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¿Cómo va la batalla entre Internet y la música en formato físico?

Le seguimos la pista a los números de una industria poco explorada.
Por
Redacción Shock

Mientras en Estados Unidos tienen cálculos hasta para saber cada cuánto alguien raja de Britney Spears, acá hasta ahora intentamos saber cómo va el negocio. ¿Qué tanta plata le metemos a la música grabada en Colombia? ¿Es verdad que Internet está matando los formatos físicos? ¿A dónde va la industria fonográfica en el país?

Por Fabián Páez López // @Davidchaka

A cualquiera se le escurren fácilmente frases como la que reza que desde la aparición de Internet el mercado de la música en formato físico empezó a tambalear, pero en realidad no es un asunto tan redondo como suena. De hecho, hablar del tema acá es entrar en un terreno tan inexplorado como la humildad de Kanye West.

Estamos bien lejos de una industria como la gringa, en donde empresas como Nielsen tienen un seguimiento casi que milimétrico hasta de las veces que la gente tiene sueños eróticos con Adam Levine o Beyoncé. Acá hasta hace unos días la Cámara de Comercio compartió los resultados del primer estudio sobre la economía de la música en Bogotá. Lo que viene siendo, sin duda, uno de los primeros pasos serios para saber, alejados de la opinión infusa, lo que realmente pasa con este mercado.

Una de las preguntas a las que más se acercó ese estudio es a saber qué tanta plata le metemos a la música grabada. Y para radiografiar el mercado hay que tener en cuenta muchas variables. Sobre todo, en dónde estamos parados frente a los otros países.  

Respecto a este tema no podemos negar que nuestro mercado está muy polloy depende de los grandes. Las disqueras majors, las que manejan los grandes números de ganancia, operan desde tres polos: Estados Unidos, Japón y Londres. Diferentes estudios macroeconómicos coinciden en que son estos países quienes comparten el control cultural global a través de la distribución de entretenimiento. No solo en música, en todo.

Así suene lindo que la globalización nos ha hecho tener un acceso relativamente igual a la industria del entretenimiento, avisos como el “this content is not available in your location” de servicios como Tidal o Vevo nos recuerdan lo contrario.  Ante eso deberíamos preguntarnos cosas como ¿qué tanto de esa nueva presencia es una intrusión cultural? O ¿cuál es el valor real de ganancias que le queda a la industria de la música local cada que un músico triunfa?  

Pero volviendo al mercado local, para aterrizar el alcance de la industria fonográfica colombiana en números contantes y sonantes tenemos que hacer nuestras propias cuentas. Los números indican que así en Internet todo esté a la mano, ya sea por hipsterismo o purismo, la gente sigue pagando por CD, vinilos, descargas y hasta USB piratas.

Eso sí, con números de ventas mucho menos abultados que hace unos años. Esto quedó claro en una búsqueda que hicimos preguntándole a varios distribuidores (almacenes la Música, Mambo Discos y a un señor pirata).

VER iNFOGRAFÍA: ¿Qué tanto estamos pagando por la música grabada?

Para hacer una comparación, en el último reporte de Nielsen Estados Unidos las únicas cifras que registran un crecimiento notorio son los porcentajes de ventas en los formatos vinilo y digital (ambos crecieron 11.5% y 14.8% respectivamente en comparación con los números de 2015).

Con el mapeo que hizo la Cámara de Comercio de Bogotá la cosa va por el mismo lado. En 2015, contra todos los pronósticos, el ingreso por ventas de CD sobrepasó los USD 1500 millones, los otros formatos sobrepasaron los USD 800 millones. Y el crecimiento del consumo a través de streaming pago o fremium fue de unos 10 millones de dólares.

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(Ver el estudio completo de la Cámara de Comercio)

La alarma con respecto a los formatos en físico, por ahora, es más producto del miedo al intruso digital. Internet todavía no ha matado nada. Incluso, ha hecho que nuestro mercado, aunque poco significativo para la gran industria, crezca.

Pero seguimos cojos en el conocimiento de varios temas. Uno de ellos es el estudio de los consumidores. No sabemos hasta qué punto los usuarios estén en condiciones de pagar por discos, ni qué tanto de sus ingresos destinan a la música grabada, o si los planes de datos que tenemos permiten utilizar los servicios de streaming. Esas siguen siendo cuentas pendientes, indispensables para saber a dónde va la música en el país.

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