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Zoé: "lo que expresamos es honesto"

Por
Redacción Shock

Sería estúpido negarlo. Son la banda de rock en español más grande de todo el continente. La otra sería Calle 13, pero Calle 13 no hace rock, por lo que el trono le queda a ellos solitos. A estos cinco mexicans elegantotes –León, Sergio, Jesús, Ángel y Rodrigo– que hacen rock frío, sideral, psico-místico. A estos chicos que salieron del bolsillo del DF en el 94 y que, después de cuatro discos de estudio –Zoé (2002), Rocanlover (2006), Memo Rex Commander y el Corazón Atómico de la Vía Láctea (2006) y Reptilectric (2009)–, un en vivo –281107 (2008)– y un EP que no se puede dejar a un lado –The Room (2005)–, ya no tiene nada que demostrarle a nadie. Ellos ya están grandecitos. 

Vienen de una racha especial, sonando mejor que nunca. A finales del año pasado sacaron su placa más celebrada hasta el momento: Reptilectric, producida por un inglés que también ha estado por acá con bandas como Estados Alterados: Phil Vinall. Estuvieron en el último Coachella, el festival más importante de este lado del charco, y por estos días también pasaron por España, donde, aparte de romperla en Rock en Rio, grabaron canciones con amigos, y el video del segundo sencillo de su último disco, Nada, con un invitado muy especial: Enrique Bunbury.

Sería estúpido negarlo. Zoé está en su climax. En el 2006 estuvo en Rock Al Parque, pero en ese entonces nadie la conocía. Se subió al escenario sin credenciales, de noche, antes del acto de cierre, Manu Chao, y con himnos espaciales como Vía Láctea, Peace & Love o Paula, sembró una semilla cuyo fruto viene a cosechar cuatro años después. Sin duda alguna, su presentación es la que despierta más expectativa en esta edición del festival.

Charlamos con Ángel, bajista de la banda, antes del concierto. Esto fue lo que nos dijo.

¿En qué andan?

Ahora estamos trabajando en unas canciones nuevas. Vamos a participar en un compilado de Nacha Pop, una banda legendaria de España que nos encanta. Vamos a grabar una de sus rolas para un tributo. Una versión a la Zoé.

Ustedes no son muy de covers, ¿no?

No, normalmente no hacemos covers, pero esta vez es especial porque nos gusta mucho la banda.

¿Y entonces están todos reunidos en el estudio?

No todos… algunos nada más.

¿Cómo suele ser el proceso creativo de Zoé a la hora de componer una canción?

Hay un poco de todo: a veces llega alguien, principalmente León (vocalista), con una canción ya terminada en su guitarra o en la computadora. También hay canciones que desarrollamos en el ensayo. Después sí hay una interacción de todos, una preproducción de Zoé donde vamos ensayando la canción, le vamos dando forma, dirección, estilo, luego la “maqueteamos”. Es decir, la vamos grabando. Empezamos a escuchar si la estructura, el tempo, los arreglos están bien. En el ensayo puede sonar bien pero ya a la hora de escucharla las cosas pueden cambiar.

¿En el caso del último disco, el Reptilectric, en qué parte de este proceso entró el productor Phil Vinall?

Él llega justo después de la maqueteada. Cuando grabamos las canciones, él llega a revisarlas. Cada canción tiene, por decirlo de alguna manera, “carencias”, entonces él las detecta y se empiezan a trabajar. Mucho es en el ensayo todos juntos, mucho es en la computadora, también hay mucha experimentación. Phil siempre llega para darle dirección real a la canción. Y ya una vez que está en sus manos pues esta sigue desarrollándose durante algún tiempo hasta que se mezcla.

¿Hasta dónde llega la experimentación de Zoé en el estudio?

Hay canciones que se prestan más para eso, por ejemplo, en nuestro disco anterior, el Memo Rex, experimentamos mucho en canciones como Paz o Nunca, pero hay otras, como Love, en donde no hay mucho pa’ donde ir. Es una canción bonita, simple, y ahí tampoco te puedes pasar. Entonces depende mucho de la canción. Zoé es una banda experimental, pero tampoco  es que esa sea su esencia. Si te fijas, las canciones tienen una estructura bastante fácil de asimilar. Es algo que estamos buscando todo el tiempo, no hay ninguna complicación de más. En Zoé nos gusta lo simple, definitivamente estamos buscando las cosas simples. Las pocas notas, las cosas bonitas. Ya cuando tenemos espacio y ganas y la situación se presta, pues experimentamos. En Zoé se marca un balance muy bonito entre lo simple y lo experimental.

Hace poco vi un documental de Joy Division en el que uno de los entrevistados afirmaba que la banda de Ian Curtis era de ambient, por aquello de que su sonido sugería ambientes, atmósferas. ¿Se puede afirmar algo similar de Zoé?

Exacto. Yo creo que a lo que se refería esa persona es que con la música se crean imágenes. Y Zoé crea imágenes. Más que una serie de palabras concretas, las letras se puede prestar para diferentes interpretaciones. Y la música pues tiene mucho ambiente. A veces, cuando estamos tocando, nos miramos, como diciendo “¿Viste eso?”. Hay una imagen detrás de la música, y cuando la ves entras en unos jardines muy bonitos.

A nivel sonoro, el Reptilectric se distancia un poco del Memo Rex. Suena más…

¡Terrenal! Memo Rex Comander y el Corazón Atómico de la Vía Láctea es, precisamente, un viaje de un personaje llamado Memo Rex por el espacio. Y el espacio es uno mismo. Las canciones son muy galácticas. Con el Reptilectric, a grandes rasgos, ya no existen esos motivos… pero te lo podría explicar mejor León (risas).

Siempre que escucho el Memo Rex, de repente por el personaje, recuerdo mucho el Yoshimi Battles The Pink Robots de The Flaming Lips. ¿Hay alguna relación?

Es casualidad. En ese caso puede haber hasta más relación con el Ziggy Stardust de Bowie. Pero sí, es un disco que está cargado de esas nostalgias de esos discos con nombres largos y personajes raros.

¿Qué hace especial a Zoé?

Yo creo que somos gente honesta, musicalmente hablando. Lo que expresa Zoé es honesto. Cuando haces las cosas así y además se da una conjugación especial de integrantes, de buenos amigos a los que les gustan las mismas cosas, pues se pueden dar buenos resultados.

Estuvieron en Rock Al Parque en el 2006 y nadie los conocía. Ahora vuelven en el momento más alto de su carrera, luego de lanzar un disco gigante y de presentarse en escenarios como el Coachella. ¿Cómo se sienten?

Recuerdo ese concierto. Imponente. Todavía hablamos de esa experiencia, pues son pocas las veces que nos ha tocado presentarnos frente a tanta gente. En esa ocasión estábamos en un país nuevo, era nuestra primera visita a Suramérica. No sabíamos qué esperar. Además, nos tocó antes del cierre, que era Manú Chao… imagínate. Sin embargo, pese a que no nos conocía casi nadie, hubo muy buena onda. Fue una excelente experiencia. Ahora estamos muy contentos y ansiosos por volver a tocar. Hay más expectativa. En estos años hemos podido cultivar un amor mutuo entre Zoé y Colombia, una conexión especial entre México y Colombia que queremos aprovechar.