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Traje negro para la sinfonía de Apocalyptica

Por
Redacción Shock

Pocos minutos antes de las ocho el escenario queda en penumbra, ocultando el gigantesco telón que recibe a los espectadores sobre una batería solitaria. En él reposa la imagen de un vitral de iglesia en cuyo centro flota la carátula del 7th. Simphony. El Metropol está casi lleno, solo quedan unos contados espacios vacíos. Platea vibra y Balcón, un poco más sereno, se suma al rumor que precede al huracán.

De izquierda a derecha, frente al público, se ubican tranquilamente Perttu Kivilaakso, el icónico Eicca Toppinen y Paavo Lotjonen. Detrás de ellos lo hace Mikko Sirén, baquetas listas.

El concierto comienza con un intro que recuerda el sonido de una filarmónica momentos antes del tercer llamado. Los presentes enmudecen ante el cuarteto bañado por luces cenitales blancas. De repente, la banda arremete con Grace. La marea negra, afectada apenas por unas cuantas camisas de colores distintos, enloquece. Las cabezas acompañan la embestida, que se ve obligada a continuar en movimiento ante un arrolladora versión de Master of Puppets. El ya legendario matrimonio con Metallica funciona y rápidamente llega el primer clímax de la noche. La legendaria canción no necesita un vocalista. Cientos de personas entonan la letra completa.

A estas alturas ya Kivilaakso y Lotjonen han cambiado posiciones, desplazándose de un lado a otro cargando sus chelos como si se tratara de livianas guitarras. La sincronía en el grupo es impecable, a la altura de cualquier sinfónica. Es como presenciar una obertura con acrobacias. La imagen del grupo de metal solemne y oscuro comienza a derrumbarse. Durante la próxima hora y media, los integrantes de Apocalyptica tocarían con los chelos sobre sus cabezas, en posiciones eróticas, o animando y bromeando con el público en español. La conexión con la gente es inmediata y no se pierde en ningún momento.

Un quinto elemento irrumpe en escena. Es el vocalista Tipe Johnson en la primera de varias apariciones para revivir tanto covers como material original de la casa, como Not Strong Enough.

Un solo de Kivilaakso da un respiro a la multitud. Luces blancas y azules sobre él, fría atmósfera para una interpretación inolvidable, sucedida poco después por Nothing Else Matters, tal vez el momento cumbre de la jornada. De nuevo el coro improvisado de la gente sustituye a Hetfield.

Por momentos una luz roja se suma a las máquinas de humo y la silueta de los músicos emula a presencias invocadas, difusas, místicas. En ningún momento la descarga de energía disminuye. Toppinen arremete contra su chelo mientras agita su cabeza en círculos, recordando al Newsted de Metallica. A su lado Lotjonen y Kivilaakso se ubican frente a frente y embisten retadores, como si se tratara de un bajista y un guitarrista en pleno solo. Su destreza es simplemente abrumadora.

A mitad de faena, el grupo respira profundo, evidentemente afectado por la altura, la más probable causa de la visita de paramédicos al lugar en horas de la tarde.

Un poco después de la mitad del concierto y tras el grito de ¿are you ready for metal? se desata una tormenta de canciones rápidas sin tregua para la cual Toppinen y Kivilaakso ya se han despojado de sus camisas. Johnson aparece por última ocasión y se despide. Lo veremos una vez más, a la hora de los aplausos. Tras su partida, el cuarteto cierra la presentación magistralmente con un Enter Sadman mezclado a la novena sinfonía de Beethoven y Toppinen deja en el punteo su último aliento. Ahora hay banderas con colores patrios y con mensajes de agradecimiento en el escenario. Lotjonen, a estas alturas ya compenetrado de manera especial con el público, es el encargado de recogerlas y lucirlas. Sirén hace lo propio, de pie sobre la batería. Evidentemente emociada, la banda regala una última canción.

Uno a uno, los finlandeses abandonan el recinto, dejando tras de sí un rastro de alegría, sencillez y virtuosismo sorprendente, alejado casi por completo de la oscura rigidez de la esencia que interpretan. Cuatro figuras nórdicas alejándose tranquilamente de la frontera de los géneros, cruzada por ellos hace ya buen tiempo, ahora en dirección al norte, hacia Centroamérica y México, donde sin duda también sellarán noches inolvidables.