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Stephanie Cayo, también enferma por la música

Por
Redacción Shock
Su voz suave y pausada apenas perceptible. Sus respuestas tajantes, concretas… a veces deja que su mirada, penetrante e intensa, hable por ella. Importada directamente de donde se empinan las montañas de Machu Picchu, la mismísima tierra de las polladas y Frecuencia Latina y ahí donde la ven, protagonizando La Hipocondriaca, una de las novelas más esperadas de la televisión nacional.  
 
Con más de diez años de experiencia en menesteres actorales, tiene 24 años y cero de ingenuidad. Es hija de una dinastía de talento peruano de ascendencia italiana a la que debe el encanto mediterráneo de sus facciones  y su preparación artística precoz: de su familia, el 99.9% baila, canta o actúa, y es la tercera entre un ramillete de hermanas de la alta alcurnia pop del país cholo (Bárbara y Fiorella Cayo). Llegó hace cuatro años a Colombia para protagonizar La marca del deseo, y este año, aparte de tener a media camada de machos colombianos chorreando la baba por su papel estelar en la tele también quiere dar a conocer su faceta como cantante. 

¿La música llegó a usted o usted a la música? ¿Cómo fue ese primer encuentro? 
En mi familia, tanto por parte de mi padre como de mi madre, todos son músicos, compositores, guitarristas, oradores, bailarines, de todo un poco… Nunca tuve una reunión familiar normal, siempre había música. Mi padre era un amante del arte y el baile, y mi hermana abrió una escuela de talento cuando yo tenía diez años. Yo era muy tímida pero como todos mis hermanos cantaban, me animaron, y ahí fue… 

¿Qué es lo que más recuerda de su niñez? 
Mi padre siempre me pedía que le cantara alguna canción. Yo siempre escogía boleros, música brasilera y canciones de  Frank Sinatra. 

 Y entonces, ¿cuáles fueron las primeras canciones que se aprendió? 
Volare fue la primera canción que me aprendí en italiano, y me gustaba mucho Contigo en la distancia, un bolero, la canción preferida de mi padre.

¿Y cuál fue la primera que escribió? 
Se llamaba Quiero. Aunque realmente yo escribía muchos poemas y relatos desde muy pequeña, así que cuando compuse mi primera canción lo que hice fue ponerle melodía a un poema… siempre hacía eso en el colegio. 
 
¿Cómo fue el proceso creativo de Llegaré, su primer disco? 
Fue un álbum que hicimos en seis meses. El proceso creativo fue muy bonito. Se fue dando poco a poco 

Hablemos de música peruana. ¿Qué aires han influenciado su trabajo como cantante? 
El folclor peruano es divino, pero realmente ya hay muchas cantantes que lo hacen muy bien, como Eva Ayllón. En realidad, mi inspiración son otros artistas maravillosos como Bob Dylan, Amy Winehouse, Norah Jones, Draco Rosa y Adele. 

Actuar o cantar: ¿cuál es la cuestión? 
Lo mejor de actuar es jugar a ser otra persona. Puedes ser lo que se te dé la gana ser. En cambio cuando estás cantando es muy diferente: porque se trata de algo más íntimo, te estás mostrando tal cual como eres y, sobre todo, eres más vulnerable. No puedo elegir alguna de las dos. Es imposible. 
 
¿El primer cd que compró? 
Laura Pausini. 

¿Su primer concierto? 
Juan Luis Guerra. 

¿La mejor canción para bailar? 
El Cha cha cha (risas)… Mentiras. Ponme cualquier canción de hip hop o salsa y yo te la bailo. 

¿Un instrumento? 
Acabo de comprarme un piano. 

¿Una colaboración de ensueño? 
Michael Bublé. Es como el nuevo Frank Sinatra, guapísimo y tiene un vozarrón. 

¿Un lugar en Perú y uno en Colombia? 
Máncora en Perú y Bahía Concha en Colombia. 

¿Una canción que le suene a Colombia? 
La indiferencia, de Silvestre Dangond. 

¿El soundtrack perfecto? 
La banda sonora de The Notebook, la peli de Nick Cassavetes. 

¿Un placer culposo? 
Comerme una hamburguesa de El Corral (risas). 

¿Se identifica con alguna película? 
Amélie. 

¿Una canción que le avergüence aceptar que le gusta? 
No, ninguna, no habría por qué… Aunque pensándolo bien, cuando era pequeña hicimos una canción con mi hermano que se llamaba ¡Oye bestia!