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Rock al Parque 2013: rock and roll en su más 'pura esencia' (crónica día tres)

Por
Redacción Shock

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Es un hecho conocido y comprobado que cada uno de los tres días de Rock Al Parque ha formado su propia personalidad. Durante las últimas cuatro o cinco ediciones, la primera jornada ha estado consagrado al metal, en mayor medida, y al punk y hardcore en segundo renglón. El segundo día ha combinado dosis clásicas de rock con proyectos de reggae y ska, mientras en el cierre se había caracterizado por presentar las propuestas más eclécticas, híbridas y que ponían en jaque el concepto más ortodoxo de “rock”.

Si bien este año el tercer día de conciertos en el Simón Bolívar mantuvo propuestas alternativas como Andrés Gualdrón y los Animales Blancos (quienes presentaron en sociedad su segundo disco que los confirman como una de las bandas más arriesgadas de la escena local), Lianna (una de las voces femeninas más hipnóticas y poderosas del r&b, hip hop y soul bogotano, y que demostró que su proyecto solista es cada vez más sólido), Durazno (pop a medio camino entre lo experimental y lo íntimo y delicado), Sauti (un dueto electrónico que a pesar de solo contar con dos integrantes construyó un completo soundsystem a punta del uso de voces, sintetizadores y loops), Oh’laville (un delicado ensamble acústico que mostró un repertorio lleno de matices, buena instrumentación y hasta un cover de Héctor Lavoe) o Pulenta (una agrupación que puso a bailar a todos los asistentes en el cierre del Escenario Eco con su mezcla de salsa, champeta, ska y reggae), el ambiente de este lunes festivo fue diferente y devolvió al festival a aquello que muchos llaman las “raíces”: rock and roll en su más pura esencia.

El sonido crudo y visceral,  las guitarras distorsionadas y que aullaban en vibrantes solos, y el rugido de bajos y bombos volvió, para gran orgullo de la música colombiana, de la mano de bandas nacionales. En primer lugar estaban bandas jóvenes que debutaban en ese mito llamado Rock Al Parque: Schutmaat Trio (una de las mejor calificadas en las eliminatorias y audiciones públicas) y Cuatro Espantos con propuestas cercanas al rock progresivo y virtuoso. Luego nombres como  Indelusion, Tappan, Árbol de Ojos, Tappan, Vértigo, Met o No Feedback, firmaron la presencia del rock and roll enérgico y vibrante, ese que se alimenta de elementos como el blues, el jazz y algunas pizcas de electrónica. Y, capítulo aparte merecen las bandas clásicas infaltables en los Rock Al Parque y que han escrito la historia, no solo del festival, sino del rock nacional. Por una parte estuvo la reunión de Hora Local, ese célebre ensamble sarcástico y lleno de humor negro comandado por nombres como Eduardo Arias o el multifacético baterista Gonzalo Sagarminaga, que se presentó con una imponente puesta en escena llena de elementos teatrales. Por otra Pornomotora, una de las insignias del Festival, presente en más de la mitad de sus ediciones, volvió a un escenario que siempre los ha aclamado para presentar su más reciente sencillo “Me sangran” y sus tradicionales himnos “Izquierdo” y “Perro Gozque”.

Los invitados internacionales tuvieron cuatro representantes, de los cuales Bosnian Rainbows (Estados Unidos) e Illya Kuriaky & The Valderramas (Argentina) eran los más esperados de todo el fin de semana, sin olvidar, por supuesto, a Cannibal Corpse, Symphony X y Living Colour.

Bosnian Rainbows, liderada por el ex-Mars Volta, Omar Rodríguez López, fue uno de los picos experimentales de la tarde y presentó a su enérgica e hipnótica vocalista Teresa Gender. Los escogidos para clausurar los tres días de rock, Illya Kuriaky & The Valderramas, estuvieron a la altura del reto de ser el gran “headliner” del evento. Antecedidos por un monólogo cómico de Andrés López sobre el rock, Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur demostraron que están volviendo al nivel que los llevó a ser una de las bandas más importantes del rock en español de los años 90.

Las infaltables críticas de años anteriores sobre si la cuota de rock debía aumentar y reducir la inclusión de propuestas menos “puristas”, tuvieron su respuesta este año. La curaduría y la programación hicieron lo suyo pero, curiosamente, esto no se reflejó en una mayor asistencia. A diferencia de años pasados, la asistencia al Escenario Plaza, ni siquiera en el acto de cierre superó la mitad de su capacidad. Las razones para explicar esta ausencia de público se pueden disfrazar desde el clima lluvioso hasta la coincidencia con partidos de fútbol, pero, ¿en realidad aumentar la cuota roquera garantiza un mayor éxito del Festival? El debate queda abierto, sobre todo teniendo la edición número 20 de Rock Al Parque a la vuelta de la esquina.