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Narcopresidente

Por
Redacción Shock

Y aunque las causas y consecuencias de ello, en especial las causas, deberían ser motivo de mayor análisis y reflexión, la primera pregunta que me surgió al conocer la noticia del megaproyecto de Murcia fue ¿cómo será tener un presidente traqueto? Porque seamos realistas, en Colombia eso puede pasar. Además, no creo que Murcia vaya a ser el último en intentarlo.

Y aclaro que no me refiero a un político-títere de la mafia o a un candidato financiado con dineros calientes, etcétera, sino a uno de verdad, a uno que divida su agenda entre reuniones con ministros y remodelaciones extravagantes en la Casa de Nariño, uno que haga tiros al aire en los consejos comunitarios y que remate con rumbas de tres días, uno sin primera dama... o con muchas, todas prepago.

Hablo de un primer mandatario sin temor a emborracharse para resolver las diferencias con la oposición a golpes, a puño limpio en la entrada del congreso, sin diatribas ni demagogia; uno que se exprese con vehemencia, con desparpajo y violencia, que hable como Uribe pero sin tantos rodeos; uno que dé generosas propinas por donde pase, a la prensa a la hora de emitir comunicados, a los soldados en medio de actos protocolares militares, o a los ciudadanos al margen de la ley que renuncien al delito. Así los gobiernos no tendrían necesidad de ofrecer recompensas inmorales o prebendas a escondidas.

Claro que no hablo de Murcia, quien a juzgar por youtube, es un hombre moderado y pensante. Me refiero ya al clásico narco, al prototipo, al que usted y yo entendemos como la personificación folclórica del mal.

¿Qué tan honesto sería este mandatario con la opinión pública acerca de su doble rol? Es difícil calcularlo. Me imagino que dependería de nuestro grado generalizado de hipocresía en esas circunstancias. Lo que sí no pongo en duda, es que a la mayoría nos agradaría más que sus predecesores y que su popularidad ascendería incansable después de cada multimillonaria inversión social.

Porque a diferencia de nuestros dirigentes recientes, los narcos tienen por costumbre destinar buena parte del presupuesto a lo social. Los recursos provendrían del negocio de la droga, claro está. Pero con habilidad y los medios de comunicación comprados, el tema pasaría pronto a un debate moral y ahí se enredaría de hasta el final de los tiempos. O hasta el momento de la legalización, que no sólo llevaría al gobierno a una crisis financiera que lo haría vulnerable para ser derrocado, sino que también impediría que nuevos traquetos y/o sus cómplices aspirasen a cargos públicos.  

Dicen que en la democracia los pueblos se merecen a sus dirigentes y si algo queda claro después del cubrimiento informativo de los medios de comunicación tras la caída de DMG, es que la mayoría en este país prefiere un líder que multiplique sus ahorros a uno que permita que la pobreza continúe creciendo imparable, que según entiendo, es lo que han hecho los últimos que hemos elegido.

Obviamente no estoy proponiendo un presidente traqueto para Colombia. Sólo me pregunto cómo sería tener uno. Y apuesto a que si usted, querido lector, no lo había pensado, ahora va a hacerlo. Ahora, volviendo a Murcia, aclaro que no soy defensor de él ni de su misteriosa empresa, de la que me hubiera gustado saber unos años atrás para haber alcanzado a invertir y ganar. Por mí pueden freirlo, tranzarlo o extraditarlo.

Pero no nos digamos mentiras, habría sido trágicamente interesante ver a Murcia como primer mandatario, haciendo sus monerías de semidios mientras lo que queda de patria se viene al piso, mientras todo termina de corromperse definitivamente, y tal vez lo único bueno, mientras la plata por fin cambia de manos y deja de pertenecer a unos pocos para ser distribuida entre todos. Y si algún día desventurado en este país llega a coronar la presidencia un narco, va a ser porque esto último es algo que ha dejado de importarle a los políticos, banqueros y empresarios actuales.