavía tendría madre. Slumdog acierta en su trato con el abandono, el trabajo infantil, la explotación sexual, el ser niño y convertirse en delincuente y, aunque el panorama pareciera tan desolador, se esmera en narrar una historia de amor que trasciende con los años. Cualquier parecido con nuestra realidad… ¿acaso Fernando Meirelles no fue también un narrador pornográfico de la violencia en las favelas de Brasil o  Majid Majidi un malévolo pervertido de la inopia persa en ‘Los niños del cielo’ o, sin ir más lejos, Víctor Gaviria un obsceno exhibicionista de nuestra pobreza con su ‘Vendedora de rosas’?

En los ojos de Jamal Malik, “el chico del té”,  ésos recuerdos de menguada felicidad van mezclándose con la opulencia del programa de concurso, en donde necesita haber vivido más para acertar en las respuestas, cosa curiosa, que haber asistido a una escuela o tener algún sistema de trampa. Toda una ironía, pues sus recuerdos son un paseo triste por las vivencias de tres chicos sin hogar y sin familia, a disposición de la maldad.

La cinta independiente del “perverso Boyle” (que se exculpa de los pecados que el pueblo de India le imputó, ofreciéndole apoyo económico a los niños que aparecen en su cinta) tiene enloquecido al mundo pese a las 13 nominaciones de 'El curioso caso de Benjamin Button' de David Fincher, a la controvertida historia del luchador e ícono gay 'Milk' dirigida por Gus Van Sant, así como a 'Frost/Nixon' de Ron Howard y 'The Reader' de Stephen Daldry, cintas con la que Slumdog comite en la categoría a Mejor película.

La historia del chico pobre que se vuelve millonario se perfila ganadora, además, por esa música excepcional del monstruo de las bandas sonoras de Bollywood, el superdotado A.R Rahman, y el regalo de varios tracks de la aguerrida M.I.A, que consiguen que Slumdog se disfrute también por los oídos.

Dirigida por Danny Boyle. Con Dev Patel, Anil Kapoor y Saurabh Shukla.
www.slumdogmillionairemovie.co.uk
Estreno en Colombia: 20 de febrero 2009

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