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U2 +YouTube, puro Rock & Byte

Por
Redacción Shock

La ecuación es simple. Se toman 400.000 vatios de sonido puro, se le suman los efectos luminotécnicos del más futurista escenario; todo ello, se codifica en ceros y unos, y entonces se empalman en un finísimo cable de fibra óptica. El resultado al otro lado de la línea son unos 400 Mega-Bytes de ROCK por segundo.  Y por si la teoría no se entendiese, en la práctica les quedo clarísimo lo que esto significa, a los millones de fans que anoche palpitaron con la onda expansiva que generó en  5 continentes la  chispeante alianza de la Gigante de la internet con la banda de rock más importante del planeta: Un estadio atestado con 96.000 almas, un escenario de dimensiones faraónicas y 16 países del planeta, todos citados y puntualmente  congregados en una misma dirección, una con triple w en vez de calle o carrera. Todo, únicamente posible, si te llamas U2 y le pides a YouTube que te eche una mano con aquello de la fibra óptica.

En el penúltimo peldaño para 2009, del periplo musical de su gira 360º, desde el mítico estadio Rose Bowl en Pasadena, California. U2 transmitió anoche su concierto en streaming para el portal de videos más popular de la internet.  Y si bien es cierto que ni el grupo ni la empresa eran novatos en esto de inundar la banda ancha de rock, pues ya lo habían intentado antes con Microsoft y con el guitarrista Joe Striani, respectivamente. No menos cierto es que nunca sus ambiciones se habían empinado tan alto. Y aunque la relación entre YouTube y la industria discográfica nunca ha sido fácil. A los irlandeses les resultó irremediablemente tentadora la propuesta técnica que reposaba en su escritorio desde hace varios meses, con firma y sello de Chris Maxcy, representante de Google Inc. para los Estados Unidos.

Tan inusitado suceso, no pudo estar mejor orquestada por alguien diferente al carismático Bono, que como ninguno otro sabe hacer la tarea sobre un escenario y que es capaz de desentrañar la pasión más visceral del fan, paulatinamente hasta desmayarlo. Para algunos, un hombre que sumado lo de anoche, lo ha conseguido casi todo. Pero que aún tiene un espacio vacío en su repisa, esperando ser llenado por un Nobel. Para otros, un músico excepcional con las terminaciones nerviosas del alma tremendamente afinadas, uno que todavía puede jugar con la variable ‘nervios’ cada que se reinventa con disco nuevo. Pero más que eso, el líder legendario de una banda paradigma del rock, con una de las mejores 50 guitarras de la historia, a la cual en términos de congregación de fieles y ventas de disco, pocas bandas en el planeta le pueden sostener la mirada. Y es que la Tierra no gira, la mueve la música de U2. Y si anoche se aceleró un poco el planeta y se congestionó otro tanto la red, fue porque no dimos uno, sino varios giros de 360º alrededor de un mismo eje llamado Rock n Roll.

La vanguardista audacia de transmitir en directo  vía web, con el afán de ir por los fans que tantas veces han ido por ellos, sintetiza el vertiginoso avance tecnológico que U2 decidió emprender desde que se les ocurrió hacer una gira como la que vimos anoche, con la garra, que así se llama su colosal escenario  de estética Gaudina, que además de tener  72 subwoofers en cada pata, sonido ya suficiente para un concierto, podría albergar bajo su techo dos veces  el más grande escenario usado en estadios, desde los Rolling Stones “A Bigger Bang Tour”. Un sonido con tantos decibeles, como euros en  la multa que este les ocasionó en la ciudad de Barcelona. O una conexión satelital de 10 minutos a mitad del show, imagen en vivo y en directo, con la Estación Espacial Internacional, en la que el astronauta Frank de Winne, aparece sonriente en una pantalla de 164 pulgadas y 360º que le  da nombre al tour, platicando con un Bono que bebe champaña mientras canta una lacrimógena versión de ‘One’.

La noche fue larga para los routers y los servidores de internet. Y hoy en la mañana los cibernautas tienen un sabor a rock en la garganta que apaciguan con café. Incluso el Windows parece trabajar mejor, como si lo hiciera al ritmo de ‘Where the streets have no name’. Efectos colaterales de un despampanante ciber-concierto que catapultó el rock a su estado más futurista, uno que jamás imaginaron Chuck Berry o Jimmy Hendrix, cuando hacían gala de sus obsoletos amplificadores Marshall.  YouTube pasó con honores el examen de banda ancha que el rock le requirió y parece ser, que habrá entonces que anexarle al legado de U2, que ya bastante pesa en discos, un substancial aporte a la comunidad informática: Kilo-Byte, Mega-Byte… y desde hoy,  puro  ‘Rock & Byte’.