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Sexo x minuto = US $0.99

Por
Redacción Shock

En un principio era la nada. El segundo día Dios creó a los exhibicionistas, el tercero a los voyeuristas, el cuarto las tarjetas de crédito, y los últimos tres días los repartió entre la necesidad, el chat y la curiosidad. Dicen que esta última mató al gato, y como lo importante es no morir en el intento, quise tener un encuentro cercano con mi propia esencia, la tecnología y un verbo que aplico, siendo un sustantivo: el sexo.

En los pantalones de un VideoChat

Adrenalina, privacidad, lado oscuro, ser juzgado y morbosidad. Aceptar la escala sexual es un ejercicio donde uno se abre camino a la experiencia, confía en su imaginación y se siente seguro. Tomarse fotos, grabarse teniendo sexo, pasando por el ‘tú conmigo’, ‘ella conmigo’, ‘tú con él’, todos desnudan la capacidad mental y ese inexplicable deseo de volver a hacerlo. Si le agregamos un significante signo peso$, ¿qué tanto puede cambiar?
Ganarse la vida en un ver y no tocar, fingiendo fantasías, siendo la amiga por minutos, complaciendo ardientes e inesperados apetitos, fueron mis primeras impresiones cuando decidí inmiscuirme en esta opción profesional. Un clasificado, unas cuantas referencias y un casting, me dieron la bienvenida al paraíso laboral del VideoChat. Sueldos mínimos de 800.000 pesos colombianos, ligueros, tangas rojas, disfraces, juguetes de todos los tamaños y colores, aprender a sonreír, poder seducir, tentar con palabras y trabajar 6 horas diarias, replantearon mi rutina, dándole otro matiz a la responsabilidad y al compromiso, en este caso, con el encanto sexual en internet.

Amigas como las tetas

Dicen que las amigas son como las tetas (una de las tantas armas de seducción en este trabajo) y que, por esa razón, es casi imposible crear vínculos entre colegas. Además, porque es muy grande la demanda de modelos de VideoChat para adultos y son muchas las que quieren ganar primero ese dinero “fácil”. A una sola agencia pueden llegar como mínimo 30 hojas de vida al mes, de hombres, mujeres, parejas (homo/heterosexuales) y señoras de la tercera edad.
Como cualquier trabajo que se respete, las agencias, por medio de sus tutoras, realizan un proceso de inducción a cada una de sus modelos, explicándoles los pros y los contras, formas de pago, trampas para simular ciertas posiciones, más los implementos que usarán durante su labor. En mi caso, mi maestra fue Camila*, una mujer con rasgos hindúes, cuerpo natural, cero cirugías, senos promedio (34 B), delgada y de tez morena, que lleva 2 años en este negocio, tiene 26 años y estudia en una distinguida universidad en Bogotá.

En un estudio (lugar de trabajo) se pueden conocer desde mujeres cabezas de hogar, jóvenes con anhelos de estudiar una carrera profesional, féminas que aman ser observadas, hasta esposas y madres aburridas de su monotonía.
Camila: “Empecé junto a dos niñas inexpertas en una agencia nueva. Mi familia me cortó el chorro y con lo que ganaba de monitora en mi universidad no me alcanzaba. Me contactaron por Hi5 y MySpace. Al principio no paré bolas, igual yo no me veía en eso, ni tangas brasileras usaba, pero en vista de las circunstancias, acepté”.

A los pocos días conocí a Paula*  de 24 años, profesora de inglés, madre de una niña de 2 años y que actualmente vive con su marido, quien apoya su trabajo. Sus rasgos físicos (blanca, ojos claros, pelo vino tinto, labios gruesos) más su maquillaje con aires góticos, la clasifican en el rango de los fetichistas.
Paula: “Cuando tuve a mi hija dejé mi trabajo de profesora y el mancito con el que estaba me daba poco para ella, así que me tocó irme a vivir con mis papás. En esas llegó una vecina y me dijo que me tenía camello. La primera impresión fue horrible porque ver a viejas metiéndose dildos, haciendo chichí o popó y más cosas, me dejaron sana, pero pues mi vecina me explicó todo y empecé de una”.

