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Rock al Parque 2011: palabras finales

Por
Redacción Shock

Ver una banda como ChocQuibTown, guerrera oriunda del Pacífico colombiano, una selva negra olvidada por la historia y por el Estado, cerrando este monstruo de festival es, definitivamente, un hecho que nos obliga a hacer una pausa y un comentario sobre la margen.

Antes, una pregunta que muchos se hicieron: ¿ChocQuibTown, una banda que, en su ADN musical, mezcla el hip hop y el currulao, cerrando un festival de “rock”? 

Y sí. Tiene todo el sentido del mundo. Y es hora de dejarlo claro.

Es el momento de preguntarse qué es eso que llamamos “rock”. Si vamos a la forma y al origen, lejos de somnolientos rigores académicos, podríamos decir que ese “género musical” (concepto tan decadente hoy día), surge, como toda música, de una fusión (de ahí que llamarle “fusión” a cualquier tipo de música sea una necedad). Del country y el blues. Del matrimonio entre opresores y oprimidos. Dos universos, el de esclavizadores y el de sus esclavos, que, a través de la música, se pusieron en común. Lograron una armonía, al menos musical. Se juntaron.

Es por eso que esta edición del festival es histórica.

Rock Al Parque 2011 acaba con dogmas necios. Con prejuicios nocivos que rodean a la música, que si algo celebra, desde su misma naturaleza, es la armonía y la diversidad. Y para eso sirven estos espacios.

Entonces volvemos al primer párrafo.

Ver a una banda como ChocQuibTown, guerrera oriunda del Pacífico colombiano, una selva negra olvidada por la historia y por el Estado, cerrando este monstruo de festival es definitivamente histórico. Sobre todo si entendemos que este espacio se abrió fue para eso. Como una inversión pública en eso que tanto nos hace falta como colombianos: el respeto por la diferencia. El cultivo de la tolerancia. Entender que nuestro mayor valor es eso mismo que nos describe como pueblo: nuestra diversidad.

Esta edición triunfa por eso. Y no tanto por el cartel, sino por un público (336 mil personas disfrutaron de los cuatro días del festival) que estuvo a la altura de la circunstancia. Que en el último día no paró de bailar con ChocQuibTown y su embrujo selvático, lo cual, por momentos, hizo que el Simón pareciera más el Petronio Álvarez; ni con Buraka Som Sistema, el soundsystem más brioso del mundo, un picó que tira puro kuduro angoleño con un toque de breakbeat europeo, o sea, una pura champeta digital.

También salió aplaudida la opera electrónica de  Fischerspooner, que nunca fue una “banda” como tal, sino un performance artístico que, por sus mismas particularidades, se ha dado el lujo de presentar discos en escenarios tan exigentes como el propio MoMA de Nueva York.  ¿Y Bomba Estéreo? Luego de prenderle fuego al Simón Bolívar, al Artista Shock 2010 el público le pidió más.

En el lunes de Rock Al Parque brilló también, en la tarima principal, Doctor Krápula, y sobre todo, sus mensajes, demostrando por qué son una de las grandes y más queridas de la casa; la magia de los BLK JKS (uno de los favoritos del público), pura Sudáfrica experimental; la contundencia de la propuesta de Nepentes de Medallo, una de las bandas más sólidas de Colombia, cuando de sonidos pesados se trata.

En el escenario Bio, el segundo principal, es importante mencionar las actuaciones de varios warriors locales como Velo De Oza y su carranga eléctrica, de Tunja, siempre geniales; los electrorockers de Bhang; La Derecha, de la vieja guardia bogotana, quien le sigue imprimiendo fuerza a su retorno una fina mezcla de covers (Tania de Joe Arroyo), clásicos (Ay, qué dolor, Sombras) y nuevas (Emociones); el sonido astral de una banda austral: Astro, de Chile; y la propuesta refrescante de Milmarías. A pesar de los clásicos y la buena actitud el show de Los Toreros Muertos no sorprendió. Eso si, al público le gustó y llenó el escenario BIO y los escuchó desde el principio hasta el final.

Y así como hay que celebrar con aplausos los logros de este, nuestro festival, también hay que hacer ciertas “críticas constructivas”, que llaman, con miras a que, el día de mañana, ciertos aspectos se trabajen. Es apenas justo, sobre todo cuando se trata de un evento público para –y pagado por– los ciudadanos. Y el comentario tiene que ver con la programación del escenario Eco, la tercera tarima del festival, en la que, para este día de cierre, la mayoría de bandas que se presentaron fueron escogidas “a dedo” y a última hora por la organización del festival, sin criterios claros y sin pasar por el debido proceso de convocatoria; ese mismo que, no solo garantiza la transparencia en los procesos de selección, sino también el desarrollo de la cultura local, en últimas, que es por lo que tributan los ciudadanos. Eso, claro, no tiene nada que ver con las bandas que pisaron el escenario (aplausos, por ejemplo, para la experiencia musical “nanai cucas” de De Juepuchas, Premio Shock a Mejor Banda Alternativa 2010, cada vez más elaborada; a la proyección de Telebit y Purple Zippers; al sonido de LSCFJ). Pero sí es necesario dejar la pregunta en el aire: ¿y entonces?

Todo sol tiene lunares, es verdad. Lo importante, sin embargo, es que este 2011, hubo sol para todos. Y brillante. Rock al Parque, y sobre todo, su público, dio muestras de madurez. Fueron cuatro días. Más de 90 bandas. Todo tipo de sonidos. Una justa mezcla de tendencias con clásicos. De fuertes vertientes locales con propuestas de avanzada. Equilibrio entre lo local y lo global. El gran diálogo cultural que necesitamos.

Esto fue #shockalparque2011.

Un año más cubriendo este festival.

A ustedes, gracias por creer.

Ahí nos pillamos…