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Rock al Parque 2013: nuestras reflexiones finales sobre el festival

Por
Redacción Shock
 
Muchas fueron las preguntas, acusaciones y reflexiones que desde todos los rincones del Parque Metropolitano Simón Bolívar se levantaron y el voz a voz corrió entre los organizadores, periodistas, músicos, gestores culturales y, por supuesto, los asistentes que sí le cumplieron al mayor encuentro roquero de la ciudad y el territorio nacional. ¿Fue culpa del cartel? ¿Fue culpa de la lluvia? ¿Fue desconocimiento de las bandas? ¿Fue el establecimiento del rock como eje central del festival? Estas son apenas algunas de las inquietudes resultado del sinsabor que dejó ver un parque desnudo cuando en años anteriores estuvo recubierto por miles de personas que, sin importar retrasos, el frío o la lluvia, saltaron, cantaron y poguearon hasta el final con las bandas que a las tarimas llegaron. 
 
Dejando de lado partidos y sin buscar culpables específicos por lo ocurrido, es imperante dejar claro que lecciones quedan para todos. En Shock nos quedamos con tres puntos clave dentro de la conversación. Primero, para la organización y defensores que quizás cayeron en una trampa al validar al rock como el discurso de Rock al Parque, tomando como referencia las primeras ediciones del festival cuando éste ha tomado mayores dimensiones alcanzando a tocar un público más grande que si bien creció con este género se ha permeado de otros sonidos y propuestas con el pasar del tiempo. Está bueno defender el rock como estilo de vida, pero también estaría bueno entender la dinámica que se vive en la ciudad: la ciudad, en resumidas cuentas no respondió al festival. O no por lo menos, como todos los esperábamos. No obstante es de felicitar la validación y respeto que la coordinación artística ofreció al músico local desplegando a los diferentes proyectos presentes en los distintos horarios del cartel disponiendo una tremendísima producción técnica y humana para ellos. 
 
La segunda lección es para un público apático que no asistió pero prefirió tomarse las redes sociales para atacar el festival sin hacer la tarea juiciosa de estudiar el cartel juzgando la diversidad de géneros y estilos que se presentaron. Bien por quienes sin importar las críticas llegaron a tomarse nuevamente el Simón para convertirlo en un lugar de encuentro social que gravita alrededor de la música, única protagonista de Rock al Parque. Bien por el público metalero que llegó a disfrutar masivamente del primer día. Bien por el público punkero que acompañó su género en los dos escenarios alternativos durante el segundo día. Bien por los que creyeron en Latinoamérica y en el cierre de Illya Kuryaki and the Valderramas. 
 
La tercera es para todos por haber sido una audiencia malcriada que al no encontrar un artista internacional de renombre prefirió abandonar el grueso de un cartel compuesto en su gran mayoría por música local. Tarea para todos recordar que Rock al Parque nació para ser plataforma del talento nacional. Apoyar y acompañar lo nuestro es una parte fundamental para el desarrollo del festival, el circuito y la escena que se gesta en miles de estudios, salas de ensayo, garajes y cuanto espacio se pueda tomar un músico para componer y producir sus canciones en la ciudad y el resto del territorio nacional. Canciones que al final de cuentas son creadas para la gente. Para todos nosotros.
 
Entre las conclusiones -narradas con profunda tristeza por muchos de los que estuvimos los tres días de festival y vimos que muchos otros se perdieron esta maravillosa fiesta- queda el buen momento que pasa el nuevo talento local expuesto en bandas como Ikarus Falling y su poderoso show en vivo; Una Fuerza exponiéndose como una de las abanderadas del nuevo reggae capital; Consulado Popular caminando por una delgada línea rítmica que puso a mover el culo y luego a poguear a su audiencia a ritmo de vallenato y rock; Diamante Eléctrico que con un aguacero encima le sacó algunos coros a los pocos que se quedaron a verlos; Antombo representando con altura a las mujeres músicos del país; Pescao Vivo que con valentía se enfrentó con nada más que buena música al público; y desde luego Alfonso Espriella que en un homenaje a la música tradicional colombiana, invitó a Totó la Momposina, nuestra cantaora mayor, para entonar juntos una bellísima versión de un himno nacional como ‘El Pescador’. Aplausos y agradecimientos de parte nuestra para ellos y el resto de músicos y agrupaciones que representaron la música de nuestra Colombia.
 
Queda en punta la pregunta de cuál es la sensación y perspectiva de ese público roquero de alma y corazón que entiende este lenguaje como un estilo de vida y bien podría ser una mayoría pero evidenció que no tuvo mayor reconocimiento o apropiación por un Rock al Parque que se ha dicho es de todos. Y queda la inquietud enorme por lo que pueda pasar el año que viene con el cumpleaños número veinte de Rock al Parque, una edad significativa para un evento que no tiene par en el continente entero. Esperamos que sea una reconciliación con el mayor espacio de reafirmación personal y espiritual para quienes sentimos que la música es sinónimo de respeto, unión, amor y vida, mucha vida. 
 
¡Rock al Parque hoy mañana y siempre!