Encanten aunque no canten

En el mundo del VideoChat, la variedad no sólo viene en cuerpo de mujer. Detrás de un seudónimo con fines de usuario encontramos a seres cuya curiosidad se desvanece con sus propios complejos. Los clientes  tienen distintas gamas, en donde el desnudo pasa a un segundo plano y un consejo, ser escuchados o que les cumplan su más íntimo deseo son su principal aliento.

Con tornillos flojos en la cabeza o no, los adictos a esta práctica se convierten en la base económica de este negocio, que se valoriza por minuto, invirtiendo desde 0,99 centavos de dólar hasta 6 dólares por cada uno. Aunque no tuve el privilegio de ver a quién convencía de ser yo su mejor opción, alcanzar casi los 1.100 segundos seguidos hablando me dejó una grata sensación de mariposas en el estómago.

Mis primeros clientes, con los que realicé la inducción, no se salían del esquema voyeur (observador), estableciendo sinceras pero coquetas conversaciones ligeras de ropas, acompañadas de una sesión de masturbación artificial.

En el caso de Paula y Camila, la experiencia adquirida las convierte en todo un glosario de las ‘filias’ humanas.
Paula: “Me piden que me corte el cuerpo, me quede babeando o escupa mis senos”.

Camila: “Tengo un muchacho, un gringo, que sólo se conecta para que le cante canciones en inglés”.

Paula: “Hay uno que entra y le gusta que me ponga las rodillas detrás del cuello. Y dura hasta 75 minutos diciéndome que lo intente, pero yo no puedo. Su fetiche es verme lambiéndomela solita”.

Camila: “Había un tipo que se conectaba para leerme poemas y era feliz que yo le dijera cosas bonitas”.

Paula: “Ellos son los que me hacen el show a mí. Puros esclavos que me pagan para que yo les ordene meterse varillas por su pene o apretarse sus testículos, porque les encanta sentirse observados”.

Camila: “También he conocido  ancianos que aman vestirse de mujer y me bailan”.

Paula: “Tuve un cliente que era parapléjico ”.

Lleva un cliente en tu corazón

Fuera de las bonificaciones por parte de las agencias o de los mismos portales, debido a su buen desempeño durante varias semanas, estas “sicólogas del placer” también han encontrado su ángel de la guarda.

Camila: “Conocí a un austriaco, piloto, recuerdo yo. Nos contábamos todo, hasta el punto de abrir una cuenta en Messenger para no perder contacto con él. Para esos días yo estaba juntando la plata para pagar mi semestre y estaba colgada. Entonces le conté mi situación y a los días me mandó 700 dólares… no lo esperaba...”.

Paula: “Hay clientes a los que les da algo especial con las mujeres embarazadas, se sienten como padres del niño. Cuando yo empecé en esto, tenía 4 meses de embarazo, se me notaba la pancita y conocí a un señor que me dijo que se iba a encargar de mi hija, porque le conté que me iba a retirar por aquello del parto. Él me mantuvo durante el tiempo que no pude trabajar. Ha venido 3 veces a Colombia y cada vez que viene me gasta una tarjeta de crédito enterita”.

El placer fue mío

Así algunos humanistas digan que las nuevas tecnologías opacan la capacidad sensitiva, y por más que la “moralidad”, el principio ético o las leyes pongan el grito en el cielo, convivir pocos días como una miniestrella porno dejó más sabores dulces que ingratos.

Desnudarse no es cuestión de método o de pocos momentos. Encontrar una opción sana con visos de costumbre no fue absurdo ni abrumador. Es un trabajo práctico y común, con todas las connotaciones y requerimientos legales que cualquier monopolio puede tener, hasta el punto de poder llevárselo a casa, sin sentirlo como una carga.

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