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In Vitro Visual llega a su fin, pero comienza Bogotá Short Film Festival

Por
Redacción Shock
In Vitro Visual (IVV), uno de los más exitosos proyectos de exhibición cinematográfica alternativa en Colombia, llegó a su fin luego de diez años de trabajo constante y la proyección de más de 500 cortometrajes.

Para quien no fue nunca, un resumen: en el bar In Vitro, en la localidad de Chapinero, en Bogotá, cada martes a las 8 de la noche se mostraba un cortometraje casi siempre colombiano, con la presencia de su director y del equipo de realización. Lo que comenzó como una apuesta de amigos, se transformó en una rigurosa convocatoria.

Luego de cinco años de existencia, IVV lanzó su estatuilla oficial, la Santa Lucia: una ciega virgen de acero puro que nos recordaba que ver cortos los martes era una cita religiosa y que guió el camino de quienes comenzaban el tortuoso viaje de hacer cine en Colombia.

En un acto de amor supremo por el cine, cada semana cerca de 300 personas se reunían para ver el más reciente corto de un amigo, de un enemigo o de un desconocido que se arriesgaba a poner en imágenes una historia y a ser escrutado por una multitud de ojos. El público podía estallar en aplausos o castigar con silencio aquel talento potencial. IVV se convirtió en el trampolín de muchos directores. Ex jóvenes como Jorge Navas, Andrés Baiz, Rubén Mendoza, Oscar Ruiz Navia, Jhonny Hendrix Hinestroza, Willliam Vega y varios puñados más exhibieron sus primeros trabajos en este lugar.

Las noches de los martes no solo eran un momento ideal para ver cortos. Ir a IVV era también una suerte de oportunidad social, en su dimensión más amateur, para concretar nuevos proyectos, para conocer a la gente que luego podría trabajar en equipo y así crecer en un medio que se caracteriza por ser particularmente cerrado.

En el sexto año de existencia la decisión de ir más allá fue contundente. IVV dio pie al Festival Internacional In Vitro Visual. Durante cinco años, en la última semana de diciembre, se realizó un evento de cuatro días en el que se exhibían alrededor de 150 cortos de Colombia y el mundo en seis salas, y donde el talento nacional era premiado en una emotiva ceremonia que hacía muy atractiva a la Santa Lucia.

Todo esto se acabó. El final (que en realidad no lo es) en primera instancia se debe al cierre definitivo del bar. En segunda, porque todo lo que es muy bueno debe tender a redimensionarse. Si el cine en Colombia está logrando otro nivel, IVV también se encuentra llamado a hacerlo. Ahora las palabras claves son Bogotá Short Film Festival – BOGOSHORTS; sin embargo, para contarles de qué se trata, se van a necesitar muchas columnas al respecto. Quizá sea mejor vivirlo.
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