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Rock al Parque 2013: el poder soberano del metal (Crónica primer día)

Por
Redacción Shock

 -Ver especial Shock

Escenario Plaza
Bajo focos rojos del escenario, la tarde fue  inaugurada por Threshold End a punta de death metal. Con la frase: “la reverencia para ustedes por llegar temprano”, y con poderosos riffs, propiciaron la génesis de un pogo que iba subiendo la temperatura del ambiente. Con más de una década en el ruedo, la banda acudió al material de sus publicaciones Between the Twilight and Dawn, Symbol of Purity y The Embrace of the Shroud y dejó expectante al respetable, de la descarga roquera que se venía.

Despegó luego Victimized, saludando el parche de las localidades que llegaron a verlos. Thrash craneado en Suba, que logró insertar velocidad a las licuadoras humanas que se empezaban a multiplicar. Las canciones de sus placas Brain Damage y Self Destroy hicieron aparecer la euforia, mientras al parque iban arribando los devotos metaleros, fileles, igual que todos los años.  El turno llegó para Ubergehen, de Localidad Barrios Unidos que soltó chispas invocando en su sonido bandas como Whiplash, Sodom o Sepultura, a punta de guitarra, bajo y batería contundentes, desplegaron sus Ritos de Odio. El quinteto Ikarus Falling -que ha dado latigazos de metal por una década- aterrizó con tajantes maniobras de thrash, speed y hardcore,  estrenando su EP Criminal y retumbando bombo hicieron temblar el parque. Con fondo de imágenes de video a blanco y negro irrumpió el cuarteto Sacred Goat, banda con tres años de vida comandada por Karian Ortega en las vocales. Traqueando bajos en tracks como Mr Bastard, causaron convulsiones de calibre thrash, metalcore y grind. A diferencia de muchos años las camisetas negras empezaron a llenar el Simón Bolívar finalizando la tarde, y empatando la noche ya el ejército de gente ansiosa aclamaba sus ídolos. 

Predicando promiscuidad sónica se vio al sexteto español Vita Imana. El hardcore y el groove metal junto a sonidos de raíces tribales africanas y asiáticas estuvieron a la orden del día. Su show de percusión, emisiones de batucada, rugidos y guitarras imparables obligaron a alzar las palmas y delirar a las masas. Bestial. Con el Simón ya en pleno, el quórum ratificado, las grandes ligas se hicieron presentes. El turno fue para los esperados Masacre de Medellín, artilleros del death que llegaron celebrando 25 años de historia. Con sus sonidos demoledores de génesis en los 80 y una  carrera de acero inoxidable que ha descargado himnos generacionales  narrando la historia de Colombia, siempre críticos e incisivos, provocaron sacudidas de banderas amarillo, azul y rojo, merecidos aplausos y estuvieron al borde de hacer agrietar el parque cantando a una realidad que no ha cambiado mucho en Colombia y que retumba en hits que no expiran como Ola de Violencia o Cáncer de Nuestros Días. Menú imprescindible para orejas resistentes. 

Instalados en el reino de los cielos del death metal, aparecieron los miembros de Cannibal Corpse.  El escenario se tiñó de rojo. Miles de cabezas doblegadas coparon el espacio. El quinteto evidenció sus 25 años explotando las tarimas y porqué ha vendido millones de discos por todo el planeta. Destilando su verbo caníbal gutural, entre guitarras filosas, el combo liderado por George “Corpsegrinder” Fisher subyugó la audiencia que con placer acogió sus latigazos musicales de antiguos tiempos y  de su reciente producción 'Torture', los norteamericanos dieron un show brutal, y nosotros, sus súbditos, terminamos repitiendo lo se ha dicho por los siglos de los siglos: Larga vida al metal.

Escenario Bio
El metal a la carta daba la bienvenida a la audiencia con F.A.R.E.W.E.L.L FOR DOWN. Ataviados con negras máscaras y sombreros de color café, mostraron  la fuerza y velocidad del death melódico y la versatilidad del sonido contemporáneo, visceral y certero. Punzante crónica social, en tracks como Hollow Heritage hicieron hervir la sangre de las pocas personas que presenciaron la apertura. Desde Usme repuntó Argals, con dejos progresivos y descargas guitarreras. Aterrizaron “reloaded” con tintes agarrados del metalcore y del death, rebosando hits como Dead Alive. 

Los pereiranos Souledge, con 12 años de alto voltaje embrujaron fanáticos haciendo alarde de potentes temas de discos anteriores y de su reciente Massive Strain of Alienation. El sonido agresivo de Savage´s Torment de San Cristobal, hizo sacudir las cabezas con vibraciones brutales, extremas, que hicieron que el horror despertara retumbando cortes de su placa debut Wake up the Horror, fueron dinamita pura. Mientras tanto, previo a su show, los norteamericanos Havok, se daban una vuelta, se acercaban a las vallas, saludaban al público y le regalaban una que otra foto a sus adeptos.

El reloj anunció la hora de su presentación, domadores de escenarios desde hace rato dieron  golpes musicales certeros y apuntaron a la cabeza con riffs veloces y poderoso thrash  unido con cordón umbilical a  la vieja escuela. “Bogotá, muéstrame lo que tienes” rugió su vocalista y la gente le copió al instante. Con un duelo de guitarras, con sincronía, y agitando sus melenas hicieron gritar, alzar brazos y batir mecha a los oyentes que quedaron magnetizados. Los rubios deleitaron oídos con nuevos obsequios sónicos incluidos en su reciente trabajo Unnatural Selection. Fulminantes. Con voces guturales y abrasivas  del death, Internal Suffering, pereiranos radicados en España, desde los 90 rodando por el mundo desataron  la euforia con su velocidad y sus alusiones al caos.
 
Temas para descerebrarse, masacra tímpanos y subir la presión hicieron reventar. Aparecieron los cabecillas de las fantasías. Desde New Jersey arribó la odisea de Symphony X liderada por el guitarrista Michael Romeo, 12 discos sus suites mitológicas mantuvieron al público poseído, trasladado al Olimpo, entre notas altas vocales y una interpretación de lujosa factura hicieron levitar el parque. Entre movimientos progresivos y sinfónicos la audiencia se transportó a momentos épicos de la banda desfogados en álbumes como The Divine Wings of Tragedy ,  V: The New Mythology Suite, Twilight in Olympus o Paradise Lost. Los espectadores estuvieron en éxtasis hasta que final llegó con el track Set The World on Fire. Majestuoso.

Escenario Eco
La tarima despegó con martillazos de sonido industrial implacable dictados por Stoneflex: la brigada sonora futurista de Jhiro en las vocales y Zetha (Koyi K Utho) en la batería. La erupción del harcore rap, del beatdown, y las líricas sociales de los caleños JDHK engancharon con toda la energía, más de un madrazo, y  canciones frenteras como Puto Traidor. La Arenosa Hardcore atacó con el grupo Sabia Actitud, barranquilleros que desplegaron con gran eco su crudo arsenal. Atacando fuerte con ritos viscerales de la vieja escuela llegaron los paisas 5DMenos: “Pura fuerza positiva hardcore de Medellín Colombia”, como se definieron armados de micrófono. Luego de una cuarentena desde 2009, los norteamericanos Downset, retornaron a la juega y fueron los elegidos para rematar con todo el poder.  Con 20 años de rock duro en su expediente, estas bestias californianas del hardcore, rapcore y el punk, arrasaron con la vorágine eléctrica de su obra, hicieron batir las cabezas, con su vocalista infiltrado entre el público desataron turbulencias y demostraron ser poseedores de un  manantial musical inagotable que no cierra el grifo.