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Segundo día de competencia extrema en 7 Cerros Medellín 2008

Por
Redacción Shock

Comienza el día. El sol lentamente se pone sobre la ciudad de la eterna primavera y los competidores se preparan para ser observados por los habitantes de Medellín que estupefactos ven como un puñado de guerreros atraviesan a pie, en patines y en bicicleta, su tan preciado territorio.

Muy temprano en la mañana se dio inicio al primer tramo del día que consistió en arrastrar –igual que muchos lo hacen todos los días para subsistir– una carreta verdulera con todos sus compañeros sobre ella.

¿Le parece un buen comienzo? Viene lo mejor.

Los competidores iniciaron muy temprano, un trayecto por algunas áreas en donde la historia y la cultura paisa se encuentra inmersa.

En cada parada, –entre tumbas y obras de Botero– debían interactuar de un modo nada convencional con una ciudad repleta de escenarios que esconden entre sus calles historias de vida, lucha y muerte.

Buscar fechas y nombres en las placas del Cementerio de San Pedro, interpretar una canción que represente su cultura tradicional –de cada región o país– dibujar un mensaje sobre una hoja en blanco, descender con cuerdas de un edificio en medio de la ciudad y realizar actividades de entrenamiento militar, fueron unas de las tareas de la competencia durante el día, que al terminar, sigue siendo liderada por un equipo colombiano, el equipo al que pertenece Anita con sus sueños de grandeza.

Anita, la participante más joven, pero no la de menor experiencia, se siente orgullosa de hacer parte de una carrera como esta en la que puede demostrar sus capacidades como deportista que con ganas y mucho esfuerzo ha conseguido durante más de dos años de entrenamiento.

Ella se especializa en ciclomontañismo, su actividad deportiva por excelencia y con la cual participó en los juegos nacionales pocos días atrás.

Cuando no está en competencia, Ana, tira a un lado su traje de batalla y como un ciudadano común y corriente, todos los días se levanta a las cinco de la mañana a preparase y preparar a su novio, con quien vive hace unos años, para ir a trabajar.

Sale a las seis y media de su casa para ir a entrenar un par de horas en su bicicleta junto a algunos amigos foráneos y vuelve a tiempo para a medio día tener el almuerzo listo y hacer los quehaceres del hogar oyendo DJ. Tiesto, Juanes o Giovanny Ayala, algunos de sus artistas preferidos.

Es curioso ver su tenacidad en competencia y al mismo tiempo imaginársela picando verduras y adobando un trozo de carne en chingue y chancleta. Sin embargo en este país son muy pocos los que se encuentran en mejores condiciones cuando de deportes se trata. Que mejor ejemplo de esto que nuestro medallista olímpico desayunando junto a toda su familia un poco de Bienestarina mientras Michael Phelps se traga seis huevos solo.

En todo caso, Ana sigue en el camino del deporte sin importar cuantas barreras deba saltar, tirarse al barro para superar obstáculos, trepar montañas, caminar largas distancias bajo las inclemencias del clima, descolgarse de altos edificios o montar su bicicleta durante horas, pues es precisamente eso lo que hace de su historia, la historia de una habitante común del municipio de Zipaquirá, un orgullo para todos los que la conocen y un motivo más, para levantarse cada día.

Cae la noche y se ilumina la ciudad con millones de bombillitos que atraviezan de norte a sur, las vías más importantes de Medellín dándole la bienvenida a Navidad.

Ana, después de una buena ducha y un masaje se mete en la cama para descansar.

Termina el día.